A la hora pactada y tras solventar unos pequeños inconvenientes ‘clásicos´ del riguroso directo, Tododisca se cita con una de las voces más autorizadas del colectivo de la discapacidad en España. El protagonista de este reportaje tiene su lugar de residencia en Santiago de Compostela -Galicia-, aunque anuncia que compagina su ciudad natal con visitas a Madrid por temas de trabajo. Precisamente, a nivel profesional se define como «administrativo», cuya etapa laboral comenzó en 1997, cuando se incorporó al Departamento de Administración de COGAMI –Confederación Gallega de Personas con Discapacidad– ;tres años más tarde, asumió la dirección del Departamento de Formación y Empleo de la misma entidad. También desvela que lleva más de treinta años en el movimiento asociativo de las personas con discapacidad física y orgánica, iniciando su trayectoria al formar parte de la asociación Ámbar de la comarca de Barbanza, en La Coruña.
Tener la oportunidad de mantener una charla con Anxo Queiruga Vila es ser testigo de una importante, admirable e imponente lección sobre el concepto de discapacidad, su significado y su comprensión desde el prisma de una persona que comenzó a lidiar con ella en una edad excesivamente precoz y de una manera sobrevenida: «Es la vida, que a veces te pone unos inconvenientes que vas a poder sortear y otros que son insalvables«, lamenta Anxo al mirar con perspectiva su trayectoria personal, marcada por un terrible accidente cuando apenas tenía nueve años de edad. Juan y María Dolores, padres de aquel niño que hoy ya es una referencia para las más de cuatro millones de personas que alegan tener algún tipo de discapacidad en España, según datos del INE, tuvieron que afrontar el suceso con la voluntad de querer salir siempre hacia adelante, rodeando al joven paciente de un entorno adecuado.

Así mismo, actualmente, Anxo Queiruga ostenta un importante papel dentro del colectivo de la discapacidad, del que comenzó a formar parte desde que era un niño de nueve años y con una vida repleta de sueños por cumplir. Es presidente de COCEMFE -Confederación Española de Personas con Discapacidad Física y Orgánica-, de su Fundación y de COGAMI; vicepresidente de CERMI Estatal, CERMI Galicia, la Red Iberoamericana de Entidades de Personas con Discapacidad Física y de Fundación ONCE; miembro del Consejo del Real Patronato sobre Discapacidad, el Consejo Nacional de Discapacidad, el Consejo Estatal de ONG, la junta directiva de AMBAR y la Comisión de Accesibilidad y Supresión de Barreras de la Comunidad Autónoma Gallega; y Consejero regional de BBVA, entre otras responsabilidades a su cargo. Una vida dedicada a reivindicar los derechos de las personas con discapacidad para fomentar la inclusión, la accesibilidad y la dignidad de quienes un día creyeron haberla perdido. O eso les han hecho creer a través de barreras y entornos no inclusivos.
«La mayor preocupación de mis padres era que yo fuera una persona autónoma e independiente; han luchado para que yo pudiera estudiar y me formase, que es lo que marcó mi trayectoria».
Aquel niño de nueve años
Era 30 de marzo de 1982. Martes. Santiago de Compostela. Un niño de nueve años se agacha para llegar a poder atarse correctamente los cordones de sus zapatos «en la orilla de la calzada». El 24 de julio soplaría las velas por décima vez , sin saber la sorpresa que la vida le tenía preparada en escasos minutos. El menor todavía mantiene un nítido recuerdo de aquel impacto: «De repente, un conductor que venía bebido en su coche se salió fuera del asfalto y me pilló». El diagnóstico confirmó la gravedad que ya se podía augurar: lesión medular y la amputación de la pierna izquierda para poder salvar la vida. Así mismo, «después de toda esa fase aguda y del periplo hospitalario», que se desarrolló en la capital gallega y posteriormente en el Hospital de Nuestra Señora de Covadonga de Oviedo -Principado de Asturias-, que contaba con un área de lesionados medulares, comenzó el arduo proceso de rehabilitación de ese menor de nueve años que había sido atropellado por un conductor en estado de embriaguez. Aquel niño era Anxo Queiruga Vila, el protagonista de esta historia.
Qué sería de Anxo si se hubiera atado los cordones en la acera contraria. Un minuto más tarde. O si el responsable del suceso hubiese actuado de forma adecuada y no temeraria. Ya nadie lo puede saber. El paso del tiempo, el entorno y su propia manera de ver las cosas le permiten echar la vista atrás y aceptar lo que ocurrió aquella tarde; del mismo modo, la vida le ha vuelto a golpear fuerte con el deceso de su hermano, diez mayor que él, como consecuencia de una larga enfermedad y con quien tenía una relación que trascendía los lazos familiares: «Aún estamos en ese proceso de duelo; siempre estuvimos muy unidos. La vida es así de cruel y hay que seguir«, lamenta el actual presidente de COCEMFE. Rememorando el siniestro, pone en valor los cinco años que pudo disfrutar junto a su padre, que falleció siendo muy joven -apenas 53 años- debido a otra grave patología. Anxo tenía quince ‘primaveras‘ y la vida ya le había enseñado la peor cara posible antes de su mayoría legal, adquiriendo una fortaleza y una madurez impropia para un niño de esa edad a base de golpes muy difíciles de digerir.

Con una lesión medular y sin su extremidad inferior izquierda, indica que los pensamientos de su padre siempre fueron orientados a recabar todos los esfuerzos para que Anxo pudiese volver a andar: «Eso no va a poder ser«, le trasladaba él; María Dolores tenía otro carácter, «una mujer más dura». Tras finalizar la etapa académica de EGB, Anxo se marcha a Salamanca para ingresar en el centro de Recuperación de Personas con Discapacidad Física y completar sus estudios en el Instituto de Formación Profesional Superior de Fontiñas y en el Instituto San Clemente. Allí comienza a trabajar la joyería, «con la idea de ser autónomo y poder montar mi propio taller» y «me quito el carnet de conducir en el último año por un problema de espalda -escoliosis- que me tienen que operar». Una vez recuperado de esa intervención de escoliosis, Anxo comenzó sus estudios de «contabilidad y gestión administrativa» en el Instituto de Formación Profesional Superior, que fue el preámbulo de su entrada a la Confederación Gallega de Personas con Discapacidad donde Domingo Dosil, presidente de la entidad, le invita a acompañarle en su candidatura bajo el papel de vicepresidente. El resto de la vida de Anxo Queiruga será una trayectoria dedicada por y para la discapacidad en todas sus vertientes.
«Tenía nueve años y de repente, un conductor que venía bebido en su coche se salió fuera del asfalto y me pilló. Me provocó una lesión medular y me amputaron también una pierna a raíz del accidente».
Sara y Candela
Corría el año 1992, que fue un gran periodo para España, que acogió la Exposición Universal -Expo- de Sevilla y celebró los Juegos Olímpicos de Barcelona. Pero también un gran año para Anxo, que conoció a Sara durante su periodo de formación en Santiago de Compostela. En el año 2005 contrajo matrimonio «y juntos hasta el día de hoy«, revela el protagonista ante Tododisca. Más tarde, en el año 2013 «tuvimos el regalo y la suerte de tener a nuestra hija Candela«, que ya ha cumplido los doce años. La propia Sara, desde que conoció a su marido, «se ha convertido en un apoyo fundamental para todo el trascurso de mi vida: para seguir estudiando y para tomar las decisiones que fui tomando». Fue y es un «apoyo incondicional y una auténtica suerte que nos hubiéramos conocido y que nuestros caminos se juntaran», detalla Anxo. En definitiva, su mujer se ha erguido como un apoyo abismal para una persona con lesión medular y con la pierna izquierda ausente. ‘Si está para ti, está para ti‘, reza un popular dicho: Anxo y Sara estaban destinados a estar mutua y recíprocamente.
La realidad de Anxo Queiruga la ha tenido que ir moldeando y madurando con el paso del tiempo: «De niño, la silla de ruedas es un juguete, pero cuando llegas a la adolescencia la historia no es la misma: hay un gran desconocimiento de cual es la situación de las personas con discapacidad«, critica el presidente de COCEMFE. Sin embargo, él tilda que tuvo la suerte «de ir a un colegio ordinario, con el apoyo de mis padres, que también me facilitó mi inclusión y mi normalización con el resto de niños». En este sentido se muestra gratamente agradecido a esa «red familiar muy amplia» de la que estaba rodeado, ya que su madre eran diez hermanos; su padre, cinco, lo que derivó en que pudiera asentarse como «una persona más» en actividades de ocio: «Eso fue la base importante de aquellos años«. No se sintió solo, excluido ni marginado; una situación que sí viven algunas personas con discapacidad, motivo por el que gente como Anxo trabaja para paliar estos efectos.

Precisamente, el propio Queiruga tilda como «imprescindible» el entorno familiar de las personas con discapacidad para esquivar barreras, tener cimientos que soporten la carga de la incertidumbre y un ambiente en el que poder mostrarse vulnerable ante las evidencias de la realidad. En su propia historia ha estado bien rodeado y su familia siempre ha visto esta situación «desde el prisma de los derechos y escapando del existencialismo«, fomentando la independencia y autonomía de aquel adolescente que emigró de su tierra en el mes de septiembre de 1987, camino de Salamanca en busca de un futuro. Su madre le acompañó en el coche, sabiendo el deductible amargor de la despedida, pero consciente de que iba a ser un importante paso adelante en la vida de su hijo: «Es lo que toca y debemos de ser fuertes«, pensaron bidireccionalmente Anxo y María Dolores. Allí aprendió a desenvolverse y a actuar con total autonomía. Del mismo modo, recordando la importancia del contexto familiar, Anxo se siente feliz por todo el apoyo que le han brindado, con especial énfasis en Candela, su hija, y en su sobrina, que es su ahijada, que han vivido «desde bebé» la discapacidad de su padre y padrino: «Facilita mucho que los niños normalicen la situación y te vean como una persona más«, define Anxo.
«Sara se ha convertido en un apoyo fundamental para todo el trascurso de mi vida; más tarde, tuvimos el regalo y la suerte de tener a nuestra hija Candela. Facilita mucho que los niños normalicen la discapacidad y te vean como una persona más».
Valorar la capacidad
«Yo creo más en las capacidades: todo el mundo tiene, según qué habilidades, más virtudes para unas cosas y menos para otras. Igual ocurre con las personas con discapacidad«. Rotunda afirmación verídica de Anxo Queiruga Vila. Por tanto, en lo relativo a la discapacidad, «uno necesita mayor o menos intensidad de apoyos; lo que tiene que tener la persona con discapacidad son los apoyos necesarios para poder tomar las riendas de su vida«, manifiesta el presidente de COCEMFE. En definitiva, alza la voz para «potenciar las capacidades que cada uno de nosotros tenemos para desenvolvernos y desempeñarnos de la mejor manera posible». Ni más ni menos que nadie. Desde su propia perspectiva, Anxo asevera haber tenido «una vida plena» gracias a lo bien rodeado que se ha sentido siempre y a su propia capacidad para entender, aceptar y adaptarse a la realidad que le cambió la vida por completo cuando apenas era un niño de nueve años. De la misma manera, el joven que salió de su casa para labrarse un futuro fue «rompiendo estereotipos» sin huir de las relaciones sociales por miedo al ‘qué dirán’, sino que venció a ese temor interno desde el primer instante para demostrar que «podemos hacer muchas más cosas de las que se pueden imaginar». Ese, tal vez, sea el primer paso para la inclusión: valorar a las personas con discapacidad por su capacidad y no por su condición.
En esta línea, en consecuencia con el término de inclusión, siempre aparece otro concepto que, juntos, establecen un binomio de difícil relación: la sociedad. Bajo el prisma de Anxo Queiruga, voz autorizada en esta temática, «todavía queda mucho por recorrer para ser una sociedad inclusiva». Así, «si hacemos un análisis, un porcentaje altísimo de la sociedad española vive de espaldas a cual es la situación de las personas con discapacidad«, aunque «sería de necios reconocer los avances en los últimos treinta años», aunque muchas de las reivindicaciones del decálogo que esta comunidad solicitaba hace tanto tiempo «siguen en vigor». Anxo cita como ejemplo la accesibilidad universal: «Sí a día de hoy seguimos hablando de accesibilidad quiere decir algo no se ha hecho bien porque son medidas que no van en contra de nadie ni perjudican a nadie, sino que es un beneficio para toda la sociedad en su conjunto». Así mismo, una sociedad tan -aparentemente- avanzada como la actual «no se puede permitir prescindir de la capacidad y del conocimiento que tenemos casi cinco millones de personas» con discapacidad en España.

Por tanto, las «barreras de todo tipo» que continúan activas son las culpables de la falta de normalización y de la inclusión real en la sociedad, estima Anxo. España es un país «muy avanzado en normativas respecto a la discapacidad pero no es tan avanzada en poner los recursos necesarios para que estas medidas lleguen a buen puerto y se acabe con todo tipo de discriminación», denuncia Queiruga. Como prueba de esta realidad cita el tema de la accesibilidad, de la que «si una persona con movilidad reducida no dispone de su propio medio de transporte está totalmente ilimitada», convirtiendo acciones cotidianas en auténticas utopías. Finalmente, el protagonista de este reportaje concluye que «no estamos aquí para quejarnos ni lamentarnos, porque sí que hemos avanzado, pero no perdamos la perspectiva de la fragilidad que tiene el colectivo de la discapacidad; tenemos que seguir cohesionados y unidos peleando por la igualdad de oportunidades real y efectiva.». Charlar con Anxo Queiruga, presidente de COCEMFE, es ser testigo de una importante, admirable e imponente lección sobre el concepto de discapacidad, su significado y su comprensión desde el prisma de un niño que comenzó a lidiar con ella desde los nueve años y se hizo adulto reivindicando los derechos y la dignidad de un colectivo que roza la barrera de las cinco millones de personas.
«Las personas con discapacidad necesitan los apoyos necesarios para poder tomar las riendas de su vida de forma autónoma, por lo que yo creo más en las capacidades. Tenemos que seguir cohesionados y unidos, peleando por una igualdad de oportunidades real y efectiva».




