Francisco Aguilar es un joven diseñador de moda que a través de las redes sociales ha generado un importante espacio en el que mostrar y compartir cómo es la convivencia con la discapacidad en el entorno laboral, donde este colectivo lidera la tasa de desempleo en varios países del mundo. «Mis padres me dijeron que iba a ser muy difícil que una empresa me contrate»», expone este popular usuario. Sus rasgos faciales revelan que presenta el síndrome de Treacher Collins, una condición genética que afecta el desarrollo de la estructura ósea facial y que ha influido en su forma de crecer en el mundo; además, él mismo también revela que tiene sordera y hace uso de un implante coclear en su rutina diaria.
A través de asistencias a conferencias, congresos y ponencias, además de publicaciones en redes sociales, Francisco Aguilar revela cómo ha sido -como es- su vida con el síndrome de Treacher Collins. Ha tenido que batallar y hacer frente a burlas, miradas incómodas y también a las barreras de la comunicación, ya que, debido a su diagnóstico, vive con sordera. Pero más allá de las dificultades, lo que este joven modisto transmite es fuerza, aceptación y una profunda conexión consigo mismo. Su testimonio está basado en la honestidad y en la autenticidad, poniendo de manifiesto que «nuestras capacidades son más grandes que cualquier discapacidad«. A pesar de las dificultades del camino, Aguilar ha logrado situarse como un referente en el sector del textil y de la creación de contenido, donde se ha convertido en un referente para muchas personas.
Discapacidad y empleo
Una de las principales barreras con la que topan las personas con discapacidad para lograr el completo bienestar y alcanzar la calidad de vida deseada es el empleo: «Las empresas no quieren batallar y dudan mucho en pagar gastos de seguros médicos», revela Francisco Aguilar, diseñador de moda con síndrome de Treacher Collins y sordera, con un implante coclear. Además, no obstante, no sólo es ese el único inconveniente para no contratar a estos potenciales candidatos, sino que «también subestiman e infravaloran a las personas con discapacidad«, cayendo en la trampa de que no van a ser capaces de desarrollar actividad laboral alguna al igual que cualquier otro perfil.
A sus 33 años, Aguilar ya lo ha podido comprobar de primera mano: «Por eso nunca he trabajado para una empresa tal cual; siempre ha sido de manera independiente«, indica. A través de diferentes proyectos que él mismo ha desarrollado de forma autónoma sí ha logrado firmar acuerdos de colaboración con algunas marcas y entidades del sector, pero lejos de un contrato como empleado. Por ello mismo, en este sentido, «desde el primer día» que comenzó con su carrera de modas comenzó a mostrar e ilustrar sus trabajos en redes sociales, que le han servido como un potente altavoz mediático para lograr objetivos.
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El objetivo, además de, evidentemente, mostrar su talento, poner de manifiesto de todo lo que son capaces las personas con discapacidad, como la que él presenta: «Soy como cualquier persona, que tengo metas y sueños«, expone. Tal ha sido el éxito que le han otorgado las plataformas digitales que su contenido ha llegado a profesionales del textil de diferentes países, que se han puesto en contacto con este joven diseñador para alcanzar acuerdos de colaboración, dejando a un lado la sordera y el síndrome de Treacher Collins y normalizando la discapacidad, algo por la que batalla diariamente el colectivo.
Mirar el potencial y no la discapacidad
El mensaje y la historia de Francisco Aguilar dejan clara una moraleja y un resumen muy nítido de lo que pretende lograr el colectivo y la comunidad de la discapacidad: «Las diferencias genéticas no definen el valor ni las capacidades de una persona«, asevera. Por tanto, su caso es una demostración de ruptura de etiquetas y estigmas, además de una lección sobre cómo romper barreras, aceptarse uno mismo y entender que cada individuo tiene una misión en la vida que ha de cumplir cómo y cuándo quiera: «Mi propósito no es ser perfecto, sino ser real«, detalla Aguilar.
Por tanto, se deduce que «el verdadero cambio empieza cuando dejamos de mirar la discapacidad y empezamos a mirar el potencial» de las personas. Ese sería el primer paso para la inserción laboral de las personas con discapacidad, pero también para fomentar la inclusión de este colectivo en todas las esferas sociales, donde todavía falta mucho camino por recorrer. Finalmente, la historia de Francisco Aguilar acerca la discapacidad y sensibiliza sobre ella, dejando claro que es una condición más del ser humano que hay que normalizar como cualquier otra. No hay más secreto.




