Las plazas de aparcamiento para Personas de Movilidad Reducida –PMR– no son un capricho. No son un privilegio. Tampoco, si quiera, son un beneficio. Son una necesidad y un derecho de quienes presentan una discapacidad, recogido legislativamente.
Por tanto, cuanto más se hable y se sensibilice sobre este tema, más conciencia social existirá alrededor de la eterna problemática que supone estacionar en estas plazas PMR por parte de quienes no son personas autorizadas; o, por otro lado, erradicar el uso irregular de las tarjetas de aparcamiento.
En esta ocasión, mediante el impresionante altavoz de las redes sociales, Jose Galeano, un conocido y popular creador de contenido, ha querido poner en evidencia la realidad de las plazas PMR a la que se enfrentan las personas con discapacidad para poder cumplir su propio derecho.
El problema de las plazas PMR
Ese ‘momentito’ que se suele poner como excusa por parte de quienes estacionan irregularmente en las plazas de aparcamiento PMR sin tarjeta que acredite su discapacidad, por tanto, puede suponer un verdadero oasis para los verdaderos destinatarios de esos espacios. No todo vale. Ni siquiera ‘un momentito’.
«Tampoco es para ponerse así«, interpreta Jose Galeano en la publicación que ha emitido en sus redes sociales sobre estas plazas PMR, en la que él mismo hace el papel de ciudadano que aparca irregularmente en este espacio, mientras un vehículo autorizado, con tarjeta y conducido por una persona con discapacidad debe esperar.
De nuevo, ese ‘momentito‘ vuelve a escena en este perfecto guion que ejemplifica la triste realidad de estas plazas PMR: «Sí, que es un momento, pero para mi significa toda la mañana. Entiéndelo», indica la protagonista con discapacidad, con un comentario que bien podría narrar cualquier usuario en esta circunstancia.
Ver esta publicación en Instagram
La respuesta de quienes cometen esta infracción también suele responder a un mismo patrón: «Hay que ser desproporcionado; ni que fuera para tanto«, exponen en el vídeo. La radiografía de la escena es perfecta, simulando el comportamiento de unos y de otros en una cruda realidad que hace perder valores a la sociedad.
Y es que no hay nada como vivir la discapacidad en primera persona para empezar a valorar las cosas, los gestos y los detalles; también la realidad del día a día, de lo cotidiano; y, especialmente, para darle el lugar que merece ese ‘momentito’ que parece tan inocente, pero es un verdadero enemigo de las plazas PMR.
Nadie está exento de la comprensión
La discapacidad no entiende de perfiles, de edades ni de tiempos. Aparece y ya no hay vuelta atrás. Puede ser por una temeridad, infortunio o congénita. Pero es una realidad que invita a ‘bailar’ la vida de una manera diferente, ni mejor ni peor, defendiendo lo que pertenece en cada momento y evitando ser vulnerable.
Así mismo, nadie está exento nunca de la discapacidad porque no hay ningún documento en el que se pueda firmar no presentarla nunca. Entonces, del mismo modo, nadie está nunca a salvo de necesitar comprensión, como ocurre y se denuncia con el uso irregular de las plazas de aparcamiento PMR.
Para llegar a comprender la posición de quienes tienen movilidad reducida se debe hacer un ejercicio de empatía y de traslado hacia el otro lado de la historia, es decir, cambiar de perspectiva. Porque la comprensión es universal; el respeto, la empatía y el cuidado entre nosotros, también.




