La maternidad, de por sí, ya es una tarea tan sumamente enriquecedora como compleja. En el caso de Laura Moldes Orgaz, con 39 años, si cabe, esa dificultad es todavía más añadida: es la madre de Claudia, Noah y Hugo, tres hijos que le «cambiaron la vida» y de los que los dos últimos presentan un cuadro de discapacidad.
Noah es una niña con parálisis cerebral y sordera profunda, que ahora comienza a comunicarse con una tablet a través de su mirada; Hugo, por su parte, es el pequeño de la familia y cuenta con discapacidad auditiva, implantes cocleares, parálisis cerebral y autismo.
Hugo, precisamente, también tiene una «fuerza enorme que, a veces, se convierte en tormenta». En este sentido, su madre ha querido compartir una petición en favor de los alumnos con Trastorno de Espectro Autista -TEA- en los colegios y centros educativos. El objetivo no es otro que reivindicar mayores medidas que fomenten su bienestar.
La petición de Laura sobre el autismo
Los hijos de Laura son «mis grandes guerreros», y no es para menos. Claudia, la hermana mayor, es la figura que ayuda a su madre en las tareas con Noah y Hugo, haciendo gala de una madurez que, tal vez, no es propia de su edad, pero que la vida le ha obligado a desarrollar.
De acuerdo con el autismo de Hugo, Laura ha alzado la voz en su perfil de redes sociales para exponer una petición muy nítida que afecta a los niños con esta condición intelectual y que formen parte del alumnado de centros escolares, ya sean o no de atención especial.
En esta línea, Laura ha querido recalcar su mensaje, cuya petición reside en solicitar «más recursos y más profesionales en los colegios y más apoyos en la vida diaria» en favor de los niños con autismo. La base de este enunciado reside en otorgar a cada alumno las herramientas necesarias para su desarrollo, fomentando así la inclusión.
Las personas que tienen un diagnóstico de autismo merecen el mismo respeto y el mismo trato que el resto, más si se trata de menores de edad o de alumnos en centros escolares, quienes, seguramente, requieran de una serie de adaptaciones a su condición para desarrollar sus capacidades y habilidades, como indican los profesionales.
Por tanto, el mensaje de Laura es poderoso y subraya una asignatura pendiente en la sociedad y en el ámbito educativo: la falta de recursos y apoyos para atender las necesidades de los niños con necesidades especiales, como puede ser el autismo. La inclusión no es integrar, sino dar a cada persona las herramientas que necesita.
Hugo, un niño valiente
Nadie mejor que Laura, su madre, para definir a Hugo. Ella lo hace con tres conceptos que moldean su personalidad: «Movido, simpático y amorosos». También le tilda como «un niño valiente» debido a la adversidad que tiene por delante en su vida, que se ha manifestado a través de la discapacidad.
Su cabeza «va a mil por hora«, estima Laura, quien expone cómo fue el momento en el que recibieron el diagnóstico de autismo: «Empezamos a entender cosas que antes no sabíamos leer; ahora sé que cuando mueve los ojos, la cara, la cabeza no es un tic, sino un aviso, Viene una crisis«.
Esas «crisis» no son enfados, «sino sacudidas de su propio cuerpo» y «momentos duros que acompañamos como podemos«, detalla esta madre. Luego, con la calma después de la tormenta, «llegan sus sonrisas, besos y abrazos» para recordar que «por encima de todo, es un niño«.
Hugo tiene autismo, parálisis cerebral y sordera profunda. «Va en silla de ruedas, usa andador a ratos y lucha cada día con un mundo que muchas veces no está pensado para él», una realidad que insta a Laura a gritar que «la inclusión no es favor. Es una necesidad«.




