Las personas con discapacidad suelen desarrollar una impresionante y admirable capacidad para realizar determinadas acciones que no puede ni debe pasar desapercibida. Tal vez, ese sea el secreto de la autonomía o de la independencia a la que se aspira: intentar hasta conseguir lo que se desea.
Sin embargo, en otro amplio porcentaje de ocasiones, esa independencia es fruto de la falta de accesibilidad. Marta Sevilla es una joven de 27 años con discapacidad que vive en Mallorca y que ha denunciado la ausencia de un ascensor en su bloque de viviendas, algo que le exige un esfuerzo extra para bajar hasta la puerta de entrada.
Hace apenas algo más de dos años, Marta quedó en estado de tetraplejia durante dos meses debido a una «enfermedad autoinmune rara«, quedando a merced de su familia para cualquier acción rutinaria, como «dar de comer, cepillarme los dientes o ajustarme las gafas», indica.
La independencia de Marta Sevilla, joven con discapacidad
Sin previo aviso, Marta Sevilla pasó de ser una chica completamente normal y de tener su vida diseñada a convertirse en una integrante más del colectivo de la discapacidad y a divulgar una inclusión real desde su silla de ruedas. Este tiempo no ha sido, ni mucho menos, un camino de rosas.
«Ha habido momentos en los que creía que mi vida carecía de sentido«, explica la propia Marta en redes sociales; al mismo tiempo, reconoce que «lo volví a encontrar». Ese proceso le invitó a pensar que real y mentalmente no era tan fuerte como se pensaba, pero «me equivoqué».
Y esa mentalidad es la gota que ha colmado el vaso de su independencia. Marta vive en un segundo piso sin ascensor en Mallorca, ya que el hueco es demasiado pequeño para su instalación, por lo que debe bajar las escaleras por una silla adaptada a la barandilla. Pero, como paso previo, debe desmontar y volver a montar su silla de ruedas para auparse al otro accesorio.
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Esta situación, no obstante, reconoce que «no es la habitual, pero cuando no queda otra, aprendo a hacerlo sola«. La mayoría de las veces sus padres o su pareja le ayudan a bajar y subir la silla, «pero hay días que no queda otra», admite.
«Desmonto, bajo, vuelvo a subir, lo organizo todo, vuelvo a bajar, monto la silla y salgo». Ese es el itinerario que debe hacer Marta Sevilla para salir de su casa los días en los que no puede depender de nadie que le brinde ayuda: «No es lo ideal, pero es autonomía, y saber que puedo hacerlo cuando hace falta también es libertad«, recalca.
Enfrentar y superar miedos
La vida de cualquier persona está orientada en torno a la superación de miedos, que previamente han de ser identificados para poder hacerles frente. Marta Sevilla, desde su perspectiva de persona con discapacidad, también ha enumerado una serie de situaciones en las que ha sentido el miedo en primera persona.
«No quiero decir que los he superado, porque son una lucha continua, pero aquí sigo». Marta anuncia su miedo a «salir y disfrutar» de la vida desde su silla de ruedas, un aspecto que le ha costado trabajo entender, pero que lo ha logrado gracias a su familia, amigos y entorno más cercano.
También menciona el miedo «a no ser suficiente y no estar a la altura«, un sentimiento normal y humano, pero que ha sabido plantarle cara. Como persona con discapacidad, Marta Sevilla no se olvida de la sensación que es ser el centro de las miradas de la gente, sin saber qué podrán estar pensando sobre ella.
El miedo de «aceptar que he cambiado» también ha estado presente en su rutina, acompañado de de las eternas comparaciones con los demás y el temor de «no ser aceptada«. Con su juventud y sus ganas de vivir, Marta Sevilla puede estar orgullosa de quien es y de todo lo que ha conseguido. Y de lo que va a seguir consiguiendo, por ella y por quien lo necesite.




