Lucía Navarro es una niña de apenas once años de edad que vive en Cantabria, en el norte de España. Cuando era todavía más joven, soplando las velas por sexta vez, la vida le regaló el nacimiento de su hermano pequeño y «todo parecía perfecto«. Se hicieron unas fotos para inmortalizar aquel bonito momento familiar; sin embargo, poco después, aparecieron los primeros síntomas que desencadenarían un fatídico desenlace que privaría a ‘SuperLu‘ de volver a andar, pero no de seguir caminando hacia delante a causa de una lesión medular completa, que le ha arrebatado movilidad de pecho hacia abajo.
La primera sintomatología consistía en un cuadro febril aparentemente normal, pero que vino acompañado de una inhibición en la movilidad de las piernas, que «dejaron de responderme», expone. De repente, Lucía cayó dormida en un coma profundo que le mantuvo en vilo durante más de tres semanas, un tiempo en el que su familia se temía el peor final y los facultativos «nunca dieron esperanza» para que pudiera salir adelante; incluso, le instaron a que se deberían despedir de su hija. Sin embargo, sin explicación científica pero sí milagrosa, Lucía despertó, aunque sin poder mover los ojos «ni de izquierda a derecha», tampoco se podía comunicar, pero sí era capaz de escuchar y entender todo lo que se le decía. Poco a poco fue consiguiéndolo, hasta que volvió a decir su primera palabra.
Una historia «de fuerza y amor»
Con el paso de los días en aquel Hospital, el cuerpo de Lucía Navarro iba mejorando y dando síntomas de recuperación, aunque pasó cuatro meses «muy difíciles» en la Unidad de Cuidados Intensivos -UCI-, «luchando por vivir y por seguir aquí«, indica en una de sus publicaciones en redes sociales. Finalmente, logró salir del centro sanitario para volver a bailar, a pintar y a hacer deporte, aunque sería de una forma diferente a la que estaba acostumbrada antes de una fecha que tiene marcada en rojo en el calendario, pero también en su mente: 27 de octubre de 2020.
El cuerpo de esta pequeña ‘guerrera‘ había tenido una «reacción autoinmune» y se había «equivocado» al luchar contra ella misma; no obstante, los médicos nunca supieron tildar esta enfermedad ni trasladar a la familia qué fue exactamente lo que sucedió, aunque, eso sí, en un primer momento la balanza se decantó por una tronco encefalomielitis herpética. «Tras muchas pruebas genéticas, me dijeron que fue mala suerte«, lamenta Lucía, con la madurez impropia de una niña de su edad, pero con la valentía y la fuerza de voluntad que la vida le ha otorgado, aunque haya sido de una manera demasiado precoz.
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Desde entonces, Lucía se ha convertido en ‘SuperLu’, una niña que presenta una lesión medular completa que le obliga a hacer uso de la silla de ruedas para desplazarse ante la ausencia de movilidad en sus piernas: «De pecho hacia abajo, ni siento ni muevo nada«, explica. El principio de este proceso, desde el momento del diagnóstico, es un período complejo y «muy difícil» que hay que aceptar y digerir; esta joven paciente pasó otros cuatro meses en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo. También ha sufrido roturas de huesos, osteoporosis, escoliosis, operaciones, ingresos e incluso varios modelos diferentes de sillas de ruedas, así como la necesidad de adaptar una casa en Cantabria, donde reside. Todo ello sin perder la sonrisa, la esperanza y las ganas de vivir para salir adelante.
Potenciar sus capacidades
Lucía Navarro forma parte del colectivo de la discapacidad, aunque haya sido de una manera precoz. Pero, más bien, forma parte de la comunidad de la capacidad, porque no hay barrera o prejuicio que se le presuponga que no derribe o, al menos, lo intente. Tal y como ella lo expone en la cuenta de redes sociales, que gestiona su familia al ser ella menor de edad, ha aprendido a «potenciar mis capacidades y a vivir más intensamente»; de hecho, estima que lo hace más que otras personas que no presentan ningún tipo de discapacidad: «No quiero volver a escuchar a mi alrededor la palabra ‘pobrecita'», subraya.
De este modo, Lucía trata de demostrar a cualquier persona, con o sin discapacidad, que la vida está para vivirla y ser feliz y que, por supuesto, nadie está a salvo de la discapacidad: «Yo soy muy feliz, pero veo a mi alrededor personas que, por diferentes motivos, están hoy algo más tristes», indica ‘SuperLu‘, como se le conoce desde que apenas tenía cinco años de edad, momento en el que sufrió una lesión medular que le obligaría a estar en una silla de ruedas el resto de su vida, aunque ella se afana en mantenerse erguida y en bipedestación, confiada en la aparición de alguna solución que pueda aliviar los efectos de su lesión.




