‘Ojos que no ven, corazón que no siente‘, reza el famoso dicho popular. Pero también existe otro refrán similar que manifiesta ‘la excepción que confirma la regla‘. La figura de Sandra Dajnowski bien se podría amoldar a ambas oraciones: es arquitecta ciega que invita a «vivir nuestras pasiones siendo fiel a nuestra esencia».
Su personalidad es «pujante y positiva» además de ser alguien con un carácter «inquieto». Esa definición que hace de ella misma puede haya sido la fórmula secreta para sobreponerse a un golpe tan complicado en su vida como fue la pérdida de visión hace poco más de diez años.
De ascendencia lituana, Sandra rinde homenaje a sus antepasados rozando el metro noventa de altura. A pesar de la discapacidad visual que presenta, que es completa, confirma que «siento que siendo ciega veo más que cierta gente que, de tan acelerada y enajenada, se enceguece«. Hoy, continúa su trabajo como arquitecta, sacando una capacidad extraordinaria superior a cualquier patología.
Sandra Dajnowski, una arquitecta ciega
«Yo pensaba en lo que a mí me apasionaba de la arquitectura», desvela Sandra durante una de sus charlas y conferencias, que se han perfilado como una vía importante de sensibilización y reconocimiento a la discapacidad visual y un homenaje a su propia experiencia como arquitecta ciega.
Lo que a esta protagonista le gustaba del mundo de la arquitectura no es algo tangible, pero sí sensorial: «Me gustaban los colores, las formas, ir a la obra y recorrerla, ver las texturas». En definitiva, aclara, «ver cómo la idea de uno se materializa en una obra que, en realidad, primero la tuvo todo en la cabeza«. Ella, con la pérdida de la visión, creyó que no iba a poder desempeñar más estas acciones.
Sin embargo, un día pensó: «Si tienes ganas, la ceguera es un detalle«. Aprendió a usar el resto de sentidos para ubicarse a través del olfato, el oído o el tacto material, lo que le «devuelve una información muy valiosa» para su propio trabajo. Ese pequeño – gran «detalle» de ser una persona invidente no le ha frenado en su profesionalidad y ha descubierto formas de trabajar que incluso «asombran a la gente que sí ve».
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Por tanto, este ejercicio de superación y, esencialmente, de adaptación para explotar otras virtudes y sentidos de Sandra le ha permitido exponer la siguiente afirmación : «Yo elijo los ojos con los que quiero ver el mundo«. Sólo una persona como ella y con un carácter como el suyo podría sacar tanto partido y jugo a ser ciega.
Por tanto, queda latente que personalidad fuerte, con carácter, sensatez y mucho sentido del humor, le dieron un empujón para encarar la segunda parte de su vida plena de actividades, recoge la revista ‘Clarín’. Sandra Dajnowski es una mujer y ejemplo de adaptación a la vida, sin frustraciones ni lamentos; sólo trabajo y positividad.
La inclusión «no se enuncia»
Desde que Sandra perdiese la visión aquella tarde de septiembre de 2013, que no su trabajo como arquitecta, y comenzase a formar parte de la discapacidad, ha orientado su camino a ofrecer diversas charlas y conferencias a empresas y organizaciones sobre su historia y superación.
Pero también a crear sensibilidad y conciencia sobre la inclusión, promoviendo una mayor aplicación práctica y el fomento de medidas reales. Su diagnóstico de desprendimiento de retina le llevó rápidamente a preocuparse de lleno por hijo Nicolás, adoptado, y que por aquel entonces era un niño de diez años de edad.
Esta sociedad que «está medio rota«, cree Dajnowski que podría mejorar si la tasa de desempleo de personas con discapacidad disminuyese, lo que implica una mayor contratación de estas personas, mayor reconocimiento de la condición de discapacidad y, por ende, una normalización de este tipo de situaciones.

De hecho, uno de los aspectos claves que abarca esta arquitecta ciega en sus reuniones con empresas y entidades es la inclusión laboral: «El problema no es la ceguera ni la discapacidad, es la sociedad«, estima. De este modo, relata y defiende que «la inclusión no se enuncia, se actúa»
Igualmente, las redes sociales le han servido de altavoz para reclamar la discapacidad y sus correspondientes consecuencias: «Desde mi lugar, puedo sortear algunas barreras y derribar mitos«, narra a ‘Clarín’, que es lo que quiere conseguir en personas que contactan con ella y su historia.




