Juan Marino (@jmarino.dc) es un fiel seguidor del Real Betis Balompié, un amor por las ‘trece barras’ que viste este equipo de Sevilla que trasciende de cualquier lógica. Precisamente, esa pasión le ayuda y le hace evadirse de una situación que le afecta directamente desde hace tres años y que tiene su origen en una discapacidad visual.
Una neuropatía óptica hereditaria de Leber, una enfermedad de la vista, le ha robado la capacidad de ver a su equipo sobre el terreno de juego, pero no por ello ha dejado de acudir al estadio para sentir la emoción de disfrutar de ‘su’ Betis. Es una historia de superación, aceptación y afición por un club de fútbol.
El deporte, concretamente el fútbol, ha permitido a Marino refugiarse de su discapacidad y servirle como estado de ánimo. Pese a su juventud, ya lleva varios años lidiando con esta delicada situación que le ha arrebatado el sentido de la vista: «Tengo atrofiado el nervio óptico y no me permite ver. Veo demasiado borroso y no veo con claridad las cosas», reconocía a DAZN.
Agradecer el apoyo sobre su discapacidad visual
Desde que se conociera la historia de Juan Marino, han sido muchos los béticos y aficionados del mundo del fútbol que han mostrado su apoyo y admiración a este joven de Maribañez, un municipio de Sevilla próximo a la capital. Ahora, a través de redes sociales, este joven ha querido trasladar su agradecimiento.
Vivir con una discapacidad visual, provocada por una neuropatía ótica hereditaria de Leber no es sencillo. Ni cómodo. Ni agradable. Es atravesar «una adversidad» en la que su pasión, «el Real Betis Balompié«, le ha servido de refugio. La relación y los sentimientos son recíprocos; incluso, el club contactó con Marino para interesarse por su experiencia.
Él se define como «un joven que está sufriendo, pero que para luchar y para que todo vaya de la mejor manera se pone una sonrisa por delante en su rostro, se pone a su Betis por bandera y escucha mucha música, porque la música ayuda». Su testimonio no deja lugar a dudas sobre lo complejo que es vivir con esta condición.

El camino «es muy duro»; Juan perdió la vista prácticamente de forma repentina desde hace tres años. Sin embargo, para recorrer ese proceso, Marino tiene «a muchas personas que me quieren, que me ayudan y que me apoyan». También valora que le resten peso a su ‘mochila’, ayudándole «a caminar en las circunstancias más duras y más adversas» de su vida.
Tiene la gigante fortuna de estar rodeado de personas que le brindan apoyo y le prestan ayuda permanentemente para superar esta situación que está atravesando: «Están ahí, pase lo que pase, para ayudarme«, agradece Juan, tildando esa posibilidad de «algo inmenso y muy bonito».
Saber que no «estoy solo»
‘Tío, no te preocupes; sigue sonriendo, que vamos a ayudarte‘. Esa es la frase que más emoción le causa a Juan Marino y que en mayor número de ocasiones le trasladan desde su entorno más cercano. Él mismo se ha ganado ese respeto y esa colaboración social que ahora, en una delicada situación personal, está recibiendo.
«Aunque te caigas, te vamos a levantar«, desvela Marino sobre su lidia con la discapacidad visual y el fantástico apoyo que recibe, como si todo el estado de ‘La Cartuja’ -o Benito Villamarín- animase en un único sentido: «Eso te da paz y tranquilidad, y sigo sufriendo, y seguiré cayendo y luchando», indica.
«Me va a doler; va a haber días que no voy a poder mirarme al espejo, que no voy a poder ni levantarme», destaca Juan en su cara más sincera y vulnerable en una honrada declaración, Al mismo tiempo, afirma tener «esa paz de saber que, pase lo que pase, no estoy solo. Y eso es muy bonito».




