Hasta los diez años de edad, Sandra Dobal revela que podía caminar sin el mayor tipo de problema, a pesar de tener «una pierna más corta que la otra». A partir de ese momento, recuerda que las caídas eran constantes y se sometió a una operación por un tumor en la médula: «Tengo Espina Bífida Mielomeningocele«, indica.
Fruto de esa discapacidad, Sandra ha dedicado su vida a divulgar, sensibilizar y denunciar aspectos determinados con la accesibilidad, una de las principales cuestiones que abarca el colectivo al que pertenece. Ella logró aceptar su situación y lo incorporó como parte de su vida: «Me habrá tocado vivir así«, confirma Dobal.
Esta joven recuerda cómo era su infancia previo al diagnóstico definitivo de espina bífida, que confirmó la discapacidad. Además, revela que tiene una hermana gemela «que camina perfectamente», una realidad que a ella le ‘chocaba’ al tener ella serias dificultades para, incluso, subir un escalón de forma autónoma: «¿Nadie se dio cuenta de esto?«, se pregunta ahora con perspectiva.
Embajadora de la accesibilidad
Las personas con discapacidad insisten, persiguen y amenazan con no rendirse en su intento de lograr una sociedad plenamente comprometida con la accesibilidad, donde este derecho no sea entendido como un favor, sino como una necesidad ampliamente beneficiosa para todas las partes que componen la ciudadanía.
En esta línea, como embajadora de la accesibilidad, Sandra Dobal anuncia que, según datos del Instituto Nacional de Estadística -INE- relativos al año 2023, más de la mitad de personas que alegaban tener algún tipo de discapacidad en España -52%- no podían si quiera salir de sus casas: «Encuentran barreras en su día a día».
Y no es una teoría inventada, sino que es una realidad contrastada por un organismo oficial. Por ello, Sandra denuncia que la falta de accesibilidad resta calidad de vida y bienestar a la comunidad de la que forma parte, sintiéndose poco valorada, excluida socialmente y apartada de sus derechos como persona.
«Es querer ir al cine y que el único lugar disponible sea en la primera fila»; «es querer entrar en un restaurante y que un simple escalón te deje fuera»; «es necesitar ir al baño y que la puerta no tenga el ancho suficiente para pasar». Esas son algunos de los ejemplos que cita Sandra que sufren personas con discapacidad motivados por la ausencia de accesibilidad en ciertos entornos.
Estas acciones, tan normales y cotidianas para un mayoritario grupo de la población no pueden pasar desapercibidas ni deben quedar relegadas a la capacidad de las personas con discapacidad. Hay que apostar por las adaptaciones y por la accesibilidad universal para que, realmente, se aspire a ser una sociedad inclusiva.
Una batalla diaria
«Vivir con discapacidad cuando las cosas son accesibles es súper fácil», detalla Sandra Dobal. Sin embargo, cuando no todo es tan sencillo ni está tan adaptado a las necesidades de esa comunidad, la vida se vuelve notablemente más complicada, dura e injusta ante la falta de igualdad. Y de accesibilidad.
No se trata de poner una rampa para cubrir con la obligación de las administraciones; consiste en pensar qué opción es la más adecuada para el bienestar de las personas con discapacidad: «Sin rampas adecuadas, sin bordillos rebajados y sin una ruta continua, lo que para muchos es una salida normal para otros es una batalla diaria», lamenta Sandra.
No es una exageración: la accesibilidad se ha convertido en una «batalla diaria» para muchas personas que ni siquiera pueden salir de su casa debido a una discapacidad que les roba la movilidad y a unas medidas accesibles que no cumplen con sus necesidades: «Se trata de diseñar el mundo para todas las personas«, concluye esta joven.
Sandra no ruega más que ese deseo. Y desde el colectivo de personas con discapacidad son conocedores que deben seguir insistiendo, porque, si desisten en este intento, «seguirán siendo miles quienes ni siquiera puedan salir de su casa y disfrutar«, tal y como otro amplio porcentaje sí puede hacerlo.




