«Soy sordo, pero las voces de mi cabeza no se callan«. Esa es la carta de presentación de Alberto, un joven que presenta una discapacidad auditiva de nacimiento y que se ha convertido en un fiel divulgador de esta condición, reclamando más medidas y sensibilizando a la sociedad.
De hecho, mediante las redes sociales, este joven lanza poderosos mensajes que integran el humor con la realidad, que en ocasiones parece que pasa desapercibida entre los ciudadanos e, incluso, las administraciones, que son otro foco de los lamentos de Alberto, especialmente en materia de audífonos.
Una de las líneas de trabajo de Alberto es cómo debe ser la relación y el trato con las personas que presentan discapacidad auditiva: «Somos una caja de sorpresas», bromea. Así mismo, ha querido compartir una serie de consejos imprescindibles para el bienestar de este colectivo y actuar de manera adecuada en ese contexto social.
Tres cosas que no debes hacer a una persona sorda
Tras una vida viviendo con discapacidad auditiva, Alberto ya conoce e incluso puede adelantarse al comportamiento de determinadas personas cuando se quieren referir a él; en realidad, esta actitud es extensible al amplio colectivo de la diversidad, tanto física, sensorial u orgánica.
Por este motivo ha querido compartir y explicar en redes sociales una serie de comentarios y de actitudes que se manifiestan a la hora de entablar conversación o relación social con quienes tienen una discapacidad auditiva o, directamente, son personas sordas: «Con estos ajustes lo arreglamos», escribe Alberto.
En primer lugar, descarta completamente el hecho de emitir palabras como si de un niño pequeño se tratase: «Hablarme como un bebé no ayuda«. Esta medida es habitual respecto a quienes integran la comunidad de la discapacidad, por lo que es un lamento y una queja permanente.
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Alberto, como persona sorda, también quiere evitar que se dirijan usando un ritmo muy lento en las frases: «Modo Seguridad Social», bromea, porque «si me hablas así de lento, me duermo«. Es una realidad que la ha vivido en primera persona, por lo que aconseja no ser el emisor de ese lenguaje.
Finalmente, como tercer consejo, este influencer con discapacidad auditiva anima a «repetir con paciencia» aquellas palabras u oraciones que las personas sordas no han podido comprender en primera instancia: «Con que nos hables bien, claro y despacio es suficiente para que no nos sintamos incómodos«, concluye.
Audífonos y discapacidad auditiva
Alberto nació con un problema auditivo denominado hipoacusia bilateral profunda, una discapacidad que le obliga a hacer uso de accesorios para poder escuchar y comprender las conversaciones; en definitiva, para ser y sentirse parte activa de la sociedad y ocupar el lugar que le corresponde.
Sin embargo, se enfrenta a un grave inconveniente: «Cada 5 años, mis padres piden un préstamo al banco para comprar mis audífonos». Y, como él, millones de personas en España: «No contamos con ningún tipo de ayuda pública para acceder a audífonos sanitarios de calidad», lamenta Alberto.
Este joven detalla su procedencia, que es de «una familia humilde que se ha dejado la piel para pagar mis audífonos y su mantenimiento». De este modo, revela que «hasta los 16 años tuve la suerte de recibir una subvención» que, unido «al enorme esfuerzo de toda mi familia, me permitió estudiar, trabajar y sentirme seguro».
Sin embargo, critica que en un país en el que se presume de Sanidad Pública, estos accesorios alcanzan un precio de 5.000 euros«, una cantidad inasumible para muchas personas con discapacidad auditiva. Ahora, que defiende y divulga los derechos de la Comunidad sorda, Alberto revela que «el 70% de las personas que necesitan audífonos en España no están utilizándolos».




