Magdalena y Fran son los padres de Vicente, una pequeño ‘gran campeón’ que nació con el síndrome de Cloves, una enfermedad congénita y poco común que se caracteriza por un crecimiento excesivo de tejido y anomalías vasculares complejas. Esta patología iba a suponer numerosas complicaciones a lo largo de la vida de este menor.
El embarazo de Magda Capatti no tuvo mayores complicaciones, a pesar de que ella no disfrutaba el hecho de estar embarazada: «Tuve diabetes gestacional«, revela. Ese pudo ser uno de los motivos de la ausencia de emoción durante las primeras treinta semanas.
Llegados a ese periodo del proceso de gestación, Magdalena y Fran acudieron a una ecografía de control para contrastar que los buenos augurios no eran en vano y verificar que el bebé estaba sano. No obstante, «el ecografista, que fue «muy meticuloso y profesional», comenzó a observar en la pantalla aspectos que le terminaban de agradar, fruto de los gestos que hacía. Eso hizo saltar todas las alarmas.
El nacimiento de Vicente
«Más allá de lo que nos habían contado», el nacimiento de Vicente iba a ser el punto de encuentro, por primera vez, de unos padres primerizos con su hijo recién nacido. Al segundo de tenerlo en sus propios brazos, Magda vio «los ojos más lindos que se pueden crear en el universo«. Y no vio nada más por no «poder procesar todo lo demás».
Tras las primeras sesiones de contacto maternofiliales, los médicos se llevaron al recién nacido Vicente a otra habitación para examinarlo y estudiarlo; mientras, la plantilla de enfermería y matronas que habían atendido el parto de Magda «quisieron distraerme un poco». Sin embargo, no fue sino revelar, indirectamente, la discapacidad de su hijo.
Una de esas profesionales mostró a esta madre «una planilla» donde se apuntaban los datos de Vicente y los valores que había tenido en diferentes pruebas. Una de ellas era «la huella del pie del bebé», indica Capatti. Lo vio con sus propios ojos y lo explica con sus propias palabras: «La huella de Vicente tenía el tamaño de mi palma y escapaba todos los límites de ese cuadradito».
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Precisamente en ese momento, los padres se percataron de que su hijo «escapaba de las normas» y de lo establecido como ‘normal’. De hecho, narra Magda, «la enfermedad de Vicente le genera sobrecrecimiento en las piernas y en los pies, malformaciones vasculares y linfáticas y una mancha muy grande en su pierna«.
Tras el parto y el pertinente reposo, Magda salió del hospital sin su hijo recién nacido: «Me resultó muy antinatural», pero entendía que era por su propio bien y el cuidado de aquel pequeño. Recuerda que estaban tranquilos porque sabían que Vicente estaba bien, pero «necesitábamos entender un poco más los impactos de la enfermedad«.
«Nos fue sorprendiendo»
Tras el correspondiente alta hospitalaria, Magdalena y Fran ya pudieron iniciar su andadura como padres en casa. En general, «Vicente nos fue sorprendiendo para bien», relata su madre, por lo que «cada pequeña cosa era una victoria espectacular» en esta familia. No era para menos.
El pequeño gateó «relativamente a tiempo, a pesar de tener una pierna más pesada que la otra» y también se lanzó a andar en la época que, según los doctores, debía hacerlo. Hoy, Vicente es de esos niños que «pestañeas y se te subieron a una mesa».
Tiene mucha energía y su madre lo define como «muy curioso». A pesar de su breve edad, Vicente ya ha demostrado que «tiene humor, entiende el sarcasmo y te sigue el juego«. En definitiva, «es un niño inquieto al que le gusta desordenar toda la casa y jugar por todos lados«. Lo normal de un niño de su generación.
En cualquier caso, Magda está aprendiendo «a qué responder» cuando alguien le pregunta sobre la dimensión y el tamaño de los pies de su hijo Vicente. No es una tarea sencilla, especialmente cuando las preguntas vienen acompañadas de palabras mal sonantes o miradas y comentarios dañinos. Pero sabe que «lo que yo responda hoy va a formar parte de lo que Vicente construya de su relación con su enfermedad«.
Por tanto, la llegada al mundo de Vicente estuvo fielmente acompañada de un diagnóstico que les cambió la vida para siempre a Magdalena y a Fran, sus padres. Entre miedos, aprendizajes y mucho amor, han descubierto que la verdadera fortaleza está en acompañarse y en aceptar lo que la vida trae, ofreciendo a este pequeño una dosis diaria de resiliencia y esperanza.




