Gisela Agostino -Gigi- es la ‘mamá’ de Alejo y la mujer de Pablo. El 31 de diciembre de 2010 sufrió un fatídico accidente que le ocasionó una lesión medular y le obligó a vivir el resto de su vida en una silla de ruedas en estado de cuadriplejia. Aquella niña de catorce años que se lesionó saltando a la piscina hoy ya es mujer y madre.
A pesar de que la discapacidad hizo acto de presencia unas horas antes de ‘Nochevieja‘, un momento que suele ser para celebrar el ‘adiós’ del pasado año y festejar la bienvenida al año venidero, Gisela y su familia pasaron esos momentos temiendo por su vida en el hospital. Había pocos motivos para estar alegres.
No obstante, Gigi salió con vida y hoy puede hablar con su hijo Alejo sobre qué es y qué significa la discapacidad. Lo hace con total transparencia, tratando de denunciar situaciones que inhiben la accesibilidad de este colectivo y normalizando lo que es vivir en una silla de ruedas.
Hablar de la discapacidad con su hijo
Nadie mejor para hablar la discapacidad que aquellas personas que la presentan y viven con ella en su día a día. Gisela Agostino es una de ellas. En sus redes sociales ha querido compartir una publicación en la que expone cómo habla sobre su situación con su hijo, aunque lo cierto es que «hay cosas que no tuve que explicarle«.
Alejo nació con la discapacidad de su madre presente en su vida, motivo por el que «no ve rarezas, no ve diferencias y no ve límites». El hijo de Gigi únicamente «ve personas«. Igualmente, este menor no entiende la silla de ruedas como algo «extraño», sino como un elemento que es «parte de la vida», explica Gisela.
Por tanto, debido a que ha crecido en un ambiente donde la discapacidad es ‘uno más de la familia‘, Alejo ha aprendido que «hay diferentes formas de hacer las cosas, diferentes ritmos y diferentes cuerpos«, por lo que comprende que «no hacer también es válido cuando hay una limitación».
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En este sentido, «pedir ayuda no es una debilidad«. Por ello, Gisela es de esas madres que creen que «la diversidad no se enseña con discursos«, si no que «se aprende viendo, mirando y creciendo en un mundo donde ve rampas obstruidas y negocios sin accesibilidad». Alejo ha visto con sus propios ojos como la falta de inclusión o medidas accesibles perjudican a las personas con discapacidad, como su madre.
Esa idea le ha hecho pensar que «todos merecemos el mismo lugar, aunque no siempre lo tenemos». Esa charla de Gisela Agostino con su hijo Alejo sobre la discapacidad es una oda a la normalidad de este tipo de situaciones, reclamando aquellas situaciones ‘injustas’ y sensibilizando sobre esta realidad.
Vivir el mundo de la discapacidad
Gigi cree que Alejo tiene la discapacidad muy «normalizada e interiorizada». Ha crecido viendo a su madre sin poder caminar, sentada en una silla de ruedas debido a una lesión medular a los 14 años y siendo capaz de compartir momentos juntos: «Vamos a pasear, a comprar«, a pesar de que no son pocas las limitaciones ni los obstáculos.
A través de su ejemplo, intenta enseñar que estacionar en una zona de aparcamiento reservada para Personas de Movilidad Reducida -PMR- «nos perjudica». Ese es el mejor ejemplo con el que predicar la vida de quienes tienen una discapacidad. Gisela educa a Alejo en un mundo donde prima «ser empáticos, tomar conciencia y tener respeto».
Además, casos como el de Alejo no hacen sino crear sensibilidad y, especialmente, normalidad por la discapacidad. De este modo se puede aspirar a ser una sociedad inclusiva, que piense en el bienestar de las personas con discapacidad y actúe en consonancia a ese pensamiento.




