Un «museo para ver y tocar«. Así se define desde la Fundación ONCE las características de su Museo Tiflológico, cuya fundación data del año 1992 y se ha perfilado como uno de los espacios culturales «más accesibles del mundo» y un espacio en el que poder compartir experiencias y vivencias para todos los colectivos, presenten o no una discapacidad visual.
En esta línea, este museo pretende ser una experiencia de «inclusión, igualdad y acceso a la cultura» para personas con discapacidad visual, pero también para personas sin discapacidad o ceguera. Por ello, el objetivo que definen desde la Fundación ONCE es ofrecer a los visitantes «una forma diferente de disfrutar de nuestras colecciones y arte, haciendo uso de más sentidos que la vista«.
De este modo, la puesta en escena de este Museo Tiflológico se sustenta en «facilitar el acceso a la cultura a las personas con discapacidad visual, promocionar a artistas ciegos o con baja visión afiliados a la ONCE. Y desde ahora, también, los más pequeños podrán disfrutar de una sala especial en este espacio en la que, gracias a la colaboración de Mattel, podrán verse reflejados, haciendo del juego un lugar más inclusivo.
El mundo del juego, más inclusivo
Los niños son pura inocencia, curiosidad y conocimiento, Más del que podemos imaginar. Por ello es importante integrarlos en materia de inclusión y sensibilidad sobre la discapacidad desde bien temprano, con el objetivo de que, a medida que vayan creciendo, sus actitudes vayan encaminadas a comportamientos inclusivos, accesibles y respetuosos con quienes presentan condiciones diferentes.
En este sentido, el museo Tiflológico de la ONCE ha inaugurado una nueva sala, en colaboración con Mattel, donde estos pequeños con ceguera o baja visión pueden divertirse con juguetes accesibles, con texturas, contrastes, y elementos fáciles de reconocer al tacto.
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Es una medida destacable para fomentar la inclusión en el juego, de modo que los menores con discapacidad visual también se sientan un activo importante dentro de la sociedad. La entrada, además de ser gratuita para todos los públicos, permite tocar todo tipo de objetos «sin que te llamen la atención», algo inusual en los museos.
«Jugar también es incluir, y cuando todos podemos hacerlo, el mundo es un poquito mejor«, expone Silvie Rumi, una joven modelo con retinosis pigmentaria, un tipo de discapacidad visual, a través de sus redes sociales. Todos somos culpables y responsables de que las personas con discapacidad formen parte del conjunto de la sociedad, empezando por los más pequeños.
Representar realidades diversas
Mattel, la empresa dedicada a la fabricación y distribución de juguetes, lleva ya un tiempo promulgando los valores de la inclusión, la accesibilidad y la sensibilización sobre «diferentes realidades» entre los más pequeños, «ampliando el universo Barbie con muñecas que representan realidades muy diversas: Barbie con silla de ruedas, con prótesis, con vitíligo, con discapacidad auditiva», indica Silvie Rumi.
Este detalle llena de identidad miles de hogares donde viven estos niños, que ahora «pueden verse reflejados en lo que juegan» y sentirse parte del juego. A esas edades tempranas, el fomentar valores tan significativos como los que acercan la discapacidad a la sociedad es una parte fundamental.

De hecho, gracias a Mattel, se demuestra que «la accesibilidad importa, incluso en los juguetes» y que los niños se puedan ver reflejados en los juguetes, además de ser un detalle precioso, es algo que «cambia vidas». No es una cosa menor. Sin duda, este museo es una experiencia ‘obligatoria’ para cualquier persona, se tenga o no discapacidad.




