Con diez años de edad, Alejandra Méndez fue diagnosticada de escoliosis. Se sometió a diferentes cirugías para tratar de solventar aquel problema y poder llevar una vida lo más normalizada posible; sin embargo, años más tarde, su columna «se volvió a desviar» y volvió a pasar por quirófano. Esta vez, el resultado iba a ser con peor pronóstico: una lesión medular.
Desde entonces, su vida ha sido una experiencia, paradójicamente, muy gratificante y ligada a una encomiable actitud: ha desarrollado impresionantes habilidades para adaptarse a la discapacidad y ha sacado fuerzas de donde ni ella misma sabía que las tenía. De hecho, Méndez narra cómo le dijo a sus padres que iba a salir hacia delante. Y lo consiguió.
«Yo controlo mi cuerpo, vamos a trabajar como el equipo que somos. Vamos a buscar sacar algo bueno de todo esto«. Ese era el pensamiento que Alejandra trasladaba a su familia en uno de los peores momentos de su vida, marcado por la discapacidad en forma de lesión medular. Ahora, aquella joven hoy ya es madre.
Una madre con lesión medular
La lesión medular invitó -exigió- a Alejandra a vivir con una discapacidad que no le permitía poder caminar, motivo por que hace uso de una silla de ruedas. Sin embargo, esa ‘tragedia’ repentina, sin que nadie pudiese esperarla, convirtió la vida de Méndez en una oportunidad para enseñar qué hay después de sufrir una discapacidad.
Ella lo ha aprovechado y no ha escatimado esfuerzos ni deseos incumplidos. Alejandra Méndez es madre de de dos niñas y está casada con Jorge, su esposo, desde el 14 de septiembre de 2016. Además, todos esos logros los ha conseguido a pesar de la poca empatía y del carácter amargo de quienes creían que no iba a poder vivir y disfrutar pese a la lesión medular.
«Son muchas las personas que creen que una mujer en silla de ruedas no va a poder ser mamá«, reconoce Alejandra. Pero ella fue capaz de revertir la situación y demostrar que sí se puede, tanto a nivel personal como mensaje de aliento a personas en una situación similar, sujetos a una discapacidad física.
Ver esta publicación en Instagram
Incluso, Méndez desvela que, desde hace un tiempo, se sigue esforzando para andar de forma independiente: «Ahora ya camino con unas ortesis hasta la rodilla, camino con muletas y estoy intentando dejar una ortesis porque mi pierna derecha ya empieza a funcionar«.
A ella «solo me dieron que no«: que no podría volver a caminar, que no podría volver a ser la misma persona de siempre y que no formaría una familia. Ha roto todo tipo de prejuicios y barreras para que ese ‘no’ se convierta en un rotundo sí, abriendo el camino para descubrir que la vida sigue después de una discapacidad si te rodeas de las personas adecuadas.
La vida después de la discapacidad
Alejandra Méndez ha abierto la veda para ser una referente de la discapacidad: lo ha hecho desde la sensibilidad que requiere la situación y desde la normalidad que exige la situación. Por ello, uno de los aspectos que más divulga es el de la inclusión de esta comunidad de personas, que es vulnerable ante determinados contextos.
De hecho, a sus hijas, indica, las ha educado en un mundo donde «normalizar las discapacidad» es imprescindible, con el objetivo de «hacerlas conscientes de que las personas que las padecen no son diferentes a ellas«. Ella mejor que nadie sabe que la «la estabilidad emocional de muchos que tenemos discapacidad adquirida está en juego».

Por ello, para aportar su particular ‘granito de arena‘ en este sentido, Alejandra ha querido iniciar un proyecto compartido bajo el nombre de ‘Ama Sin Límites‘, que se trata de un gimnasio adaptado «para que las personas con discapacidad tengan la oportunidad de seguir desarrollando sus habilidades físicas».
Como la propia Alejandra indica, «este espacio fue creado para brindarles la oportunidad de ejercitarse no solo a nivel físico, también a nivel mental, al ser un lugar seguro e inclusivo, con áreas y aparatos adecuados». La discapacidad y la inclusión deberían ser términos amigos y cercanos, no lejanos y enemigos.




