La historia de Sabrina Murillo es una de esas que eriza la piel de cualquier lector. En el verano de 2018, en una rutinaria salida con su familia, un accidente de tráfico le hizo caer en los brazos de la discapacidad, quedando paralizada de cintura para abajo, y le obligó a despedirse para siempre de algunos se sus seres más queridos.
Su diagnóstico era penoso. Los médicos que le atendieron con la máxima rapidez que pudieron no eran nada alentadores respecto al futuro que le podían augurar a aquella joven de 20 años y de apellido Murillo: «Decían que podría quedar en estado vegetativo«, reconoce Sabrina.
No obstante, esta hoy mujer y conferenciante con discapacidad recuerda que «superé las expectativas y terminé graduándome de una doble licenciatura de Administración de Empresas y Comunicación». Así, como resultado de su formación, ha trabajado en el sector corporativo, hasta comprender que «mi misión de vida iba mucho más allá«.
Vivir con discapacidad para valorar el presente
Con 20 años, Sabrina Murillo quedó en un estado de tetraplejia para el resto de su vida. Un accidente de tráfico le obligaría a vivir en una silla de ruedas y a estar a merced de la discapacidad, además de ver cómo algunos miembros de su familia se esfumaban para siempre como consecuencia de ese siniestro.
Por tanto, tras esa tragedia sin paliativos, Murillo ha querido hacer un ejercicio de conciencia para confesar que «la verdadera felicidad y libertad viene de un estado que muchos ven como ‘normal'», indica, haciendo referencia y recordando la importancia que tiene vivir el ‘día a día’ y valorar cada pequeño gesto de amor con tu familia.
Ella, por ejemplo, indica que «si pudiera volver a caminar solo por un día, haría cosas ridículamente simples» como «caminar descalza por mi casa, subir una escalera sin pensarlo, bailar en la cocina o mojarme en la lluvia». Son gestos y acciones que parecen sencillos y sin importancia, pero tienen un valor incalculable.
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Ese tipo de cosas que antes «no eran nada, un día dejaron de estar«, lamenta Sabrina. También le gustaría bailar hasta que le doliesen los pies y poder hacerse una foto con su familia sin estar ella en silla de ruedas; o, igualmente, salir de su propia casa sin pensar en exceso sobre qué barreras o complicaciones deberá superar.
Desde que Sabrina Murillo vive con discapacidad, sus pensamientos rondan la importancia de vivir el presente: «Lo cotidiano es un milagro, pero solo se nota cuando falta«, insiste esta mujer, que hoy ha decidido dedicar su vida a ser conferencista motivacional, invitando a no dar nada por sentado en esta vida.
Convertir el desafío en aprendizaje
Sabrina Murillo es una mujer con discapacidad, sí, pero esa condición no le define ni le encuadra en ningún sentido; lo que verdaderamente le encasilla «no son mis desafíos, sino mi capacidad de convertirlos en oportunidades de crecimiento y aprendizaje«, manifiesta.
Por ello decidió orientar su vida en e sentido de la comunicación, un área que le permitía trasladar su testimonio sobre su experiencia de vida a personas que viven «en piloto automático». De hecho, insiste, este tipo de individuos «viven con falta de sentido de vida y motivación«, algo que ha podido contrastar.
Murillo ofrece una serie de pautas para agarrar la vida y mirarla cara a cara, evitando la rendición y fomentando la adaptación ante la adversidad. También insiste en aprender a crear confianza y divulga que «la clave siempre será la disciplina«, lo que, posteriormente, servirá para cumplir y celebrar las metas que se logren.
Como superviviente a un trágico accidente de tráfico que le instó a formar parte de la comunidad de personas con discapacidad, sin posibilidad de caminar, y del que perdió a varios miembros de su familia, Sabrina desvela y confirma que «la adversidad puede convertirse en nuestro mayor motor de transformación«.




