Laura Sánchez ha denunciado, a través del poderoso altavoz que son las redes sociales, el mal uso que existe en torno a las plazas de aparcamiento destinadas, única y exclusivamente a personas con discapacidad o que presenten movilidad reducida -PMR-. Ella es madre de una niña que nació con una parálisis cerebral severa en el momento del parto, a pesar de que el embarazo era de bajo riesgo y la gestación fue totalmente normal. En este sentido, ha querido poner de manifiesto la problemática a la que se enfrenta cada día cuando debe dejar o recoger a Sol, su niña, en el colegio: «Será que se me ha rebosado el vaso de la paciencia pero ya esta bien», ha expuesto.
A raíz de esta frustrante situación a la que hace referencia Laura, comenta y deja bien claro lo que debería ser un secreto a voces y una normativa bien estricta, a pesar de que haya personas que la infrinjan: «Las plazas azules no son VIP para los padres y madres que llegan tarde al cole«, denuncia. Del mismo modo, apostilla que se trata de espacios y «plazas accesibles para personas con discapacidad y/o movilidad reducida que tienen acreditación». Este problema afecta enormemente a los usuarios que realmente deben hacer empleo de este espacio de aparcamiento, por lo que «un segundito» puede suponer un mundo para quienes requieran estacionar su vehículo en la plaza y ostenten la correspondiente tarjeta acreditativa.
Un derecho de las personas con discapacidad
La reivindicación de los derechos de las personas con discapacidad es una de las tareas más comunes de este colectivo. Y, precisamente, uno de esos derechos es reclamar el buen uso de las plazas de aparcamiento para personas de movilidad reducida. Por tanto, desde esta comunidad se traslada que no se trata de ningún privilegio, sino todo lo contrario; estos espacios de estacionamiento no son un capricho, sino una necesidad para el bienestar y la comodidad de quienes presenten la tarjeta de discapacidad y tengan permitido aparcar en estas plazas reservadas que, además, presentan un espacio más grande de lo habitual para favorecer el movimiento de apearse y auparse al vehículo.
En esta línea, de acuerdo con Laura Sánchez, madre de una niña con parálisis cerebral severa, las personas que no cumplen con esta normativa, además de estar expuestas a una posible sanción económica, también están aprovechándose «de los derechos de las personas con discapacidad«, inhibiendo la inclusión y accesibilidad de este colectivo en la sociedad. Del mismo modo, también es un acto de desidia y mala influencia, ya que quien cometa esta ilícita práctica estará «enseñando a tus hijos que no respetar al otro por anteponer tus necesidades está bien».
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Finalmente, Sánchez va más allá y critica a quienes usan estas plazas de personas de movilidad reducida en lugar de optar por otras opciones, aunque cueste más trabajo y sea algo más laborioso. Para ella, que vive esta situación diariamente cuando debe acudir al colegio a dejar o a recoger a Sol, su hija, esta práctica le saca de sus casillas, como es normal: «te estas riendo del resto de padres y madres decentes que aparcan en el fin del mundo por respeto» a las personas con discapacidad o que presentan movilidad reducida.
Plazas de aparcamiento PMR
Las personas usuarias de aquellas plazas de aparcamiento destinadas a la movilidad reducida o a la discapacidad son las primeras que demandan un mejor uso y un mayor control sobre estos espacios de estacionamiento. Por ello, alzan la voz para ser escuchados y que sus peticiones no queden en vano ante la facilidad con la que muchas personas infringen esta ley, que puede acarrear una sanción económica. Pero el colectivo de la discapacidad pide multas más duras, como la pérdida de puntos en el carnet de conducir: «Sólo así se pensarán si aparcar la próxima vez», comentan.
En este sentido, de acuerdo con la ordenanza que legisla esta normativa, al menos 1 de cada 40 plazas, independientemente de las destinadas a residencia o lugares de trabajo, deben reservarse a las personas con discapacidad. Así mismo, de acuerdo con los datos del Instituto Nacional de Estadística -INE-, en España ya conviven más de cuatro millones de personas con algún grado de discapacidad, por lo que se antoja indispensable regular el uso de las tarjetas y fomentar un buen empleo de estos aparcamientos.




