La historia de Vanessa Almeida es de esos relatos personales que están marcados por la sinceridad en su máximo esplendor, acompañada de la valentía para narrarlo y de la fuerza de voluntad para no decaer y alcanzar sueños que un día fueron simples imaginaciones. Ella misma afirma que «he dedicado mi vida al deporte«, y su porfolio no deja lugar a dudas, cuando desde los nueve años comenzó a navegar en el Club Náutico de Vitoria, su ciudad natal. Su intachable recorrido le permite echar la vista atrás y corroborar que, hoy, ya es regatista, campeona del mundo, entrenadora paralímpica y alpinista con autismo. Además, lidera el proyecto ‘8.000 sin barreras’, a través del cual quiere convertirse en la primera persona con TEA -Trastorno de Espectro Autista- en ascender una de las montañas más altas del planeta: el Manaslu, en Nepal.
Su diagnóstico de autismo de alto funcionamiento, Asperger de altas capacidades, «hoy se llama TEA de grado 1«, expone la propia Almeida, se oficializó hace apenas cuatro años; hoy, Vanessa tiene 47 ‘primaveras‘. Sin embargo, esta deportista subraya que «siempre fui una niña muy distinta«, pero no fue hasta la adolescencia cuando «percibí plenamente que era distinta y no sólo eso, sino que el mundo me veía diferente. Ese impacto me generó problemas y sufrimiento», revela esta vitoriana en declaraciones a la Confederación Autismo España. Como consecuencia de aquella sensación, Vanessa encontró refugio en la vela, una modalidad deportiva en la que se alzó con 3 Campeonatos de España y un Campeonato del Mundo: «Realicé la Preparación Olímpica de Sídney 2000. Y fue cuando el Consejo Superior de Deportes me concedió la Medalla al Mérito Deportivo», expone.
Deporte y autismo
La vela adaptada es otra de los grandes hitos en la vida de Vanessa Almeida, una práctica que descubrió años más tardes y por la que dejó su trabajo como directora de un club náutico para especializarse en este ámbito; así mismo, como en España no lograba encontrar ningún lugar donde centrar sus esfuerzos en esta modalidad, decidió marcharse a Nueva Zelanda durante un periodo de tres meses de formación: «Ha sido uno de los mejore viajes de mi vida«. No obstante, al regresar a su país de origen, «comencé a trabajar para una Fundación, donde dirigía el área de vela y formé dos equipos», expone; del mismo modo, continúa, en declaraciones a la Confederación Autismo España, «me seleccionaron como Jefa de Expedición y Entrenadora del Equipo Paralímpico Español de Vela en Londres 2012, donde conseguimos el primer diploma para nuestro país».
En aquel momento, Almeida tomó la firme decisión de abandonar el formato olímpico y paralímpico porque tenía «un sueño personal»: quería ser madre. Fruto de este deseo nacieron sus hijos, Aria y Alec. «A pesar de los éxitos deportivos, ellos son mi mayor logro; que una persona autista haya formado una familia es, sin duda, mi mayor éxito en la vida», reconoce. Lo dice alguien con una exitosa trayectoria en el deporte de máximo rendimiento. Más tarde llegaría su íntimo vínculo con el alpinismo, que fue como un flechazo a primera vista, prácticamente simultáneo con su diagnóstico de Autismo de Alto Funcionamiento (TEA 1). Vanessa revela que «quedé completamente fascinada por la montaña; fue como si hubiese inventado la pólvora».

«Contacté a un escalador profesional y fue con él con quién empecé a formarme técnicamente e interactuar con la montaña, progresando en aristas, haciendo escalada clásica o atravesando Picos de Europa por completo», indica Vanessa Almeida sobre cómo fueron sus primeros pasos e iniciación en el alpinismo. Como deportista y con una mentalidad siempre ambiciosa, esta vitoriana de cuarenta siete años se propuso «ascender el Mont Blanc y el Cervino en una semana». Lo consiguió: «Dos de las cimas más emblemáticas del alpinismo mundial. Esto me marcó y fue cuando empezó a nacer el sueño de escalar una de las montañas más altas del mundo: un ocho mil», subraya.
Autismo «oculto»
«A veces pienso si realmente tanto sufrimiento mereció la pena«, reconoce Vanessa Almeida. Su testimonio implica un ejercicio de sinceridad y valentía de alto calibre, admitiendo que «cuando fui regatista profesional sufrí mucho en el camino y cuando fui entrenadora del equipo paralímpico español también sufrí porque tenía un autismo ‘oculto’«. No obstante, echando la vista atrás, se debe sentir orgullosa del camino que ha recorrido, siempre acompañada de esa pesada ‘mochila’ que no tuvo nombre y apellido hasta apenas unos años; ahora, esta impecable deportista trabaja para dar visibilidad al autismo con naturalidad. “Yo he pasado por el sistema educativo, universitario y deportivo sin que nadie detectara lo que me ocurría. He vivido una vida sin entenderme, y eso no debería pasar”, lamenta.
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De acuerdo con estas declaraciones, fruto de la experiencia de una persona que ha lidiado con el autismo durante toda su vida, Vanessa Almeida también trabaja para promover la detección temprana y la sensibilización: “Un adolescente tiene que saber quién es, tener las herramientas para comprenderse”, expone. Hablar del autismo es un acto de aceptación y de denuncia: “No se trata de compadecer, sino de comprender”. Ella ha encontrado en la montaña, y en el deporte en general, su refugio, pero confirma que su diagnóstico de autismo, lejos de ser un obstáculo, se ha convertido en su mejor aliado. “Me ayuda a concentrarme, a ser meticulosa, a analizarlo todo. A nivel deportivo, me potencia”, concluye. Es «una mujer deportista, apasionada y muy perseverante».




