Mael es un niño que vive en Asturias. Sin embargo, también reside en el corazón de cada persona que tiene la oportunidad de conocer su historia y, mucho más, en quienes pueden gozar de la fortuna de hablar con él y su familia. Pese a perder los brazos y piernas por una meningitis, este pequeño no logra borrar la sonrisa de su rostro.
Siempre respaldado por su padre, Pablo;por su madre, Nerea; y, también por su hermano pequeño, Olai-, Mael está enseñando al mundo cual es el verdadero significado de la palabra inclusión. Lo hace desde su ejemplo de superación, otorgando toda la normalidad posible a su discapacidad. No tendrá manos ni pies, pero sí tiene una actitud que eriza la piel pese a su corta edad.
En esta última ocasión, Mael ha recibido una lección de humanidad e inclusión en su visita al colegio donde, tras un tiempo alejado de estas aulas por su recuperación, ha podido regresar con sus compañeros, que tenían preparado para él una grata sorpresa que pone de manifiesto la importancia de apostar por la educación de la discapacidad desde bien temprano.
La inclusión, «mirar de igual a igual»
Cuántas veces resuena la palabra ‘inclusión‘ ligada a al colectivo de la discapacidad y cuántas veces no se cumplen todas las promesa que parecen estar cerca de hacerlo. Por ello, las personas y las familias sujetas a la discapacidad son quienes están abanderando este movimiento, luchando por fomentar actitudes inclusivas.
Además, como un término de carácter universal que es, hacer una sociedad más inclusiva repercutirá en el bienestar común. Mientras, los niños, que siempre dicen la verdad, siguen demostrando que quien quiere, puede. Mael ha sido testigo de una lección de inclusión y humanidad que su familia ha querido compartir.
Sostenido por sus prótesis de piernas y brazos, el pequeño Mael puede presumir de haberle ganado la partida de la vida al ‘dragón’ del meningococo, aunque le dejase cicatrices de por vida. Ahora, en su regreso al colegio, ha tenido un precioso reconocimiento: «Mensajes que hablan de respeto, de admiración, de normalidad. De inclusión real«, indica su padre, Pablo.
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Y esto ha sido posible porque la inclusión, como los niños, no comprende las medias tintas: o se apuesta por ella o jamás llegará a ser una realidad. Y así lo explica la familia de este pequeño asturiano: «Los niños han entendido algo que a los adultos a veces nos cuesta años aprender: que la inclusión no va de lástima, va de mirar al otro de igual a igual«.
La noticia de la amputación de las cuatro extremidades de Mael fue, sin duda, un jarro de agua fría para esta familia. Pero la tenacidad y el comportamiento que han adoptado para que su hijo no perdiese ni un ápice de esperanza y de felicidad es realmente admirable y merece ser contado y reconocido. Pablo y Nerea son los ‘héroes‘ de ese pequeño ‘guerrero‘ en su particular batalla contra el ‘dragón’ del meningococo.
Sembrar el futuro
Los niños son los adultos del mañana. Por tanto, si aspiramos a ser una sociedad que se guíe por la inclusión y la accesibilidad de personas con discapacidad, no parece mala idea educar en estos valores a los más pequeños desde ya. Así se podrá «sembrar el futuro», como indica la familia de Mael.
No obstante, a pesar de este bonito gesto del Colegio Santa María de la Providencia con Mael, donde los alumnos han escrito unas cartas llenas de sensibilidad, lo cierto es que quien está ligado a la discapacidad sabe que todavía falta mucho recorrido por delante en esta materia.
«A mi si me pasara lo mismo también me gustaría seguir adelante con una sonrisa como tu«, expresa una de estas misivas; «Me has enseñado que hay que valorar lo que tenemos, eres un niño muy risueño, no paras de sonreír, ni en los malos momentos», detalla otra carta. Los niños cumpliendo, de nuevo con el dicho: Siempre dicen la verdad.
Aún falta un largo «camino para las familias, camino para nosotros, los padres y madres, y camino para la sociedad«, expone Pablo, padre de Mael. Y esto, mientras, debe ser la asignatura obligatoria de cada clase: «La verdadera inclusión no se exige: se trabaja, se enseña y se vive cada día.




