Miriam siempre ha estado muy ligada al deporte desde que era pequeña, Sus padres le han inculcado estos valores y así los ha desarrollado ella que, posteriormente, y a base de tesón y pasión por este estilo de vida, se subió al escalafón más alto a los que puede aspirar un deportista: el pódium de unos Juegos Olímpicos.
En el caso de Martínez serían los Juegos Paralímpicos de Tokio en 2021, debido a que presenta un setenta y cuatro por discapacidad sobrevenida. Tenía 27 años y su cuerpo comenzó a dar síntomas de que algo no funcionaba bien, a pesar de que no le dio la suficiente importancia durante las primeras manifestaciones de la enfermedad que, posteriormente, pondría su vida del revés.
Lo que comenzó con un hormigueo en el lado izquierdo del cuerpo se irradió hacia la boca; de ahí, a la pierna y, finalmente, derivó en una pérdida de sensibilidad que ya hizo saltar todas las alarmas. Miriam llegó al hospital bajo su propia conducción, a pesar de que no recuerda nada del trayecto. Allí, tras varias pruebas, recibió un temible diagnóstico: Esclerosis Múltiple.
Aceptar que la vida duele y decidir vivirla
La admirable historia de Miriam Martínez es una señal inequívoca de lo importante que es vivir cada momento sin mirar en el más allá. Se define a sí misma como una «apasionada del deporte, de llevar a cabo todo lo que me proponga y de la vida». También es deportista paralímpica, creadora de contenido sobre deporte y se encarga de visibilizar la discapacidad en este ámbito.
Lo hace a través de la Esclerosis Múltiple que padece, una enfermedad autoinmune que afecta al cerebro y a la médula espinal -sistema nervioso central- y a sus células. De este modo, Martínez comparte un contenido específico para conectar «con una comunidad comprometida con la salud mental, la autenticidad y la creatividad«, indica.
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En el año 2018, cuando Miriam tenía 27 ‘primaveras‘ y durante su periodo de vacaciones, le diagnosticaron aquella patología autoinmune: «Aceptar lo que me estaba ocurriendo era lo más difícil«, relata esta deportista. Permaneció un largo periodo en la Unidad de Cuidados Intensivos hasta que decidió trasladarse a Alicante, su provincia natal -es natural de Ibi-, para estar más cerca de los suyos.
«A cada paso que daba, tropezaba con barreras: el sistema médico, burocracia, y diagnósticos que ponían en duda mi salud mental», expone con firmeza Miriam. A pesar de todas esas trabas, «decidí que, aunque fuera el camino más difícil, iba a luchar por mi vida«. La suya es una historia de aceptar que la vida duele. Y aun así decidir vivirla.
Librar una batalla silenciosa
El deporte, no obstante, se tornó en el mejor refugio para Miriam Martínez, que empezó a competir y a ganar medallas. De hecho, es subcampeona de los Juegos Paralímpicos de Tokio y campeona del mundo y de Europa. Una carta de presentación que no está nada mal porque «el verdadero límite es el miedo«, insiste Miriam.
Sin embargo, detrás de estos triunfos y trofeos, «mi cuerpo seguía luchando una batalla silenciosa«, expone Miriam. Por ello, ante esa compleja realidad, Martínez tuvo que hacer ‘click‘ y entender que tenía que perder el control para que la vida no le controlase: «Dejé de luchar contra mí misma y comencé a abrazar mi realidad«.
Aquella modificación en la manera de afrontar la enfermedad fue el detonante de una nueva vida; el punto y seguido que tanto ansiaba esta deportista con Esclerosis Múltiple: «Entendí que no era solo mi historia, sino la de miles de personas que, como yo, enfrentan enfermedades, accidentes o discapacidades«, concluye.




