En una ecografía durante el tercer mes de gestación, María se enteró de que sus niñas, a las que esperaba con tantísimas ganas, iban a ser siamesas. El embarazo, no obstante fue «normal, todo normal«, a pesar de que una vez que ambas hermanas nacieron tuvieron que ser derivadas a otro hospital para recibir terapias intensivas durante cinco días.
Ludmila y Jazmín Soria son esas hermanas siamesas a las que María trajo al mundo. Lo hicieron en un contacto estrecho que, a pesar de ser separadas a los cinco meses de vida, nunca nada ni nadie podrá arrebatarles esa unión, que ya no es física, pero sí emocional y mental. La primera de ellas sufrió complicaciones en materia de salud respiratoria, que fueron atendidas por los doctores.
Sin embargo, cuando medicaron a Ludmila, Jazmín también sufrió esas consecuencias y ambas sufrieron un «paro», que es cuando «el hospital decide hacer la separación«, revela María, su madre, prevista para cuando ambas menores cumplieran el año y medio de vida. No obstante, «la realidad es que hasta los siete años, si no era una, era la otra debido a las secuelas de aquella separación» la que enfermaba con relativa gravedad.
Una infancia en el hospital
Pueden contarlo y hablar de ello, que no es poco. La infancia de Jazmín y Ludmila, hijas de María y hermanas que nacieron siamesas, estuvo marcado por las «muchas intervenciones» a las que fueron sometidas y a las largas sesiones de terapia que tenían que enfrentarse. Han pasado una época en la que «vivíamos en el hospital«, definen.
Llegaron al mundo con cierta prematuridad -semana treinta y cuatro de gestación- y como consecuencia de una cesárea programada para evitar males mayores. María también comenta que tiene dos hijos más grandes, pero que el caso de Ludmila y Jazmín tenía más control por ser de «alto riesgo», a pesar de que la sospecha de que pudiesen ser gemelas era alta debido a que existen varios casos en su familia.
De esas intervenciones, precisamente, la que conllevaba una mayor tasa de riesgo era la que debía separar sendos cuerpos para comenzar a vivir de manera independiente por primera vez: «Cuando las vi salir a las dos sentí un alivio increíble«, expone María ante ‘Todonoticias’.
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El miedo se apoderó de la familia; más bien, la incertidumbre. Pero Ludmila y Jazmín nunca se separaron sensorialmente, por lo que avanzaron unidas. Más tarde, el deporte haría acto de presencia en la vida de estas hermanas siamesas al nacer para no desaparecer nunca más: «Queríamos hacer algo porque íbamos al colegio, volvíamos y nada más«, narran.
El deporte adaptado, no obstante, se ha perfilado como una vía de escape o puerta de salida para sendas hermanas, que han sufrido comentarios, miradas y actitudes cercanas al acoso y al bullying por ser de una manera diferente a los demás. Ellas son especiales y se quieren, se respetan y se admiran entre sí y a ellas mismas.
Estrellas del deporte adaptado
Jazmín inició en el baloncesto adaptado; Ludmila -Ludmi- en natación y boccia. Cada una de las hermanas, en su modalidad, han podido competir en diferentes torneos de renombre, defendiendo los colores de su país y enfrentándose a rivales que no le han puesto las cosas fáciles, pero siempre haciendo gala de los valores del deporte: dejar hasta la última gota de sudor, pero con el respeto que merece el contrario.
Entre lágrimas de emoción que exponen las complicaciones que pasaron en su infancia, Jazmín y Ludmila reconocen que ese polideportivo donde tomaron contacto con el deporte por primera vez se ha vuelto «ese lugar donde nos pudimos refugiar porque no tuvimos una infancia normal«.
Igualmente, además de brillar en el deporte adaptado, ha sido la práctica de esta actividad la que les ha permitido «fluir y encontrarse consigo mismas» para cerrar los episodios de acoso que enfrentaron en la escuela: «Nosotras venimos acá y nos olvidamos de absolutamente todo, estoy totalmente agradecida«, dicen ante Todonoticias.

Finalmente, estas hermanas han pasado por etapas inusuales en la vida de una persona desde, incluso, el momento previo al nacimiento. Esa unión es inseparable e imborrable y así se encargan de demostrarlo con hechos y palabras, unidas por la discapacidad y por la silla de ruedas, pero también por el amor entre ellas.
Ludmi es todo, es prácticamente mi otra mitad, siempre fuimos muy unidas, siento orgullo por ella, siempre voy a estar orgullosa porque la quiero muchísimo, es todo, siempre que no estoy con ella, siento que me falta algo», admite su hermana Jazmín.




