Inés Rodríguez nació en Tenerife en el año 1999. Durante el parto, sufrió una hipoxia, es decir, una falta de oxígeno en el cerebro que derivó en una parálisis cerebral, con la que convive desde entonces. Esta patología, no obstante, no le ha frenado, sino que le ha impulsado a lo largo de su vida para estudiar, formarse y divulgar la discapacidad, con una mención especial a la inclusión de estas personas dentro de la sociedad y poniendo el foco en la educación de los más pequeños, que serán los adultos del mañana: «Si te crías en la inclusión, luego no habrá que hacer ningún esfuerzo de deconstrucción ni nada, ya está todo hecho«.
Es logopeda profesional, especializada en daño cerebral, y deportista, ya que ha competido en natación con la Selección de deportistas con parálisis cerebral. De hecho, ella misma indica que la actividad física le ha aportado una serie de valores imprescindibles para lograr los retos que ha obtenido: «disciplina, salud física y mental y una oportunidad inmejorable para socializar con personas que se parecen a mí», detalla. A día de hoy, y tras pasar por ciudades como Vitoria o Granada, Inés vive en Madrid, donde desarrolla su profesión en un centro de día con personas con daño cerebral.
Inclusión y educación
La inclusión es uno de los grandes retos que las personas con discapacidad tienen por delante a corto, medio y largo plazo. Pero también el resto de la sociedad, porque es una tarea de todos los ciudadanos, comenzando desde las altas esferas donde se toman decisiones. También en materia de accesibilidad y de sensibilidad sobre el colectivo de la discapacidad, con el nítido y único objetivo de lograr la normalización de esta comunidad para una convivencia plena. Una persona con discapacidad no debería estar continuamente reclamando sus derechos, sino que ya los tendría que tener definidos.
En este sentido, Inés Rodríguez, que presenta una parálisis cerebral desde nacimiento, aboga por fomentar la palabra inclusión en los más jóvenes; es decir, bajo su experiencia y perspectiva se debería educar siendo ya personas inclusivas. De este modo, si una persona se cría bajo el manto de la inclusión, a medida que vaya creciendo y se convierta en adulto, ese camino ya estará recorrido y no habría que volver a empezar. Del mismo modo, a través de sus redes sociales, Rodríguez explica que «ser inclusivo es, simplemente, contemplar diferentes realidades» de personas con alguna característica especial, como es la discapacidad.
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A través de las plataformas digitales, que son un importante altavoz mediático y social para la comunicación de masas, Inés Rodríguez trata de divulgar y de concienciar sobre la discapacidad, mostrando sus rutinas con una naturalidad y un sentido del humor muy notables: «El humor es clave para afrontar cualquier tipo de problema, y es una herramienta que uso muchísimo en la vida«, admite. Igualmente, también define que «estamos avanzando a pasos agigantados en la inclusión de personas con discapacidad», en una entrevista de la Fundación Adecco. A ella, la parálisis cerebral no le va a frenar, sino que le va a impulsar para seguir formándose y divulgando la discapacidad ante cualquier tipo de público.
Silencios incómodos
El colectivo de la discapacidad, en muchas ocasiones, se ha de enfrentar a miradas, silencios o situaciones que generan un alto grado de incomodidad. Hay quienes lo llevan mejor y otros lo llevan peor. Inés es del primer grupo: «Siempre recurro al humor para afrontar los silencios incómodos a los que nos enfrentamos las personas con discapacidad«, reconoce en una campaña que la Fundación Adecco ha lanzado. Del mismo modo, este tipo de silencios también tornan, en ocasiones, en barreras y prejuicios que los individuos con discapacidad deben esquivar y sobreponerse a ellos, siendo prueba inequívoca de que, todavía, hay camino por recorrer en materia de inclusión y accesibilidad.
Estas barreras, igualmente, también se pueden encontrar en el ámbito laboral, donde la inserción de personas con discapacidad en el mercado profesional no es especialmente notable. En este sentido, Inés Rodríguez detalla que, bajo su experiencia con parálisis cerebral, una de estas barreras que sigue vigente es «la infantilización de la discapacidad en cualquiera de sus vertientes». La personalidad de este colectivo no se basa únicamente en la discapacidad; la solución, por tanto, seguirá siendo visibilizar la discapacidad en todos los entornos posibles. «Sin prisa, pero sin pausa«, concluye Inés.




