«Llegaron a mi casa y me llevaron, a pesar de que nunca deseé ser guerrillero; desde niño, mi sueño siempre fue ser soldado colombiano». Su nombre es Juan José Florián, aunque se le conoce por su carismático apodo de ‘Mochoman‘.
La vida de este protagonista puede ser definida con muchos adjetivos, todos de ellos válidos; sin embargo, en esta ocasión será el término ‘increíble‘ el que acompañe la trayectoria de este ciclista. Él puede confirmar, sin duda, que «vivir el presente es el regalo más grande que puedes darte«.
De origen colombiano, Florián tuvo que convivir con la guerra desde que nació. Incluso tuvo que participar en ella: con tan solo 14 años, la guerrilla de las FARC se lo llevó para convertirlo en niño soldado. No obstante, logró escapar de aquel rapto y regresar a su hogar con su familia para, al cumplir la mayoría de edad, lograr su sueño de alistarse en el Ejército y hacer frente a quienes cometieron su ingreso en la guerrilla.
Erguido como un héroe, este combatiente fue víctima de un ataque ‘secreto’ dentro de su propia casa: el enemigo respondió a sus actuaciones de una manera inesperada y colocó una bomba en el interior de su vivienda que le dejaría sin tres de sus extremidades. Mochoman perdió los dos brazos, la pierna derecho, la visión del ojo derecho y parte de su audición, por lo que comenzó una dura batalla física y metal consigo mismo, refugiándose en el ciclismo adaptado.
De la guerra al deporte
«Disfruta, sonríe y haz magia con tu día«. Bien podría ser el lema de vida de Juan José Florián –Mochoman-, pero es una simple recomen dación que él transmite tras ser raptado por la guerrilla de las FARC, lograr escaparse para hacerle frente y sufrir un ataque en forma de bomba secreta mientras manipulaba una bolsa que fue dejada en el jardín de su casa por subversivos de este grupo criminal. Tuvo secuelas irreversibles, pero un milagro le permitió seguir con vida. Era 12 de julio de 2011.
Tras la ardua recuperación de aquellas gravísimas lesiones y empujado por el permanente apoyo de su familia, Mochoman entendió que tenía delante de sí la oportunidad de convertirse en un ejemplo inspirador para cualquier persona, Y no la desaprovechó. Así mismo, de acuerdo con la Federación Colombiana de Ciclismo, Juan José Florián «camina sostenido por una prótesis y coordina sus pasos apoyado en la pierna izquierda, la única extremidad ilesa y con la cuál ahora pedalea por el sueño de ser un referente mundial del ciclismo paralímpico«.
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Empezó su idilio con el deporte a través de la natación, pero rápidamente se decantó por el ciclismo adaptado, revela Juan José, aunque consciente de las necesidades a las que debe «someterme cada día, como la adaptación a mi bicicleta y los largos entrenamientos». Ha recibido el respaldo de la Comisión Nacional de Paracycling para integrarse en el equipo y competir en diferentes pruebas: «A pesar de que estas heridas en algún momento dolieron, hoy vemos que me dan mucha felicidad. Soy el primer C1 de Colombia«, explica, feliz, este deportista paralímpico.
Actitud, ganas y pasión
El apodo de Mochoman está hilado con el prefijo ‘mocho‘, referente a las personas mancas en Sudamérica. Este sobrenombre le ha permitido crear su propia marca personal como ciclista del equipo Movistar, con el que ha competido en diferentes campeonatos y se ha perfilado como una auténtica referencia en el deporte, fomentando sus valores y participando en los Juegos Paralímpicos.
«Que se levanten con actitud, con las ganas, con pasión a perseguir sus sueños, no importan las limitaciones que tengamos, hay que salir porque todos estamos en capacidad de hacerlo». Ese es el mensaje que manifiesta Mochoman, dirigido a personas con discapacidad y que desean lograr cualquier objetivo en la vida. En su caso, esta voluntad y superación le han convertido en el primer paraatleta patrocinado por la empresa Movistar en Colombia.

Finalmente, la historia de este exguerrillero, soldado y posteriormente deportista paralímpico ha estado marcada por el conflicto bélico que arrasaba su país como consecuencia del enfrentamiento entre las FARC y el Estado. Perdió los dos brazos, la pierna derecha, la visión del ojo derecho y el sentido de la audición, pero no las ganas de vivir, plantarle cada a esa dura -durísima- situación y ser un ejemplo inspirador para miles de personas, más allá de la discapacidad. Hablando siempre de capacidad.




