Una tarde en la playa con sus amigos finalizó de la peor manera posible. Ese último chapuzón que acabó en una lesión medular para el resto de la vida de Alejandro Manrique, un joven que vive en Santander. «Cuando ya pensé que el agua me cubría lo suficiente para sumergirme, me dejé caer hacia delante«, expone; en ese momento, «mi cabeza golpeó contra la arena«, provocando una grave lesión. Era portero en un equipo de fútbol de su tierra, con una prometedora carrera por delante; sin embargo, su sueño se vio frustrado por la rotura de la cervical C5.
El impacto fue tan fuerte que dejó a Alejandro «consciente, pero inmóvil debajo del agua» y sin posibilidad e darse la vuelta para rogar auxilio y ayuda a sus amigos, por lo que empezó a tragar mucha agua. Llegó a pensar que «todo se estaba acabando». Manrique recuerda el momento en el que le sacaron a la orilla después de pasar un tiempo boca bajo en el mar y dedujo que «algo no iba bien» porque su cuerpo no respondía. Además, también explica que se trataba de una playa poco accesible, por lo que tuvo que ser rescatado en helicóptero, y «menos mal que llegaron a tiempo, porque mi cuerpo estaba dejando de funcionar«. Su cerebro no podía pasar información porque se había «seccionado la médula». Su vida ya no iba a ser la misma de siempre nunca más.
La palabra resiliencia
Las personas con discapacidad, si algo les caracteriza, es la capacidad para hacer frente a la situación que les ha tocado vivir. A pesar de los momentos de debilidad, frustración e impotencia, siempre encuentran la manera de mantenerse rectos y con la mirada valiente para sortear todos los obstáculos que la vida les ponga por delante. Alejandro Manrique es un ejemplo de resiliencia debido a la lesión medular que presenta cuando iba a pasar un día de playa con sus amigos; de hecho, el accidente se produjo cuando iban a darse el último baño antes de retirarse.
Él se define a sí mismo como «muy prudente», pero la vida no entiende de comportamientos, edades ni actitudes. A Manrique le ha puesto a batallar con «una tetraplejia que evita que pueda caminar a día de hoy«, explica en sus redes sociales, donde se encarga de divulgar y de mostrar cómo es la convivencia diaria con una lesión medular. Precisamente, como consecuencia de esta lesión, este joven cántabro desarrolló problemas respiratorios mientras estaba ingresado en la Unidad de Cuidados Intensivos, por lo que fue derivado al Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo, un lugar donde son expertos en este tema y donde la vida puede volver a empezar bajo el manto de la esperanza.

«La vida cambia en un segundo. Todos hemos escuchado esta frase alguna vez, pero nunca nos paramos a pensarlo», indica Alejandro. Aquella lesión medular le cambió la vida a él, por supuesto, pero también a todo su circulo cercano. Ha tenido que aprender a vivir en una silla de ruedas, trabaja para ser lo más independiente posible e intenta ganar fuerza muscular suficiente para desplazarse a la cama y al sofá desde la silla. Hoy, también ofrece conferencias y charlas para concienciar sobre la lesión medular y evitar casos como el suyo en personas tan jóvenes.
Hacer cosas que no iba a hacer
Desde el momento de su lesión medular, Manrique ya sabía y podía augurar que iba a haber muchísimas cosas que antes hacía que, desde entonces, ya no iba a poder hacer. Esta idea, por obvia que fuese, se evidenció cuando recibió el diagnóstico de lesión medular. Ya no es sólo el ámbito deportivo, donde defendía la portería del Velarde CF, un equipo de fútbol de Santander, ni siquiera correr por la calle ni entrenar en su academia de porteros; simplemente ponerse en posición de bipedestación o bajar unas escaleras. Pero también ha logrado «mil coas que supuestamente no iba a poder hacer».
Ver esta publicación en Instagram
En esta línea, una de estas cosas es caminar con biturones, que son ortesis que protegen y estabilizan el miembro inferior durante la marcha. «Me dijeron que nunca podría andar con bitutores porque mi lesión estaba en C5 y era muy alta«, explica Manrique. Él no hizo caso, se centró en el esfuerzo y lo ha logrado. gracias a las sesiones de fisioterapia y rehabilitación, pero también a su tesón, a sus ganas de demostrar y a su capacidad para no caer rendido en la tentación de la debilidad.




