«Me llamo Alejandro, tengo parálisis cerebral y soy sordo. Pero nada me frena». Con esta declaración de intenciones inicia este joven una publicación en su perfil de redes sociales, un espacio que ha dedicado a divulgar la discapacidad y a concienciar sobre la necesidad y la importancia de trabajar en la inclusión de las personas que componen este colectivo. Vive en Madrid, acompañado de Dona, su mascota, que también es su perrita de entrenamiento y de asistencia, haciendo gala de la independencia y autonomía personal que ha logrado alcanzar a través de la permanente superación personal, a pesar de las trabas que se ha encontrado en el camino.
Alejandro Estrada es de esas personas a las que «la discapacidad no me frena«, una condición que, en él, está caracterizada por la parálisis cerebral y la sordera; del mismo modo, ha encontrado en las redes sociales un universo donde compartir con su comunidad de seguidores -y cualquier usuario que navegue por la red- historias de inclusión, amor y diversidad, acercando el colectivo de la discapacidad a diferentes áreas de la sociedad y tratando su orientación sexual, una realidad que «cuando se lo conté a mi familia pensaban que estaba hecho un lío, pero finalmente me entendieron y ahora me apoyan totalmente«, declara este joven a la Confederación Aspace.
Inspirar y cambiar miradas
La vida de Alejandro Estrada no es de las que son especialmente sencillas, pero él sí ha demostrado saber llevarla de una manera admirable. Nació con una parálisis cerebral y discapacidad auditiva, lo que le ha obligado a enfrentarse al mundo real con pundonor y a sabiendas de que iba a tener que dar lo mejor de sí para obviar todo tipo de barreras y situaciones que evidencian la inaccesibilidad de determinados espacios. Lo ha hecho y, ahora, se encarga de mostrar la manera en la que lo ha logrado, sirviendo de inspiración para otras personas en una situación similar a la suya. No obstante, su trayectoria trasciende más allá de la discapacidad y se convierte en un mensaje de vida, lleno de sentido y personalidad.
Este joven, con residencia en Madrid, también afirma pertenecer al colectivo LGTBI+, una condición que le ha hecho sentirse excluido, aunque no tanto como sí lo ha hecho su discapacidad. Así mismo, desde la Confederación Aspace estiman que «todavía hoy en día muchas personas con discapacidad son consideradas dentro del movimiento LGTBI como ‘asexuadas'», y esta «discriminación interseccional» hace que impacte directamente en su desarrollo propio personal y que finalmente opten por la denominada ‘armarización’. También, Estrada, habla del momento en el que le comunicó a su familia que «salía del armario», una situación compleja pero, con el tiempo, encajaron sin problema alguno; así, «actitudes como la infantilización o la sobreprotección condicionan la capacidad de decisión de las personas con parálisis cerebral y provocan que estas estén menos empoderadas», relata la entidad.
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A lo largo de su experiencia personal y profesional, Alejandro Estrada ha sido víctima de situaciones de discriminación, en las que se ha sentido plenamente excluido, algo que no ha dudado en exponer porque se define como una persona «muy directa«. Precisamente, este tipo de desagradables momentos están hilados con sus relaciones sentimentales, que no han llegado a buen puerto porque la otra persona no estaba dispuesta a adaptarse a sus situaciones de apoyo. Por ello, para mitigar el impacto de la exclusión, Estrada ha creado una asociación llamada DIVERSICAP, «que trabajará a favor de la inclusión, accesibilidad y diversidad de todas las personas, con el objetivo de luchar por la inclusión y desterrar el rechazo», indica ASPACE.
La vida inclusiva, una realidad
La experiencia de Alejandro Estrada le ha permitido viajar por diferentes espacios, situaciones y entornos para poder augurar una rotunda afirmación: «La vida inclusiva es real«, a pesar de que todavía falte mucho camino por recorrer para que las personas con discapacidad se sientan respaldadas por la sociedad actual. Ese, precisamente, es una de las líneas de trabajo en las que se centra este joven, que incluye en su hoja de ruta la defensa de la diversidad y del colectivo LGTBI+, al que pertenece. También fomenta la supresión de barreras, estigmas y etiquetas respecto a la parálisis cerebral, tratando de eliminar infantilismos y la sobreprotección a las que están sometidos quienes la presentan. La idea es normalizar la discapacidad en todas sus áreas, también dentro del movimiento LGTBI+.
«La sociedad todavía no está preparada para las personas que tenemos algún tipo de discapacidad«, lamenta Estrada, quien también aboga porque, en la mayoría de casos, se trata de un problema relacionado con la educación y con el desconocimiento. No obstante, él se siente agradecido por el apaoyo y las facilidades que su familia siempre le ha brindado: «Recuerdo que me contó mi madre que los médicos nos dijeron que yo no iba a caminar nunca y que tampoco podría hablar. La verdad es que estoy muy orgulloso de tener un padre y una madre que han trabajado tanto por mí y estoy muy agradecido«, concluye este joven, anhelado de que, algún día, la inclusión sea un concepto totalmente inmerso en la sociedad actual.




