A la hora de acceder a determinados recintos, espacios o lugares, la accesibilidad, en ocasiones, brilla por su ausencia que por su puesta en práctica. Y esa realidad repercute en las personas con discapacidad, que se ven en la tesitura de valorar si realmente merece la pena o no acudir a estos eventos.
Además, es una disyuntiva que se traslada a, prácticamente, todos los sectores: cultural, social, ocio o deporte. En cada uno de ellos, usuarios de silla de ruedas o individuos con movilidad reducida tienen complicaciones para acceder a estos recintos; en ocasiones, necesitan la ayuda de terceras personas para entrar.
Por ello, la accesibilidad se antoja como un concepto de suma importancia: su aplicación permite que todas las personas, con o sin discapacidad, puedan vivir en igualdad de condiciones sin sentirse excluidas de una sociedad que parece darle la espalda.
El dilema de personas con discapacidad
Un concierto de tu cantante favorito, una obra de teatro, una sala de cine o, simplemente, acudir a una fiesta en un garito no adaptado son algunos planes de ocio que las personas con discapacidad deben pensar con detenimiento antes de decantarse por acudir. O quizá no darle tantas vueltas.
Marta, una joven que convive con Ataxia de Freidreich que «la valentía se mide también en las ganas de disfrutar como cualquiera de todos los placeres que nos da la vida, que para eso está, para vivirla a tope caiga quien caiga», detalla la Fundación Almar, presidida por su madre, Mª Pilar Mejías.
«Aunque la que se pueda caer sea ella por las escaleras de ese local que no está adaptado para las sillas de ruedas», Marta decide acudir a este tipo de espacios. Y no duda en rogar ayuda «unos extraños» para que le aúpen y le ayuden a bajar unos tramos de escaleras que, por si misma, no puede. Pero no por su culpa.
A través de redes sociales, la Fundación ha compartido cómo Marta, repleta de coraje y deseo de vivir, decidió «ir sola a un garito para ver el concierto de una de sus chicas favoritas, plantándole cara al segurata de la puerta que se pone de todos los colores y no sabe dónde meterse ni como reaccionar».
Y esto se debe a que «esta chica también ha pagado su entrada y tiene el mismo derecho que todos a disfrutar del concierto». La discapacidad no es un complemento de la persona, sino una condición y una característica más de ellas; no merece un trato discriminatorio, sino respetable, inclusivo y digno.
Buscarse la vida en lugares no adaptados
La falta de adaptación y de accesibilidad en determinados lugares y entornos continúa siendo una de las asignaturas pendientes de la sociedad. Lo es porque, mientras no se arregle esta materia, las personas con discapacidad deberán seguir buscándose la vida para disfrutar en equidad de condiciones.
¿Merece la pena ese esfuerzo extra? Esa respuesta sólo la tienen quienes viven esta tesitura en primera persona debido a su condición de discapacidad o con movilidad reducida, necesitando una silla de ruedas para poder desplazarse. Aun así, Marta indica «que la ataxia no nos quite las ganas de disfrutar de lo que más nos gusta».
La vida se vive una vez y claro que merece la pena exprimirla y tomar decisiones que puedan parecer arriesgadas; sin embargo, los locales y espacios deben favorecer esa relación de reciprocidad con las personas con discapacidad y facilitar su acceso para que, por supuesto, buscarse la vida sea un poco menos complejo.
