Ha vuelto a suceder. Otra vez. Nuevo caso de denuncia sobre un mal uso de las plazas de aparcamiento de Persona de Movilidad Reducida –PMR-. En esta ocasión ha sido Josefa Farias, una mujer con discapacidad, quien ha criticado el comportamiento de un conductor por esta incívica acción.
Farias no ha dudado en compartir esta lamentable experiencia en redes sociales, donde se puede ver perfectamente como traslada su malestar a un vehículo estacionado en un espacio reservado para personas con discapacidad sin la correspondiente tarjeta que acredite formar parte de este colectivo.
Una acción tan frecuente como acudir al supermercado derivó en un mal rato para esta mujer, que vio vulnerado su derecho de aparcar su coche en una plaza reservada para ella por su condición de persona de movilidad reducida: «Es el único lugar donde yo puedo estacionar para bajar de mi vehículo de forma segura», insiste.
Nueva denuncia por uso irregular de plazas PMR
Esta nueva denuncia se une a una larga lista de situaciones en las que las personas con discapacidad han visto cómo su derecho de estacionar en plazas reservadas para ellos ha sido violado de forma irregular. Esta infracción conlleva una pérdida de dinero para quien la comete, pero parece no surtir el efecto deseado.
Josefa Farias ha querido compartir su historia particular, en la que ha estallado contra quienes hacen un mal uso de las plazas de aparcamiento PMR: «Es increíble la poca vergüenza de la gente«. Por tanto, esta «situación súper estresante» no tiene explicación, sino que debe endurecer las sanciones por vulnerar un marco legislativo.
Además, para acentuar todavía más esta nueva denuncia, el infractor, al ser preguntado sobre si tenía la tarjeta PMR para aparcar por derecho propio dijo que sí; Farias, al ir a comprobarlo, pudo observar que no era así: «Cuando se lo mencioné, en vez de reconocerlo o moverse, me cuestionó, se molestó y la situación escaló», explica.
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Josefa, por su parte, menciona que ella no quería trifulcas, sino que «solo quería estacionar y entrar rápido al supermercado», haciendo uso de una plaza de aparcamiento PMR que le corresponde por ley. No obstante, como consecuencia de una actitud alejada de lo cívico de un conductor, «bajé del auto tiritando, con taquicardia, sudando por el estrés y con un impacto físico real».
En esta línea, desvela esta mujer con discapacidad, «el estrés en mi cuerpo no es solo emocional». En su caso también «me afecta el sistema inmune, el colon y mi salud en general, y he pasado por enfermedades autoinmunes que no quiero seguir agravando». No es solo cometer una infracción, es alterar el bienestar y la calidad de vida de esta comunidad.
Respeto y empatía
Lamentablemente, el respeto y la empatía respecto a las personas con discapacidad en temática de las plazas de aparcamiento PMR pasan desapercibidos. Incluso brillan por su ausencia. Y los integrantes de este colectivo no hacen sino denunciar estas acciones para crear conciencia social: «Cumplir la ley también es una forma de cuidar«.
Igualmente, Josefa Farias también ha criticado la reacción del vehículo infractor cuando le comenta que está ocupando un espacio que no le corresponde: «Estoy segura de que si la reacción hubiera sido: ‘Lo siento, no me di cuenta’, mi reacción habría sido completamente distinta«.
En cualquier caso, este nuevo incidente respeto al uso irregular de los aparcamientos PMR pone en evidencia que todavía queda mucho camino por recorrer para sensibilizar y concienciar sobre el grave que problema que supone para los afectados.
«Es sobre respeto, empatía y entender que estos espacios existen porque son necesarios, no porque sean un privilegio», concluye Josefa Farias, con la conciencia tranquila de que tiene el apoyo del colectivo de personas de movilidad reducida y defendiendo sus propios intereses.




