Los sueños están para cumplirlos. Al menos, para intentar hacerlos realidad. Lázaro es un niño de 18 años que ha tenido que batallar contra una vida que se empezó a torcer cuando era un bebé de seis meses, momento en el que le diagnosticaron un tumor cerebral y del que, como consecuencia, perdió la visión.
Aquel «glioma en el quiasma óptico«, como lo explica perfectamente su madre, Vanina, fue el motivo por el que el pequeño Lázaro se tuvo que someter a una «cirugía importante» y a un periodo de quimioterapia que superó el año y medio. Más tarde, a los 10 años de edad, la enfermedad volvería a manifestarse.
La pérdida de visión, inesperada, de este joven ha supuesto un verdadero desafío en Lázaro, pero también en toda su familia, que ha tenido que adaptar el entorno para el bienestar de aquel pequeño, que nació sin mayores complicaciones, pero que muy pronto debería a empezar a lidiar con la discapacidad para soñar en grande.
Perder la visión como consecuencia de un cáncer
La cicatriz que Lázaro tiene en su área frontal de la cabeza es sensible a la vista y evidencia el resultado de aquella operación, que se antojaba fundamental para extirpar el tumor cerebral y permitirle seguir con vida, a pesar de su corta edad. Una de esas injusticias que no tienen explicación, sino lamento y frustración.
Esta familia, no obstante, se muestra enormemente agradecida al Hospital que atendió las necesidades de su hijo, en especial a todos los médicos y profesionales que osaron meter a Lázaro en quirófano: «Lo resolvieron de tal forma que hoy Lázaro está con nosotros«, indica su madre.
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Sin embargo, la cicatriz de la operación no es la única secuela que este joven presenta como consecuencia de ese tumor cerebral; Lázaro también perdió la visión, siendo un bebé, debido a esta maldita enfermedad. Desde entonces ha vivido siempre a merced de los demás, hasta que ha sido capaz de ganar cierta autonomía.
Acompañado de su inseparable bastón, ahora el joven Lázaro, con la mayoría de edad recién cumplida, afirma que sueña con ser locutor de radio y trabajar en este medio de comunicación: «Ese es mi objetivo, que he aprendido mientras he estado en el Hospital«, detalla este paciente.
Agradecimiento y esperanza
Lázaro y su familia son otras de las ‘víctimas’ del cáncer infantil, una enfermedad que afecta a miles de niños y adolescentes y que, por tanto, tiene repercusión en su unidad de convivencia. Es la palabra que nadie quiere escuchar, muchos menos padecer, pero que no entiende de edades ni de perfiles.
No obstante, tras varias intensas sesiones de quimioterapia –la última duró hasta 85 semanas-, Lázaro demuestra un notable agradecimiento ante los profesionales sanitarios y ante la vida, que le ha dado una segunda oportunidad de vivir, a pesar de las secuelas que le hicieron perder la visión siendo un bebé.
También hace una oda a la esperanza, estimando que «hoy seguimos de pie» y caminando siempre hacia delante. En este sentido, desde el Hospital de Pediatría Garrahan, centro donde se ha tratado este pequeño, indican que «gracias al diagnóstico temprano y al cuidado integral, hoy la tasa de supervivencia es del 80%, una cifra al nivel de los mejores centros del mundo», respecto al tumor en niños.
Gracias a este centro sanitario, Lázaro puede seguir aspirando y soñando con tener delante de él un micrófono en el que narrar ante la audiencia las noticias más destacadas del día y la rigurosa actualidad mediática en un estudio de radio. Ojalá se haga realidad esa utopía, que cada vez está más cerca de dejar de serlo.




