No es lo usual ni lo frecuente, pero sí que es real. Daniela Aza es un ejemplo de como la discapacidad y la maternidad no tienen que estar necesariamente reñidas, a pesar de que, aparentemente, sean dos términos alejados de forma abismal y con remotas probabilidades de unirse en una sola persona.
Sin embargo, su historia trasciende más allá y ha sido capaz de encontrar su sitio profesional en el mundo y su lugar dentro de la maternidad gracias a su hijo Lucas y a su pareja Jonatan: «Nadie podía saber, ni siquiera los médicos, la firmeza con la que mis pies iban a pisar y el poder que iba a tener para dejar huella», revela sobre su discapacidad Daniela.
Además de su principal rol como madre de un niño de apenas un año de vida, Daniela Aza también es licenciada en Comunicación -UBA-, facilitadora en discapacidad y diversidad, speaker motivacional y creadora de contenido para las plataformas de redes sociales. Su recorrido vital, no obstante, es una historia que se ha de conocer y reconocer por no haber desistido en su mayor deseo.
Daniela Aza, una ‘mamá’ con discapacidad
A través de la Artrogriposis Múltiple Congénita, Daniela ha tenido que lidiar y convivir con la discapacidad desde que era una niña, creyendo que todos sus deseos y planes de vida se iban a desvanecer, entre otras ideas, por las bajas esperanzas que le otorgaban los médicos de poder ser independiente y poder caminar.
Esta patología, no obstante, se define por ser una condición que afecta a las articulaciones, generando contracturas. Sin embargo, la propia ‘mamá’ de Lucas estima que «un diagnóstico negativo, con incertidumbre y pesimismo, no fue un impedimento para lograr todo lo que me propuse: caminar, hacer deporte, jugar, estudiar, luego casarme».
Sin embargo, ese trayecto que ha recorrido Daniela Aza no siempre ha sido sencillo y ha tenido importantes escalones y barreras que sortear para no decaer en su intento. Se ha tenido que someter a 15 intervenciones quirúrgicas, diferentes tratamientos y sesiones de rehabilitación; pese a ello, siempre se ha sentido acompañada de un entorno «que fomentó mis capacidades y no mis debilidades», detalla Daniela.
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Por tanto, Aza siempre lo creyó y ahora se ha hecho palpable su idea: «Un diagnóstico no iba a ser destino», a pesar de que hubo quien dudaba sobre sus posibilidades en la vida y las remotas probabilidades de vivir la maternidad. Con perspectiva, ya trabaja para ser parte de «un mundo más inclusivo, solidario y respetuoso».
«Frente a una sociedad que me invitaba a verme desde el rechazo y me enfrentaba a obstáculos, percibí que estaba en mis manos el poder para decirle al mundo quién era», declara Daniela. A aquella mujer no le quedó más remedio que «ser resiliente, aceptar y transformarme«, lo que le dio «la posibilidad de aprender del pasado para vivir el presente y proyectar mi futuro».
El camino hacia la aceptación
«Mi discapacidad me atravesó y me trajo un mundo de desafíos y aprendizajes«, detalla Daniela Aza. Y a la vista está. Le dijeron que «no iba a caminar y se equivocaron». Por ello, desde el año 2018, esta mujer y madre de Lucas «derribo prejuicios, barreras, mitos e inspiro a través de las redes sociales», ayudando a miles de personas en su camino hacia la aceptación, el amor propio, la resiliencia y la superación de los obstáculos».
En esta línea, Daniela Aza también persigue un objetivo a través de su propia experiencia, puesta al servicio de los demás: «Ayudar a construir un mundo más inclusivo, solidario y respetuoso de las diferencias». Como mujer y madre con discapacidad, ella es el ejemplo ideal de que sendos términos sí pueden ir de la mano.

Así, Daniela concluye con que las personas con discapacidad «no somos responsables por las decisiones, acciones o actitudes en un mundo que no nos aloja o da la bienvenida». Ella cree y defiende que «no tenemos que ‘pensar antes’«; más bien, ella dicta que «es el entorno el que debe estar preparado para todas las personas que deben poder convivir sin barreras ni obstáculos«.




