«Imagínate que mañana te levantas y no vuelves a ver«. Esa es la reflexión a la que Cristian Civico, un joven creador de contenido con discapacidad visual invita a pensar. Seguramente, habría reacciones y respuestas de todo tipo a esa pregunta, pero lo cierto es que es el día a día en la vida de este influencer.
A través de su perfil de redes sociales, Cristian comparte todo tipo de contenido sobre su discapacidad visual, marcada, principalmente, por la ausencia de su ojo izquierdo, que lo sustituye una prótesis. No obstante, ese ‘accesorio’ no le devuelve la visión: «No veo nada de nada», explica.
En el hipotético caso de que mañana despertases y no pudieses ver, «seguramente te asustarías porque no volverías a verte en el espejo, ni ver a tu familia, ni a tus amigos», recalca Cristian. Esa es su vida, pudiendo aprovechar la vista por un único órgano visual pero disfrutando la vida con todos los sentidos.
Cristian, un joven con discapacidad visual
Perder el sentido de la vista es tener impedido el maravilloso ejercicio de observar la vida. Valorar pequeños detalles que sólo se aprecian si se pueden visualizar. No poder poner colores a los cielos ni a los paisajes que yacen delante de nosotros. Esa es, en parte, la rutina de Cristian, un joven al que le falta un ojo «y hablo un poco de ello».
En este sentido, lejos de las lamentaciones, Cristian lanza un importante mensaje: «Mucha gente no aprecia lo que es levantarse con dos ojos con los que poder ver, no aprecian ni un simple y bonito paisaje». Vivimos a marchas forzadas y a una velocidad que no nos permite -o no encontramos la manera- de parar y agradecer.
Su discapacidad visual congénita, es decir, desde nacimiento, sí le ha robado la capacidad y la sensibilidad de ver por su ojo izquierdo, un órgano que ahora lo sustituye por una prótesis, pero no le impide ser agradecido con la vida que tiene: «Doy gracias de poder ver con mi ojo derecho, porque tuve la suerte de nacer con un ojo«.
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Y recalca esa fortuna: «Si, tuve suerte de nacer con un ojo«. Como él mismo detalla, «muchísimas personas no ven nada desde que ven la luz por primera vez» hasta que fallecen, por lo que han pasado por la vida sin poder saber de qué tonalidad es el azul del cielo o contraste cromático de los atardeceres.
Otras tantas personas «tienen la mala suerte de perder la vista en algún momento de su vida» y eso, como ha experimentado Cristian, es una faena. Por ello, este joven invita a la reflexión personal y a dar gracias por todo lo que tenemos, a valorar lo afortunado que somos por el simple hecho de poder ver por los dos ojos, no todo el mundo puede.
Me falta un ojo «y me da igual»
Las declaraciones de Cristian merecen realmente la pena ser escuchadas. El tono, la estructura y el sentido de las frases son el anticipo de un mensaje repleto de verdad, transparencia y vida; una vida, la suya, que ha estado marcada por la aceptación de la realidad y por una discapacidad en su ojo izquierdo.
«Me falta un ojo y me da igual», indica este joven, que anima a cualquier persona que se encuentra con su historia a eliminar prejuicios sobre sí mismos y a disfrutar de esta experiencia que se llama vida y que sólo hay una: «Me da igual lo que puedan decir los demás«.
Finalmente, Cristian expone que «mientras no hagas mal a nadie, no te limites a no hacer algo por cómo puedan verlo los demás. Hazlo por ti». Nosotros somos la persona más importante de nuestra vida, motivo suficiente para querernos, cuidarnos y respetarnos por encima de cualquier idea.




