Su nombre es Lucia Viacava Buller. Recuérdenlo, porque es una promesa del ballet pese a su juventud, en plena adolescencia. Esta pequeña comenzó su pasión por el baile desde los cuatro años de edad, una afición que se ha ido extendiendo con el paso del tiempo hasta convertirse en una semi profesional, pese a que ella lo hace por mero disfrute.
Además, la historia de Lucía merece todavía más la pena cuando ella misma confirma que tiene una parálisis cerebral como consecuencia de un accidente en el momento de su nacimiento. Esta discapacidad, no obstante, no le ha frenado en su empuje de asistir a clases de baile y de tener una actitud positiva, dejando atrás los posibles prejuicios propios de su edad.
Por tanto, cada vez que Lucía sube a un escenario para hacer gala de su innato talento y magistrales movimientos, también está fomentando una actitud que ejemplifica y personaliza la inclusión de las personas con discapacidad en este arte. También otorga visibilidad y reconocimiento a la discapacidad. Pero, por encima, está normalizando las capacidades de este colectivo.
Entre sueños y realidades
Apoyada en la barra de manera que tiene en su habitación, Lucía Viacava entrena cada día antes de asistir a sus clases de ballet. O como previa de sus sesiones que le ayuden a seguir mejorando sobre su parálisis cerebral, con el objetivo de ser funcional por ella misma y una persona plenamente independiente. Está en el camino.
En este sentido, las sesiones de baile a las que suele acudir la pequeña Lucía están enmarcadas en lo que se conoce como ‘El ballet de MariCarmen‘, una iniciativa solidaria puesta en marcha por la experimentada bailarina Maricarmen Silva, quien formó parte del Ballet Nacional del Perú, de acuerdo con ElPaís.
Bajo el lema ‘No importa quién eres, ni de dónde vienes, todos somos iguales‘, esta veterana bailarina ha ido más allá del baile y se ha convertido en una especie de refugio para los más pequeños y desfavorecidos de su región. Ella lo pudo vivir con sus propios ojos y le bastó para recabar la información suficiente para expandir la siguiente teoría
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Según recoge ‘ElPaís‘, Silva narra que «me di cuenta de que yo podía enseñar ballet, pero que muchas de las niñas no tenían cómo conseguir un traje para practicarlo, y que además tenían otras necesidades». Lucía es una de las niñas a las que MariCarmen le traslada su sabiduría en este arte, dejando un hueco entre los sueños y las realidades, donde aparece la autenticidad.
La parálisis cerebral siempre ha condicionado la vida de Lucía. Pero no por ella, ni su vida, sino por la actitud y comportamientos del resto de personas. De hecho, su madre indica que «una profesora le dijo que, si no podía ponerse en pie, no podía bailar». MariCarmen, sin embargo, le esperó con los brazos abiertos.
Una invitación a «luchar duro»
El proceso de gestación fue sin mayores inconvenientes; la fecha de parto, prevista. Todo iba según lo previsto. Pero, a la hora de nacer, una complicación derivó una parálisis cerebral en Lucía que le va a acompañar durante el resto de su vida. Sin embargo, ella es soñadora innata, apoyada por su familia: «Si puedes soñarlo, puedes hacerlo«.
En este sentido, desde los cuatro años de edad, Lucía Viacaba comenzó a sentir esa pasión despierta dentro de sí por el ballet, una modalidad de baile clásico que requiere movimientos milimétricos y precisos, acompañados de una ágil flexibilidad. Ella baila y disfruta; el resto se limita a disfrutar y a sonreír con ella. Pero ha luchado muy duro para vencerse así misma.
Finalmente, Lucía sí tiene claro una idea que una vez alguien le trasladó y que se le ha quedado grabado en su mente: «No sólo se baila con los pies; se baila con el corazón«. Esta pequeña lo aplica en cada paso para trascender más allá del arte y dejarse llevar por unos sueños que ahora ya son realidades.




