Sandra Crespo es una psicóloga especializada en Trastorno de Espectro Autista -TEA- que acompaña a familias y profesionales desde la empatía, el conocimiento y el respeto. En esta línea, mediante sus redes sociales, donde divulga y conciencia el autismo, ha hecho referencia a cómo es -o debería ser- una escuela inclusiva real.
Desde su papel como profesional de la psicología, Crespo indica que «cada persona tiene su propia manera de aprender, comunicarse y vivir». Por tanto, su trabajo se enfoca en compartir «recursos, formación y apoyo pensados para adaptarse a cada individualidad» de cada usuario y paciente.
Igualmente, Sandra también hace referencia y mención especial al concepto de inclusión, un término muy ligado a la discapacidad y que debería darse por sentado en cualquier contexto, aunque no siempre es así. Ella habla de las escuelas inclusivas, defendiendo que la propia inclusión es «dar a cada persona lo que necesita para poder estar de verdad«.
La inclusión real en las escuelas
A través de redes sociales, Sandra Crespo ha compartido una ‘Guía de Detección de Inclusión Escolar‘, en la que expone las ventajas de ser un centro inclusivo y comportamientos que parecen serlo pero que, finalmente, a la hora de la verdad, no cumplen con ese rol.
Así, en primer lugar, Sandra indica el reparto de apoyos, que no siempre deben ser equitativos, sino que dependen de las «necesidades» de cada alumno: «¿No tendría más sentido que quien más lo necesita reciba más apoyos?«, se pregunta esta psicóloga y experta en autismo.
Del mismo modo tilda la rampa para las personas en silla de ruedas, una medida que «está genial», pero no hay que olvidar «los apoyos de educación en el aula, las adaptaciones sensoriales o las adaptaciones visuales». También la «adaptación real de las clases», insiste sobre qué es la inclusión escolar.
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Así mismo, Crespo detalla que «hay niños que por su condición no pueden participar en ciertos espacios«, entre los que enumera un comedor lleno de ruido, una función de teatro masiva o una excursión sin apoyos. Por ello, los centros que no cumplan estos argumentos no podrán hablar de inclusión, sino de «exclusión con buena conciencia«.
A pesar de que la inclusión sea un término que todos creamos conocer, la realidad es que siempre hay aspectos que se pueden mejorar, incluso aquellos que ya están trabajados. Las personas con discapacidad nos necesitan, porque «la igualdad mal entendida» no es inclusión. Y profesionales como Sandra Crespo lo explican.
Dar a cada persona lo que necesita
«Durante años nos han dicho que incluir es meter a todos en la misma aula, con las mismas normas», revela Sandra; sin embargo, también aclara que «eso no es inclusión, es igualdad mal entendida«. Por tanto, ella, como profesional, es voz autorizada para exponer que inclusión es «dar a cada persona lo que necesita».
En esta línea, en las ocasiones en las que «un cole dice ‘no podemos atender a todos‘, en realidad está diciendo: ‘solo caben los que no nos hacen cambiar'», detalla dentro de su ‘Guía de Detección de Inclusión Escolar‘. Esta iniciativa, por tanto, evidencia aspectos y puntos que los centros deben mejorar en su misión de ser inclusivos.
En definitiva, las escuelas deben trabajar en medidas inclusivas que fomenten la participación activa de todos los alumnos, especialmente de aquellos que necesitan más adaptaciones. Porque eso sería la inclusión: otorgar a cada persona las adaptaciones y herramientas que necesita para poder brillar.




