Setecientos ochenta gramos. Ese fue el peso de Marta Eguiluz en el momento de su nacimiento, que se produjo en el sexto mes de embarazo, siendo, entonces, una niña prematura. Además, esa pronta llegada al mundo le iba a derivar en serios problemas de visión -retinopatía del prematuro- que le iban a poner a lidiar con la vida desde que tenía apenas unas horas.
Natural de Haro, en La Rioja, Marta es una joven que este año cumplirá un cuarto de siglo. Lo hará siendo integradora social de profesión para combatir el bullying y el acoso escolar, un aspecto que ella bien conoce. Ahora, no obstante, trabaja como vendedora de cupones en la ONCE, con un grado de discapacidad del 87%.
No obstante, Eguiluz no nació sola, sino que también vino acompañada de su hermano mellizo, quien obtuvo un peso no muy superior: 810 gramos. Desde entonces, y con sus problemas de visión, los padres de Marta optaron por intervenir de la vista a aquella bebé prematura: «Me operaron con días de nacida, lo que no se sabía que en un futuro, sería mi perdición», relata.
Marta Eguilz, una niña prematura y con problemas de visión
La retinopatía del prematuro es una patología ocular que se debe solucionar al poco tiempo de nacer. No obstante, esa es la dualidad a la que se enfrentó Macarena Alaminos, madre de Marta Eguiluz, junto a su marido en aquel momento. No era decisión sencilla, a pesar de que se tomó la opción pensando siempre en el bienestar de la pequeña, hace ahora 25 años.
La cuestión consistía en «decidir si tu hija recién nacida de apenas seis meses de vida se sometía a una cirugía para no quedarse ciega o dejar las cosas como estaban», relata Marta en una publicación en redes sociales. Macarena, por su parte, revela que sus hijos nacieron un día 24 de octubre «y en diciembre ya estaba Marta operada«.
Su familia optó por la primera opción, que era «luchar«. No obstante, ahí se acentuaron los problemas de visión de Marta: «Comienzo a crecer, parches, estrabismo, operaciones»; «la adolescencia, dolores insoportables en los ojos, miles de agujas que se te clavan en las retinas, los médicos te miran, su contestación: ‘No tienes nada, es todo normal’«.
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A medida que pasaban los días, «cosas cotidianas que te pueden parecer fáciles, para mí se convierten en un infierno«. Todo se derrumbó en el mes de septiembre de 2024, cuando Eguiluz no fue «capaz de ver unos fuegos artificiales». En diciembre de ese mismo, le comunican que su campo visual «está totalmente perdido».
«Mi vida se a ido al garrete. Me voy a quedar ciega. No quiero, no quiero dejar de ver las estrellas y esos amaneceres tan bonitos, la sonrisa de mis padres, no quiero dejar de ver todo lo que me hace feliz y me ayuda a seguir adelante», relata Marta, una escritora con problemas de visión.
Para pedir una segunda opinión, Marta desea acudir al «mejor centro oftalmológico de España», que se sitúa en Oviedo. El problema, no obstante, es la financiación. Por ello, cada ayuda es bienvenida para ayudar a esta joven de Haro a recuperar emociones, sentimientos y emociones a través de la vista.
‘La Corona de Cristal’
«Las cicatrices de las anteriores operaciones se han apoderado de mi propio ojo«, explica Marta Eguiluz a la televisión local de La Rioja. Por ello, «el diagnóstico que tenemos es que no hay nada que hacer». Por tanto, la espera es una agonía «porque no sabemos en qué momento me voy a quedar ciega«, lamenta esta joven.
Sin embargo, Macarena se resigna ante esta situación y va a pelear hasta el último segundo para evitar la pérdida de visión de su hija Marta, que nació en Bilbao debido a su prematuridad. En cualquier caso, la situación está marcada por la incertidumbre, porque todas las hipótesis están abiertas: «Sólo se sabe que voy a perder bastante visión, pero no hasta qué punto«, explica Marta.
Igualmente, esta joven también debe convivir «con una enfermedad neurológica funcional y trastorno de la marcha a raíz de un accidente laboral, que afecta a mi movilidad y a mi día a día». Ha tenido que «reaprender a caminar» y a insertar «el andador y la scooter» en los días que el cuerpo no responde.
No obstante, desde que era una niña, Marta siempre ha soñado con poder escribir un libro algún día. A pesar de su profesión de integradora social, Eguilz ya puede presumir de ser escritora de ‘La Corona de Cristal‘, una obra que narra la vida de Sophie, una joven que deberá empezar una nueva vida alejada de lo que a ella le gustaría.
Marta, con un grado de discapacidad del 87% y serios problemas de visión, con el campo visual totalmente perdido, según le dijeron los médicos, se agarra a un clavo ardiendo para luchar por su vista. Lo hará en compañía de Macarena, su madre e inseparable, que promete no rendirse ni resignarse para seguir cualquier rayo de esperanza al que poder aferrarse.




