Los niños afectados por una parálisis cerebral están a merced de duras sesiones de rehabilitación para tratar de recuperar o adquirir diversas funciones, entre las que se encuentra, por supuesto, la autonomía y el desarrollo personal. De hecho, esa es un de los principales desafíos a los que se enfrentan.
Para alcanzar esa máxima independencia posible, estas personas necesitan de una ayuda externa que les acompañe durante todo el proceso, fortaleciendo la masa muscular y aprendiendo nuevos hábitos para mantener la ergonomía correcta o poder dar unos cuantos pasos por sí mismos.
Precisamente, esa posibilidad de caminar está ligada a un dispositivo que promueve esa libertad del niño con parálisis cerebral: el Exoesqueleto Pediátrico Atlas 2030. Este accesorio permite la posibilidad de otorgar una mayor integración e interacción del paciente con el entorno, fomentando su participación.
Un exoesqueleto para niños con parálisis cerebral
Atlas 2030 es el primer exoesqueleto portátil del mundo, lo que implica una libertad total de movimiento en el paciente con parálisis cerebral u otras complicaciones neurológicas. De acuerdo con la Fundación ‘Nipace‘, este dispositivo «mejora no solo sus habilidades motoras sino también sus habilidades sociales, emocionales y cognitivas«.
Su puesta en escena ya es una realidad que fomenta una mayor movilidad en niños con parálisis cerebral, que les sirve como complemento para una rehabilitación integral en sus sesiones. Además, Atlas 2030 permite crear terapias lo más individualizadas posibles y adecuadas para cada paciente y en cada situación concreta.
Entre sus principales beneficios, ‘Nipace‘ menciona la reducción de la espasticidad, aumento de la fuerza muscular, mejora del rango de movimento de los miembros inferiores, mayor estabilidad axial y la movilidad y manipulación en los miembros superiores, además de una notable mejoría de la capacidad ventilatoria y cardiovascular.

También tiene presencia en el plano psicológico mediante la estimulación y fomento de la participación, facilitando la comunicación y la conciencia corporal; en cuanto a la dimensión emocional, Atlas 2030 mejora la calidad de vida, la autoestima y facilita las relaciones sociales, incrementando la inclusión social de niños con parálisis cerebral.
Así mismo, el exoesqueleto Atlas 2030 «está validado para trabajar con pacientes que presentan atrofia muscular espinal y parálisis cerebral«, señalan desde ‘Nipace‘. De esta manera, «abarca desde una sintomatología hipotónica a una patología con mucha variabilidad, siendo seguro y eficaz el trabajo con niños y bajo el criterio del terapeuta», exponen.
Mejorar la movilidad, un aspecto fundamental
El exoesqueleto pediátrico Atlas 2030 es un gran paso hacia delante en la rehabilitación integral de niños con parálisis cerebral. Este dispositivo permite el desarrollo o recuperación de la movilidad, que es un factor clave para aspirar a la autonomía y al desarrollo personal de estos pacientes con bajo tono muscular.
Atlas 2030 «logra interpretar la intención de movimiento al caminar y le aporta la fuerza y la estabilidad necesaria para conseguirlo», detalla ‘Nipace‘. Así, los niños pueden mejorar su condición física y psicológica, mientras que a nivel físico «trabaja la espasticidad, esa rigidez y tensión muscular propia de la parálisis cerebral«.
Además, en cuanto a nivel psicológico, el uso de este exoesqueleto genera un gran impacto «al poner a cada niño a realizar actividades que antes eran impensables«, promoviendo una plena participación social y aumentando la integración en la sociedad, con repercusión positiva en materia emocional.
Finalmente, Atlas 2030 permite ofrecer a los pacientes más pequeños -y sus familias- «un salto cualitativo en la rehabilitación de los más pequeños afectados por parálisis cerebral y una de sus grandes ventajas frente a otros dispositivos es su capacidad de mejorar la partición del paciente en su entorno», concluyen desde ‘Nipace‘.






