Distrofia retiniana hereditaria progresiva. Ese fue el diagnóstico de Jose Peña cuando apenas tenía 27 años de edad y se estaba preparando las oposiciones para ser Policía Nacional. Desde entonces, y tras este importante revés, este joven andaluz demuestra cómo el deporte se ha convertido en una vía de escape que le inhibe pensar en su discapacidad visual, hasta el punto de llegar a convertirse en el primer boxeador completamente ciego en el mundo. Su historia está marcada por la disciplina, la fortaleza y resiliencia para esquivar obstáculos, que no han sido pocos, a lo largo de su trayectoria. Hoy, además de competir, Jose es una figura referente para muchas de las personas que integran el colectivo de la discapacidad.
En esta línea, los orígenes de Jose Peña se encuentran en el hapkido, que fue su primera disciplina deportiva con éxito, donde llegó a alzarse como campeón de España y se convirtió en la primera persona ciega en lograr el cinturón negro en este tipo de arte marcial, un prestigioso galardón. El propio deportista afirma que cuando aterrizó en el complejo mundo del boxeo, donde la rivalidad es máxima, entendió y descubrió el poder de la fuerza mental que, en su caso, está todavía más acentuada por la discapacidad visual que presenta desde los veintisiete años de edad. Para él, esta mentalidad es «determinante para que la disciplina y corazón pudiesen vencer todo tipo de barreras» a lo largo de su vida.
Jose Peña, primer boxeador «completamente ciego»
El testimonio de Jose Peña -Pepe-, como él mismo se denomina en determinadas ocasiones, es el de una persona valiente, que ha aceptado o, al menos, entendido su nueva realidad y que ha de lidiar con ella diariamente. Lamentarse y frustrarse no le van a traer de vuelta su visión. Además, su historia es especialmente sensible por la forma en la que perdió el sentido de la vista, que le supuso empezar de cero para convertirse en una figura destacada en el deporte de máximo nivel y una persona muy reputada y valorada dentro de la comunidad de las personas con discapacidad.
Jose recuerda que «aquel día» estaba con Teresa -por aquel entonces, su novia; hoy en día, su mujer- y se levantó de la cama «para ir a buscarle churritos para desayunar», revela en una publicación de redes sociales. Así mismo, indica que recuerda perfectamente «ese dolor tan grande» dentro del establecimiento hostelero y el momento de llegar a casa, cuando escuchó a su pareja hablar con su madre: «Noto a Pepe que viene andando tocando las paredes«. Era un mecanismo para guiarse por la casa evitar chocar contra algún obstáculo. Jose Peña se había quedado «completamente ciego«.
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‘¿Por qué a mí?’ ‘¿Cómo voy a tirar hacia delante?’ Esas son algunas de las preguntas que rondaban la cabeza de Pepe y que, a día de hoy, siguen sin disiparse y sin encontrar respuesta alguna. «Cuando pierdes la vista no sabes comer, no sabes andar y pierdes el cálculo de la distancia«, expone. En este sentido, encontró en el boxeo la oportunidad que le permitía «soltarme el cuerpo», es decir, aprender, de nuevo, a sincronizar los movimientos para recuperar las «alas y la vida». Precisamente, esa vida es la que anhela cada vez que recuerda el rostro de Teresa o rememora los paseos con sus hijos a «comprar chicles a un kiosko«, entre otras acciones: «Tenemos tantas cosas a nuestro alcance que no le damos la importancia que tiene«, afirma.
La meta de «no rendirse jamás»
El diagnóstico de Jose Peña le supuso un jarro de agua helada para su vida. Justo en el momento en el gozaba de una relación estable con la persona que ahora es su mujer, mientras se preparaba las oposiciones para Policía Nacional y con una trayectoria futura muy prometedora. En ese momento aparecieron las palabras que nunca quiso haber escuchado: Distrofia retiniana hereditaria progresiva. No obstante, ante una discapacidad visual de esta magnitud, en la que quedó «completamente ciego» no le quedaba más remedio que aceptar, digerir y comenzar a vivir de una forma bien distinta a la que estaba acostumbrado desde hacía veintisiete años.
En cualquier caso, este joven andaluz tiene claro que el primer objetivo de subirse a un ring de boxeo y competir a máximo nivel lo ha logrado; sin embargo, no quiere quedarse ahí porque no conoce de limitaciones ni rendiciones. Su objetivo está muy definitivo y persigue la meta más complicada de todas, pero a buen seguro va a pelearla hasta el final: «no rendirse jamás«. Jose Peña es un ejemplo de superación permanente, fortaleza física y mental y de valentía para esquivar obstáculos, al mismo tiempo que para derribar barreras y ser una figura clave en la inclusión, accesibilidad y sensibilidad de la discapacidad.




