La experiencia de Sara Codina con el autismo la expresa ella misma con una simple frase: «Toda una vida sintiéndome diferente a los demás, pero sin entender ni saber explicar en qué». Esa es la sensación que recorría su cuerpo hasta que obtuvo el diagnóstico de Trastorno de Espectro Autista -TEA-, aunque fuese de manera tardía.
Codina, por tanto, ha ido «acumulando agotamiento y frustración» hasta topar con la causa que incendiaba estas emociones. Ha pasado años «analizando, imitando y creando patrones de comportamiento» para intentar ser ‘una más’ en un mundo que no lograba entenderle, intentando encajar en «entornos hostiles para mí«.
De esta manera, con el autismo como causa de esta actitud, Sara se definía como «socialmente correcta por fuera, pero con la ansiedad y la depresión por dentro». Llegó, incluso, a desvirtuar su propia identidad, someterse a una exigencia superior a la que su salud mental le permitía sin encontrar su lugar en este mundo.
Divulgar el autismo desde su diagnóstico tardío
Hoy, Sara Codina ya puede decir que es una mujer con autismo. Realmente, siempre lo ha sido, pero el tiempo le ha permitido ponerle nombre y apellido a esta condición intelectual que perturbaba su comportamiento, relaciones sociales y le instaba a ser una persona alejada de quien realmente es.
Con un diagnóstico tardío de autismo, Codina ha vivido a merced de esta condición que guiaba su vida, «intentando encajar en un mundo que no conseguía descifrar», admite. No obstante, ha logrado revertir la situación y ahora «transformo mi experiencia vivida en divulgación, activismo y formación en primera persona».
A través de la escritura, mediante conferencias y generando espacios de reflexión sobre qué es el autismo y como afecta en la rutina diaria de la persona que lo presenta, Sara Codina habla de este trastorno y la neurodivergencia, «desde una mirada crítica y comprometida con los derechos humanos», indica.
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Por tanto, su actividad profesional gira en torno a la divulgación y sensibilización del autismo y la neurodivergencia. Para ello, ofrece charlas dirigidas a a personas autistas, familias, profesionales y entidades, así como «colaboraciones diseñadas para generar comprensión, cuestionar estigmas y favorecer una convivencia real«.
Ella misma seguía terapias previas a su diagnóstico para calmar la ansiedad, fomentar su confianza en ella misma y trabajar en sus inseguridades. Finalmente optó pro acudir a un centro especializado en autismo -y en mujeres- para revelar qué motivaba su conducta; el resultado, no obstante, fue revelador: Sara era una persona autista. Respiró aliviada.
El autismo, en primera persona
Consecuencia de una vida marcada por la frustración de creer no encajar en la sociedad y de vivir en un mundo que no le entiende, Sara Codina es la creadora de la comunidad Mujer y Autista, un espacio que comenzó como un lugar donde escribir para entenderme tras conocer mi diagnóstico de autismo«, revela Sara.
No obstante, con el tiempo, este blog se ha transformado «en una comunidad desde la que comparto experiencia vivida y divulgación en primera persona sobre autismo y neurodivergencia, generando reflexión y abriendo conversaciones necesarias sobre el espectro del autismo, los derechos y la pertenencia«, expone esta mujer.
No obstante, Codina hace hincapié en que con su historia y experiencia no pretende representar ni abarcar «a todas las personas dentro del espectro del autismo, ya que se trata de una realidad amplia, diversa y heterogénea». De hecho, señala que «quienes compartimos diagnósticos o desafíos similares vivimos experiencias distintas».
Por tanto, la comunidad de Mujer y Autista se ha perfilado como un espacio de compresión del autismo desde la «experiencia vivida, cuestionar estigmas y contribuir a una sociedad más humana, respetuosa y consciente de la diversidad, incluida la discapacidad, que nos conforma como sociedad», finaliza Sara Codina, que comprendió su situación a los 41 años de edad.




