«Fue un alivio enorme«. Esa es la sensación que sintió Irene García al recibir el diagnóstico de TDAH y dislexia. Aquel momento fue, por fin, poner nombre y apellido a una situación que ya escapaba cualquier tipo de límite y pesaba como una losa de gran tamaño sobre sus hombros, cayendo la culpa en ella misma de manera inconsciente.
Esta joven madrileña afirma en su biografía de redes sociales que «hablo por los codos«, una cualidad que le ha permitido, no obstante, divulgar la dislexia y el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad -TDAH- y prestarle el reconocimiento que merecen: «El problema no era que no te esforzaras lo suficiente, sino que llevabas toda la vida esforzándote el doble«, detalla Irene.
Ahora, con el diagnóstico ‘en la mano’, García echa la vista atrás para comprobar el largo camino que ha recorrido acompañada de sendos conceptos durante toda su vida. Irene ha entendido «cuántas veces te exigiste ser alguien que no eras, solo para encajar«.
Irene García, joven con TDAH y dislexia
Durante años, Irene García pensaba que era «vaga«, «desordenada» y «que no escuchaba«. También creía que «leía mal porque no me esforzaba lo suficiente». Esa sensación la ha sufrido en primera persona una gran cantidad de veces; incluso, «me perdí perdón a mí misma por ser así«.
Ahora entiende el porqué de todas aquellas veces en las que se echaba encima una culpa que no le pertenecía. No eran falta de ganas ni pereza; eran el TDAH y la dislexia que presentaba y que nunca nadie le había puesto nombre. Era la explicación que tanto había anhelado «durante muchos años», indica.
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En esta misma línea, Irene lanza una importante advertencia: «Cuando no sabes lo que te pasa, aprendes a mirarte muy mal, y a hablarte muy mal también». Esa es la amarga realidad a la que se enfrentó consigo misma: «Antes pensaba que mis distracciones, mis letras mezcladas y mi manera de ser eran defectos«, reconoce.
Con un diagnóstico de dislexia y TDAH, esta joven es capaz de trasladar que «ser neurodivergente tiene muchos desafíos«. No lo niega ni lo esconde. Pero también admite que «tiene mucha magia«. A través de su ejemplo, Irene quiere de manifiesto la importancia de un diagnóstico certero y a tiempo para evitar comportamientos negativos contra uno mismo y cuidar el bienestar personal antes de que sea tarde.
Dejar de sobrevivir para empezar a vivir
Con el paso del tiempo y con un diagnóstico de TDAH y dislexia, esta joven encontró las respuestas a «por qué Irene hace las cosas de cierta manera». Pero también sintió esa rabia «de todos los años que llevaba encima» de ella sin ser visto por nadie: culpas, bloqueos y frustraciones son algunas de la emociones que ha experimentado.
Esta chica ha pasado por una sensación «de duelo» por todo el tiempo que pasó sin entenderse a sí misma y sin prestarse el cuidado que necesitaba. No obstante, la Irene de hoy ha podido «hacer las paces con la niña que pensó que había algo mal en ella«. Como si de una reconciliación se tratase.
Por tanto, ella misma destaca que el diagnóstico de TDAH y de dislexia no le ha cambiado, pero sí que ha ordenado su vida. Tampoco le ha limitado, pero sí que le ha permitido encontrar respuestas y explicaciones a tantas preguntas que, por un momento, parecían no tenerlas.
Pero, sobre todo, Irene ha entendido la importancia de ser diagnosticada con sendas condiciones: «Te da permiso para dejar de sobrevivir y empezar a vivir desde quien eres de verdad«. Ahora se siente agradecida y capaz de seguir hablando «por los codos».




