Ana Tormos Fons se define como una persona «ansiosa por dar visibilidad a la diabetes tipo 1 y a su detección temprana». No le faltan motivos: su hija Valeria es paciente de esta enfermedad desde los tres años de edad, cuando los síntomas empezaron a hacerse visibles y encendieron las primeras señales de alerta. Esta severa patología, como lo explica la propia protagonista, es de carácter autoinmune, es decir, «el sistema inmunitario, que es quien nos defiende de virus, bacterias y enfermedades, está tan cabreado que cuando no tiene de quién defenderse, pasa a atacar, en este caso, a las células beta del páncreas que fabrican la insulina». Una complicación que puede tener efectos muy adversos en la persona que la padece.
Desde el diagnóstico de Valeria, Ana ha tratado de abanderar la visibilidad de la diabetes tipo I, destacando las importantes consecuencias que puede tener, pero al mismo tiempo también afirma que «no hay que compadecerla, hay que entender esta patología y empatizar con sus circunstancias«. También menciona la cantidad de comentarios que reciben los pacientes de esta enfermedad, consecuencia del desconocimiento o de la maldad individual, que pueden provocar daños emocionales y físicos en estos pacientes, por lo que, del mismo modo, Tormos reivindica empatía y un mayor conocimiento de la diabetes tipo 1 dentro de la sociedad para tomar conciencia de la importancia que tiene y del nutrido colectivo al que afecta, superior al medio millón de niños en el mundo, menores de 14 años y con una prevalencia que aumenta un 3% cada año.
El diagnóstico de Valeria
«Yo, del debut, no recuerdo nada, pero ya tengo algunos recuerdos en la habitación del hospital y de una amiguita que hice allí», expone Valeria sobre sus primeros momentos conviviendo con la diabetes tipo I. A pesar de que no tenga grabado en la retina su estancia en la Unidad de Cuidados Intensivos -UCI-, donde permaneció en coma inducido, debido a su corta edad en aquel momento, sí sabe por sus padres «que yo estaba muy grave y ellos no lo pasaron bien«. También se acuerda, al principio de la relación con esta enfermedad, en una situación de hipoglucemia, «cómo le temblaban las manos» a su madre para hacerle «un capilar» -pequeño pinchazo en un dedo para extraer una gota de sangre que luego se coloca en una tira reactiva y se analiza mediante un glucómetro-.
Los primeros síntomas se manifestaron en forma de un cansancio exagerado en Valeria, una permanente sensación de sed y una ingesta de comida fuera de lo normal, «pero siempre había una respuesta para justificar todo esto», indica Ana. Además, esta madre recuerda que por esas fechas «había un virus estomacal bastante extendido, lo que hizo que en un primer momento desde el centro de salud asociaran a éste el cuadro clínico que presentaba Valeria». Horas después, su hija, de tres años de edad, ingresaba en la UCI «sin garantías de nada» y en grave estado de salud. Afortunadamente, Valeria pudo salir hacia delante, aunque sea paciente de una enfermedad crónica que requiere un exhaustivo control rutinario para evitar complicaciones que pongan, de nuevo, en jaque su vida.
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Por tanto, Ana Tormos puede hablar con pleno conocimiento de causa abiertamente sobre cómo es vivir con la diabetes tipo I. Lo hace a través de sus redes sociales, donde se define como una madre «ansiosa» por sensibilizar acerca de esta enfermedad; pero, del mismo modo, también ha tenido la oportunidad de hacerlo desde el Congreso de los Diputados con un claro objetivo: «Empezar a labrar este futuro que queremos«. Así mismo, desde el estrado, Tormos ha indicado que la patología que padece su hija «te cambia la vida porque sólo el que tiene diabetes entiende la diabetes»; igualmente, detalla que «la diabetes te cambia tu entorno: la familia y los amigos, que los pierdes porque no comprenden que tu vida necesita una programación que se hace pesada», lamenta. En definitiva, expone que las personas que padecen esta enfermedad «tienen que volver a aprender cada momento de su vida con diabetes tipo I«, una tarea que no se antoja sencilla.
Visibilidad y detección temprana
«La falta de información sobre la enfermedad se traduce en situaciones discriminatorias que nadie debería sufrir», explica Ana Tormos. Para evitar este tipo de escenarios, pretende alzarse como una figura de referencia para divulgar y sensibilizar sobre la diabetes tipo I y sus efectos en quienes la padecen, con el claro objetivo de que no las sufran más niños y niñas y su detección precoz sea una práctica habitual dentro de la medicina; sólo así se podrá batallar contra este poderoso enemigo. Además, recalca que nadie está exento de padecer esta patología, y por eso es tan importante educar, informar y empatizar con este colectivo: «En cualquier familia puede suceder que alguien llegue a desarrollar esta patología. De hecho, ni en mi familia, ni en la de mi marido hay antecedentes de diabetes tipo I, y sin embargo a Valeria le tocó«, detalla Ana.
Finalmente, esta madre concluye con que «quiero dar visibilidad a esta enfermedad para no padecer ciertas situaciones» y «pedir más formación sobre la diabetes tipo 1, para el personal que trabaja en los hospitales, centros de salud y colegios». Lo hace con toda la razón posible y hablando desde su propia experiencia: «Mi hija entró en la UCI casi en coma por que no conocíamos los síntomas y no supimos detectarlos«. De hecho, le «sorprende» que no exista un decálogo sobre esta grave enfermedad en los centros escolares debido a las «las graves consecuencias que puede tener el no detectarla a tiempo«.




