«Crecí sin saber que era autista y durante años el sistema educativo me hizo creer que no tenía habilidades para el estudio», relata Abraham Arenas sobre su condición de persona con autismo. Ahora es Doctor Cum Laude en Derecho, Educación y Desarrollo, educador, investigador y conferencista internacional sobre esta condición intelectual.
La trayectoria de este profesional está enfocada en el sector de la educación, la neurodiversidad y el autismo. De hecho, Arenas expone que «mi misión es transformar la educación para hacerla accesible y significativa para todos, especialmente para quienes tienen necesidades educativas especiales y desafíos en salud mental, emocional y conductual».
El momento en el que entendió su condición de autismo, este Doctor descubrió «que el problema no era mi potencial, sino la manera en que el sistema estaba diseñado». Desde entonces, dedica su vida al «desarrollo de modelos pedagógicos innovadores que respondan a las necesidades de los estudiantes neurodivergentes«.
Autismo y un entorno no preparado
Abraham Arenas es Fundador y Director del International Neurodiversity College of London (INCL), una institución pionera en educación inclusiva para estudiantes neurodivergentes y Presidente de la Asociación Edu-Constellation, una organización enfocada en la innovación educativa y estrategias de inclusión, entre otros importantes puestos.
Pero también es una persona con autismo. Por tanto, él puede afirmar en primera persona una teoría que comparten todos los integrantes del colectivo del Trastorno de Espectro Autista -TEA-: «El entorno no está preparado» para el desarrollo y la adaptación de estos individuos.
En esta misma línea, Arenas insiste en que «el autismo no se sufre; a mi me encanta lo que pasa en mi cabeza». El problema, por tato, existe en el entorno y en el contexto que rodea a estas personas y a sus familias, que son los verdaderos perjudicados de esa ausencia de adaptación e inclusión en la sociedad.
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Esta agria sensación que afecta a las familias también altera la relación entre parejas o, incluso, entre miembros de la misma unidad familiar, desvela este doctor, que asegura que «no tienen vida social«. Y esa sensación repercute en alejarse de los amigos por no poder asistir con su hijo, que tiene autismo y comportamientos que se siguen excluyendo de la normalidad.
Por ello, este joven profesional y portador de esta condición intelectual defiende que «cada niño, joven y adulto tiene un potencial inmenso que solo necesita las herramientas adecuadas para brillar. Por eso, mi objetivo es desafiar los paradigmas tradicionales y demostrar que existen otras formas de aprender, crecer y prosperar«.
Mirada a los ojos
De acuerdo con la experiencia con el autismo del Dr. Cum Laude Abraham Arenas, «una de las cosas que más nos cuestan a las personas autistas es mirar a los ojos». Ese gesto, tan inocente y sencillo aparentemente, puede ser una odisea para quienes presentan esta condición. Y el primer paso es reconocerlo y hablar de ello.
Además, parte de ese «camuflaje social» de las personas con autismo reside en mirar a los ojos aunque no quieran y no puedan hacerlo, porque es una actividad que les genera un severo cuadro de ansiedad, como desvela Arenas.
«Miro un poco, pero necesito descansos visuales«, indica. No obstante, más que miradas, este profesional quiere demostrar que «la sonrisa es el camino más corto entre dos personas, y una educación basada en la empatía y la comprensión es el puente hacia un mundo más inclusivo y humano«.
Ahora, Abraham Arenas desempeña un destacado papel como asesor y persona de apoyo a familias con hijos neurodivergentes, brindando herramientas y estrategias para mejorar su calidad de vida y su acceso a la educación.




