La diparesia espástica es un tipo de parálisis cerebral caracterizada por la rigidez muscular y la dificultad para controlar los movimientos, principalmente en las extremidades inferiores, de acuerdo con la Clínica Universidad de Navarra. Ese, precisamente, es el diagnóstico que le trasladaron los médicos a los padres de David Rodríguez en el momento de su nacimiento. Desde entonces, vive con la discapacidad como aliado y un íntimo enemigo en su vida. Siendo apenas un niño, su rutina ya estuvo marcada por la «maravillosa etiqueta» que se atribuye en este tipo de casos: discapacitado, como él mismo explica. De hecho, él lo aclara: «La integración es como el amor, que cuando sucede todo es mágico y especial, surgiendo sonrisas, carcajadas e igualdad».
David era ese niño «diferente» al que el resto de menores de su misma edad veían como un ente extraño, alejado de su propia realidad y fuera de cualquier contexto social. Nada de juegos en grupos. No obstante, este hoy deportista logró superar la compleja etapa escolar, pero lo hizo como supo, «siendo bastante cabroncete con el fin de ser aceptado y respetado«, indica la Fundación Pegasus, de la que Rodríguez es CEO. Aquel niño creció y comenzó a tomar contacto con el ámbito deportiva, algo que le hacía sentirse bien, ya que era una persona con discapacidad que lograba todas sus metas deportivas, por lo que era alabado por ello y tildado como un «campeón«. En este sentido, explica que «hacía natación adaptada, y os puedo asegurar que ver a personas sin brazos y sin piernas nadando super deprisa impresiona mucho», pero lo que más impresionó a David fue que «salían del agua y sonreían. Eran felices«.
Lo mío no es normal…
David Rodríguez con un tipo de parálisis cerebral denominado diparesia espástica. No deja de ser un tipo de discapacidad que le ha privado de realizar algún tipo de actividad a lo largo de su vida y le ha situado como motivo de burla en determinadas ocasiones, especialmente durante la etapa escolar. También es cierto que le ha dotado de un carácter valiente y lleno de resiliencia para afrontar cualquier circunstancia que la vida le pusiera por delante. «El instituto lo recuerdo como una jungla donde pisas o te pisan; un niño no entiende porqué se ríen de él en el colegio o porqué su madre llora cuando llega a casa», relata a través de sus redes sociales.
No obstante, el propio David Rodríguez subraya una frase que defiende a capa y espada: «Siempre he dicho que la verdadera discapacidad es el miedo«. Es una sensación de temor ante cualquier situación y una permanente situación de evitar querer hacer cosas por miedo a ser motivo de burlas o risas, sin estar incluido en ese broma y siendo únicamente la diana sobre la que lanzar los dardos. En su caso, supo lograr sobreponerse a su discapacidad y «transformar la diferencia en impulso y el miedo en motor«. Ahora, como CEO de la Fundación Pegasus, quiere ayudar a otras personas, que también fueron niños, a hacer lo mismo y sacar lo mejor de una situación difícil.
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Este deportista entiende que «etiquetar es natural«, como si de «un proceso automático e inconsciente que hacemos para estructurar la mente y predecir qué va a pasar» se tratara. Y es una reacción que se hace para «sobrevivir y para estar preparados ante posibles problemas». Es una coraza que tiene el ser humano ante situaciones que no están previstas y se escapan de nuestro control. Por tanto, indica que «amar a quien se parece a nosotros es sencillo; lo difícil es amar al que, con sus diferencias, nos activa partes que no nos gustan o que tenemos escondidas bien adentro«.
…pero lo tuyo tampoco
«¿A caso no somos todos diferentes?», expone David Rodríguez a través de la Fundación Pegasus. Cada persona tiene su propio carácter, altura y color de pelo. También de piel y de ojos. Incluso, cada uno de nosotros vivimos en lugares diferentes y tenemos una forma de hablar diferente. Por tanto, viendo el impacto que tienen las etiquetas sobre las personas, «¿por qué no rompemos con las etiquetas sociales?», se pregunta. La parálisis cerebral con la que nació este deportista no le ha permitido convertirse en un referente para el colectivo de la discapacidad, siendo un divulgador para sensibilizar sobre estas patologías; lo que sí le ha permitido llegar hasta cotas tan altas es la manera en la que ha afrontado su diparesia espástica y cómo se ha adaptado a su propia realidad, sin caer en la debilidad, en las lamentaciones ni en hacer preguntas sin respuestas.

Todos tenemos miedo. Al fracaso, a la muerte o a la incertidumbre. Incluso a la soledad. Y si el miedo es la mayor discapacidad, ‘¿todos somos discapacitados?’ «El miedo nos divide, pero el amor nos conecta«, subraya David Rodríguez. Al igual que él nació con una discapacidad en forma de parálisis cerebral que le hizo sentir ‘anormal’ dentro de los estándares de la sociedad, cada uno de nosotros también tenemos algún aspecto que nos priva de ser ‘normal’, siguiendo el mismo patrón y la misma vara de medir. «Siempre hay que buscar puentes que nos unan y no muros que nos separen porque todos compartimos lo mismo: miedos, sueños, ilusiones y mil cosas más que nos hacen iguales», concluye David Rodríguez. En definitiva, como titula su primer libro…»Lo mío no es normal, pero lo tuyo tampoco«.




