La historia de Albert Llovera impacta. Desde su narrativa hasta los motivos que le han ido acompañando mientras quemaba todas las etapas de su vida, marcada por una discapacidad desde que era muy joven. Llovera pasó de ser una promesa del esquí alpino, con una participación en los Juegos Olímpicos de Invierno de Sarajevo en 1984, con solo 17 años, a sufrir un grave accidente que lo dejó en silla de ruedas. Sin embargo, en lugar de rendirse, decidió redirigir su vida hacia el automovilismo, convirtiéndose en uno de los pocos pilotos parapléjicos que compiten en rallies internacionales. Es un testimonio marcado por la superación personal y adaptación al cambio, además de tener tintes de pasión y perseverancia.
En este sentido, compitiendo en la Copa de Europa de esquí alpino de la misma ciudad, un juez de pista se cruzó en su trayectoria, chocando violentamente con el diagnóstico de rotura de las vértebras dorsales, como se indica en su propio biografía. Desde ese momento en adelante, la vida le acompañaría en una silla de ruedas por la grave lesión que acababa de sufrir. Así mismo, durante estos años, Albert ha aprendido a convivir con la falta de movilidad en sus piernas y ha demostrado que «en su afán de superación puede batir cualquier obstáculo por grande que sea». Un auténtico campeón dentro y fuera de la pista y del automóvil, sacando a relucir los verdaderos valores del deporte.
Del esquí al alpino al automovilismo
Albert Llovera tenía un más que prometedor futuro de éxito en la modalidad de esquí alpino, pero un accidente «plagado de errores» acabaría de forma fulminante con esta posibilidad. Era 15 de marzo de 1985. La descricpión del aquel accidente es demoledora: «Albert toma la salida en la prueba de slalom gigante, en un día muy nublado, con una espesa niebla en las pistas. Tras un descenso impecable, encara la recta final en una posición de «huevo», totalmente concentrado cuando un juez suizo de enorme corpulencia cruza irresponsablemente la pista en el instante que bajaba Albert. El descomunal impacto fue a 105 km/h. Su casco protector estalló en el impacto», relata en su propia página web. El diagnóstico reveló rotura de las vértebras dorsales, lo que le obligaría a ser una persona parapléjica y usuaria de silla de ruedas; el juez sufrió una rotura de cadera.

Tras un despertar en hospitales, Albert, «viendo que su vida tomaba tintes grises, decidió dar un vuelco y rebelarse con su propio destino, tomando la decisión de competir dentro del difícil mundo del automovilismo«, en el que competía contra rivales sin discapacidad, como sí era su caso. Él mismo lo explica: «Siempre he querido competir contra gente sin ningún tipo de movilidad reducida porque nunca me he sentido discapacitado, una palabra horrible que debería desaparecer. He luchado contra los mejores, aunque me hayan vencido». Su carrera deportiva en esta modalidad acababa de comenzar.
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En este sentido, desde entonces, Albert Llovera ha querido compartir su vida y su historia a través de su autobiografía ‘No Limits‘, una descripción inspiradora donde narra su lucha por rehacerse y triunfar en el mundo del automovilismo adaptado. En este sentido, a través de su historia, el propio Llovera transmite un poderoso mensaje de superación, mostrando cómo la pasión, la perseverancia y una actitud positiva pueden romper cualquier barrera física o mental, convirtiéndose en un ejemplo de que, con determinación, no existen límites reales para alcanzar los sueños. El niño que un día triunfó en el esquí alpino, hoy es un referente del automovilismo con una paraplejia debido a un grave accidente.
Fuerza de voluntad
La trayectoria de Llovera está marcada en rojo por un concepto: fuerza de voluntad. Él mismo lo define: «La fuerza física me da la posibilidad de luchar por algo, pero es mi fuerza de voluntad la que me hace llegar a la meta«. Tampoco hay que olvidar el carácter de superación permanente para convivir con la discapacidad y seguir peleando cada día para querer ser siempre mejor; de hecho, su destacable espíritu de lucha y superación le ha conducido a ser el único piloto en el mundo con una movilidad reducida que, conduciendo «única y exclusivamente con las manos, ha subido al podio como ganador junto a pilotos sin ningún tipo de minusvalía», detalla en su espacio web. Es un ejemplo de inspiración y esperanza para cualquier persona, más allá del deporte.

Su carrera no ha pasado desapercibida: Albert Llovera ha sido el primer embajador de UNICEF en el mundo en silla de ruedas, un honor que, a día de hoy, ya comparte con Tanni Grey-Thompson, atleta paralímpica, Chaeli Mycroft, activista sudafricana y la española Teresa Perales, atleta paralímpica e historia del deporte. Del mismo modo, también se ha alzado como un referente en materia de accesibilidad e inclusión en la práctica deportiva para personas con discapacidad, demostrando que con trabajo, valentía y «fuerza de voluntad«, los objetivos siempre estarán un poco más de cerca para lograrlos. Albert hace cosas que el resto de los mortales no sabemos hacer. Quizá los discapacitados somos nosotros, citan desde el documental ‘Las alas del Fénix’. Será verdad.




