Pau es una mujer de treinta y cuatro años. Lleva desde los dieciséis siendo paciente de dolor crónico. Todo comenzó con una serie de inflamaciones intestinales; posteriormente, cuando era una joven de veinticuatro años, le diagnosticaron sacroilitis; a día de hoy, presenta un cuadro de espondiloartritis, tratada con un reumatólogo.
Esta carta de presentación es un resumen de la vida de Pau, que lleva más de la mitad de su experiencia vital bajo los efectos del dolor. Y así seguirá siendo. De hecho, su deseo para este año que apenas acaba de comenzar no es otro que «el dolor no marque el ritmo», a la vez que revela que «existe cierta intimidad en aparentar que todo está bien cuando por dentro tienes dolor». Esa es su realidad.
Igualmente, Pau hace uso de las redes sociales para tratar de concienciar cómo es ser paciente de dolor crónico, de forma que visibiliza esta situación para que personas en una situación similar puedan sentirse identificados y, especialmente, saber que no están solos en esta batalla a contrarreloj.
Carácter inconformista
Pau opositó, hizo méritos para lograr su plaza y la consiguió. Nadie le ha regalado nada. Sin embargo, en aquella etapa de estudio, esta joven recuerda que se decía a sí misma ‘Madre mía, qué tarde voy en la vida‘. No era cuestión de aquellos días de ‘hincar codos‘, porque la sensación no se apaciguó. Así lo expresa a través de su blog, que le gusta hacerlo «cuando nadie me ve«.
De carácter inconformista, Pau «siempre quiero más y más y más». Está sometida a una compleja sensación de dolor permanente y crónico como causa de una inflamación intestinal, una sacroilitis y, posteriormente, un diagnóstico de espondiloartritis. Y comenzó siendo una niña de dieciséis años.
«Me siento disconforme constantemente, como si siempre me quedara corta, como si no pudiera alcanzar más de lo que alcanzo». Pau se siente «frustrada«. Y, cuando consigue o alcanza un objetivo, lo celebra; pero, del mismo modo, se le olvida. También le pasa con los aspectos negativos: «Parece ser que es porque el cerebro elimina lo negativo para que tu sigas viviendo con normalidad«, declara.
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Este tipo de pensamientos le conducen a pensar que «el ser humano es un mamón«. Sin miramientos. «Siempre estamos intentando mejorar aquello que ya, de por sí, está bien», insiste Pau. Sin embargo, en esta línea, esta joven también es una figura a la que admirar debido a su perseverancia y compromiso para no dejarse arrastrar por la corriente del dolor y querer tener «miles de ganas de vivir«.
Ella misma afirma que si algo ha aprendido de su situación de dolor crónico es que «cada caída me enseñó a levantarme más fuerte«. Sin ir más lejos, esta Navidad ha pasado un tiempo en «pleno brote» debido a la enfermedad autoinmune que padece; no obstante, también ha sacado fuerzas y tiempo para trasladar su sentir y seguir visibilizando a quienes viven una realidad similar a la de Pau.
Aprender a poner límites
Como paciente de dolor crónico, Pau ha querido lanzar una reflexión a través de sus redes sociales. En este pensamiento interno, ha desarrollado una idea que se antoja de vital importancia, tanto para ella como para cualquier persona, esté o no sujeto a una realidad similar o presente alguna discapacidad.
Pau indica que ha «aprendido a poner límites» y a entender cuando tiene que descansar. También ha adquirido la experiencia suficiente para aprender a «cuidarme como cuidarías a una persona a la que quieres mucho«. Y esta reflexión llega después de haber puesto «mi cuerpo al límite» y no de «haberme priorizado en muchas ocasiones», revela.
También menciona una importante característica que rodea su situación: «Es una enfermedad invisible; si no dices que te duele, la gente no va a notar», lamenta. Finalmente, Pau declara que quienes, como ella, tienen en una situación de dolor crónico «viven en una tristeza constante porque no entendemos porque esto nos pasa a nosotros».
Esta realidad deriva en sentimientos de «frustración» y «culpabilidad«, Po ello, Pau insiste en la necesidad de poner límites y priorizarse a uno mismo en la medida de lo posible, acompañado, siempre, de lo que ella tilda de «entorno estable«.




