A lo largo de la vida de Victoria Rojo, no han sido pocas las veces que la gente se ha acercado a ella para preguntar acerca de sus piernas. Nadie sabía qué le ocurría; simplemente, no las tenía. Ocurría lo mismo en su brazo izquierdo, que también estaba ausente.
Con el paso del tiempo, Rojo ha adquirido la confianza necesaria para poder contarlo sin ningún tipo de filtro ni de tapujo, dejando a un lado el ‘qué dirán’ y siendo consciente de que su revelación se secretos iba a poner en evidencia uno de sus objetivos principales: visibilizar la discapacidad y ayudar a una mejora de la accesibilidad.
Mediante su canal de redes sociales, Victoria ha desvelado que nació con el síndrome de Hanhart, «una enfermedad rara que afecta al crecimiento de las cuatro extremidades, el habla y, a veces, hasta el cerebro«, ha explicado la propia paciente de esta patología.
Victoria Rojo y la sensibilización de la discapacidad
En redes sociales, Victoria ha logrado mostrarse tal y como es. No esconde nada. Enseña sus prótesis de pierna y brazo, algo que no siempre le ha resultado tan sencillo como ahora aparenta serlo, porque ha sido víctima de abuso escolar, risas ajenas y miradas que no escondían ningún bien detrás de ella.
«A mi me falta medio cuerpo«, es capaz de bromear ahora. También manifiesta que tiene la lengua corta, a pesar de que no sea un impedimento para ella: «No me impide hablar hasta por los codos«. Además, su discapacidad fue una verdadera sorpresa en su familia debido a que su posición fetal no permitía augurar esta malformación.
No obstante, su propia madre siempre ha tenido claro que quería que su hija fuese lo más independiente posible, y a los cuatro meses de edad ya contaba con su prótesis en el brazo izquierdo; al año y medio, le colocaron sendos artículos en las piernas. Los tenía que usar con «calzas de neopreno» para que no se le saliese.
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Desde entonces, y en adelante, Victoria ha deseado ser una persona de referencia en el sector de la discapacidad, derribando barreras y esquivando prejuicios y miradas como los que ella misma tuvo que soportar siendo una niña: «A medida que iba creciendo era una adaptación tras otra adaptación«, explica.
Ella tiene «bastante cancha practicando con prótesis«, una circunstancia que le ha permitido, actualmente, ser protagonista de esa independencia que su madre quería para ella cuando nació acompañada de la discapacidad. Así mismo, Victoria Rojo reclama y lucha «por un futuro más accesible y libre de tilingos que nos hacen la vida más discapacitada todavía«.
Orgullosa de sí misma
Si Victoria echase la mirada atrás, se sentiría orgullosa del camino que ha tenido que recorrer y de todo lo que ha logrado. Aun así, también sería consciente de las dificultades del trayecto y de aquellos momentos en los que era la diana del bullying en la etapa escolar.

También vivió la exclusión a lo largo de la secundaria, donde «recibía caras de asco y miradas incómodas«, motivos suficientes para que aquella joven creciera «insegura de mi cuerpo«, como detalla. No le gustaba mostrar sus prótesis; incluso las tapaba para que nadie pudiera verlas ni le hiciese la ‘pregunta del millón’: «¿Qué me pasó?«.
Victoria sentía que sólo se acercaban a ella «por el morbo de saber» su historia. Pero eso cambió el mismo día en el que decidió cambiar la mentalidad y abandonar «la limitación que me ponía yo a mi misma«, expone. Entonces, su mundo cambió radicalmente con una idea muy clara de cómo iba a empezar a vivir.
«Todos e van a criticar siempre sin importar por qué, al menos que lo hagan mientras yo me siento cómoda«. Ahora, Victoria Rojo está feliz y orgullosa de aquella niña que fue y que «me vería y diría que parezco una barbie con partes intercambiables«.




