«Maleni nació en Triana», como decía orgullosa su madre. Es andaluza de nacimiento, pero lleva años residiendo en Vigo, junto a su hermano Antonio, su mujer y sus hijos, desde que sobrepasó la barrera de los cincuenta. Tiene síndrome de Down, pero esta condición no le ha impedido desarrollar un carácter independiente, alejado de la discapacidad y repleto de ganas de trabajar. Este sueño se ha hecho realidad a través de Lamandala, su propio micronegocio en el que esta mujer desarrolla su actividad profesional como trabajadora autónoma. Este modelo empresarial, por su parte, está centrado y orientado en las capacidades de personas con diversidad funcional.
En esta línea, desde este rincón de Galicia, Maleni crea cajas y kits de bienvenida con productos artesanos y de proximidad «para regalar, recibir huéspedes o simplemente compartir», como expone la propia página web del establecimiento. El cuidado y la fabricación de estos productos se realiza con una meticulosa preparación, superando barreras y prejuicios, y a través de las manos de una persona de 56 años y que presenta una copia del cromosoma 21, es decir, tiene síndrome de Down. Lamandala, por tanto, no deja de ser la realidad que se antojaba utópica o el sueño inimaginable convertido en material; en cualquier caso, el objetivo de esta sevillana de nacimiento pero viguesa de adopción nunca ha estado desligado de querer trabajar, ser autónoma y tener su propio negocio. «Primero hay que estudiar y luego trabajar para juntar mucho dinerito«, le decían sus padres cuando era pequeña.
«Al sueño había que ponerle nombre»
La emigración de Maleni desde el sur hasta el norte estuvo marcada por el deceso de su padre y la enfermedad de su madre. Allí, en Vigo, su hermano Antonio y toda su familia no dudaron en darle un espacio donde pudiera vivir y rehacer su vida en la medida de lo posible. Un día, cuentan, abrieron el buzón y había una carta cuyo emisor era el Servicio Público de Empleo y el destinatario, Maleni. Era una oferta de trabajo, pero exigía un requisito indispensable: saber leer. La receptora de esta misiva no cumplía esa condición, pero no tuvieron más remedio que seguir adelante e inventarse el ‘sí’ para hacer realidad el deseo laboral de esta mujer.
Desde bien pequeña, la protagonista de esta historia siempre ha mostrado un especial interés por trabajar y tener un desempeño profesional. Su discapacidad no le suponía impedimento alguno, a pesar de que la sociedad complica notablemente las cosas para este colectivo, cuya tasa de paro es muy alta, especialmente en mujeres. Es decir, su situación revestía de una complejidad extra. El apoyo de su familia y de su entorno más cercano le animaron a seguir buscando ante la eterna respuesta de ‘no das el perfil’ a la que se enfrentaba en cada entrevista de trabajo. Por fin, el 24 de septiembre de 2025, Maleni encontró su oportunidad bajo el amparo del sector autónomo en España y abrió las puertas de la que hoy es su tienda: Lamandala.

Hoy, Lamandala es «mucho más que una tienda». Es un espacio donde Maleni es feliz y desde donde celebra haber cumplido el sueño de trabajar, que se ha hecho realidad a los 56 años, tras una emigración de Sevilla a Vigo y con el apoyo fundamental de su hermano Antonio, además de estar bajo el régimen de autónomos en España.. Por tanto, hoy ya se puede gritar que Maleni trabaja en el Centro Comercial Coia de Vigo, donde prepara cada caja con calma y cuidado, adaptadas a las necesidades de sus clientes.
Un acto de libertad
El objetivo de Maleni estaba muy bien definido desde el primer momento. No ha podido encontrar ofertas de trabajo cuyo perfil se adaptase al puesto que demandaban las empresas, por lo que para «ser menos dependiente, decidió hacerse más autónoma«, indica Lamandala, establecimiento en el que ejerce su actividad profesional. La apertura de esta tienda supone un importante salto cualitativo en la vida de esta mujer, cuyo síndrome de Down le ha impedido firmar contratos de trabajo, pero no le ha arrebatado las ganas ni el entusiasmo por trabajar, por lo que la tienda que regenta en el Centro Comercial Coia de Vigo supone «un acto de libertad» para ella y para su propia vida.
Por tanto, la historia de Maleni sirve de empuje a personas en una situación similar y que todavía no hayan podido vencer la frustración o la impotencia que les genera su situación; incluso para aquellas que todavía se preguntan cosas que no tienen argumentos para ser respondidas. En definitiva, Lamandala es un negocio que, a pesar de que todavía no ha logrado ser financieramente estable -está en proceso- por la escasez de tiempo que lleva abierto, sí que ha permitido crear conciencia sobre la discapacidad, sensibilizar a la población y, especialmente, demostrar que se pueden romper barreras y prejuicios.




