Escritor y conferencista con parálisis cerebral, Ismail Fernández ha lamentado, mediante una publicación en redes sociales (@ismail_con_i), que a las personas con discapacidad, en numerosas ocasiones, se les restringe «el derecho a estar tristes«.
Esa emoción, raras veces voluntaria, es consecuencia de un estado de ánimo o de una serie de circunstancias que el colectivo de la discapacidad, por supuesto, también experimenta con total normalidad. No por ello su historia tiene menos dosis de resiliencia o superación, sino de naturalidad y humanidad.
«Quiero llorar y no puedo», denuncia Ismail mediante estas plataformas. El «derecho a estar tristes» que divulga este escritor con parálisis cerebral consiste, sencillamente, en que las personas con discapacidad también pueden sentir tristeza: «Existe una idea generalizada de que siempre estamos alegres».
El derecho a estar tristes
La faceta de escritor y de orador de Ismail Fernández se escenifica y se hace presente en su discurso, en el que asegura que «a las personas con discapacidad también se les niega algo tan humano como estar tristes«. Como si no pudieran experimentar esa sensación.
Su teoría, que explica y divulga en su perfil de redes sociales, se sustenta en que «muchas veces se espera que las personas con discapacidad «sean fuertes, inspiradoras o agradecidas todo el tiempo». Sin embargo, como es normal, «la realidad es otra«.
En esta línea, Fernández recuerda que «las personas con discapacidad, como personas que somos, tenemos días buenos y días malos«. Del mismo modo, Ismail insiste en que «por supuesto, sentimos tristeza, porque todo el mundo siente de todo en algún momento».
Acto seguido, este escritor defiende que «estar triste no es rendirse, no es ser débil y no es algo que haya que justificar«. Por ello, agrega que «las personas con discapacidad tienen derecho a expresar su dolor, su frustración y sus malos días sin ser juzgadas ni presionadas para ‘dar ejemplo’ constantemente».
Como conclusión a esta hipótesis, Ismail Fernández, usuario de silla de ruedas debido a una parálisis cerebral, lanza una interesante pregunta a la sociedad: «¿Crees que la sociedad permite a las personas con discapacidad mostrar emociones negativas con la misma libertad que al resto?»
La discapacidad no elimina emociones
La reivindicación de Ismail Fernández sobre el derecho a estar tristes de las personas con discapacidad no es casual, sino que es fruto de experiencias y de situaciones que le han motivado a expresar, públicamente, sus sentimientos sobre este tema.
Por consiguiente, recalca que «la discapacidad no elimina emociones» y que «negar la tristeza puede generar más aislamiento, incomprensión y sufrimiento». Sin embargo, entiende que «reconocerla es un paso esencial hacia una sociedad más empática e inclusiva«.
Fernández, que vive con un diagnóstico de parálisis cerebral, ha compartido una importante reflexión con la intención de «cambiar la forma en que entendemos la discapacidad y las emociones«, insinuando a los lectores que «quizá te haga replantearte algo que damos por hecho».
Desde el seno del colectivo de la discapacidad insisten en la imperiosa necesidad de hablar con normalidad sobre esta condición y en aportar naturalidad respecto a estas personas. La tristeza, como cualquier otra emoción, así lo requiere.
