Con 15 años, cerca de las puertas de la mayoría de edad y casi despidiéndose de la adolescencia, Santi Fori Noreña tuvo una caída desde una notable altura en una de las instalaciones de un parque de juegos que le causó una lesión a la altura de la vértebra cervical 4 y 5. Sin augurarlo, ya formaba parte de la comunidad de la discapacidad.
El relato sobre aquel accidente es realmente imponente; sus amigos le advertían del riesgo que estaba cometiendo al no estar agarrado a ninguna protección, pero él, con la valentía propia de la edad, estaba seguro sobre sí mismo. Minutos más tarde, una caída y un mal apoyo le causaron una cuadriplejia.
Ahora, la madurez de la edad y los años de convivencia con la discapacidad le permiten mandar un mensaje de positividad en redes sociales, donde ya ha creado una importante comunidad que respeta y comulga con sus ideas de superación y adaptación a una vida en silla de ruedas, desde donde divulga la inclusión.
Divulgar la discapacidad con positividad
Hablar de discapacidad no necesariamente tiene que estar arraigado con una sensación de tristeza o dramatismo; también tiene un componente de felicidad que, seguramente, haya que ir descubriendo con el paso del tiempo, una vez que la aceptación haya hecho acto de presencia.
En la historia de Santi Fori, la positividad se manifestó al poco tiempo de salir del hospital. Allí permaneció ingresado alrededor de siete meses, donde la primera semana estuvo en estado de coma inducido; más tarde, a medida que iba respondiendo, aunque fuese ligeramente, llegó la impotencia de no poder comunicarse.
Ni verbal ni mediante gestos, la vida de Santi estaba a merced del destino y de la discapacidad. Su sueño de ser futbolista se había quebrado para dar paso a una realidad que sí podía palpar: fomentar la normalidad de vivir en silla de ruedas y demostrar que, así, también se puede ser feliz.

Precisamente, su mensaje recalca la idea de querer siempre ayudar a personas en una situación similar a la suya. Según explica, cuando él comenzó a tomar conciencia de qué es la discapacidad y cómo convivir con ella, echó en falta la presencia de otros miembros del colectivo que le pudiesen dar apoyo y hablar abiertamente sobre esta condición.
Reconoce que «desde el pecho hasta los pies no puedo controlar ni sentir nada» y que desde hace once años, la silla de ruedas se ha convertido en su herramienta para ser independiente. Necesita ayuda para «vestirme, bañarme e ir al baño», aunque también «probar experiencias nuevas y salir de la zona de confort».
Ser feliz sin importar las circunstancias
En el momento del accidente, Santi Fori recuerda que se encontraba plenamente consciente, indicándole a sus amigos que no podía mover ninguna parte de su cuerpo y que, por favor, llamaran a una ambulancia. De hecho, invita, en situaciones como esta, a «no mover» a la persona que se encuentra en este estado.
También rememora que llamó a sus padres: su madre se encontraba en España, creyendo que la noticia no sería de la magnitud que finalmente fue; rápidamente voló hasta Londres, donde vive Fori, para acompañarle en este largo proceso de recuperación y ‘nacimiento’, como expone, que se intuía.
A medida que iba tomando conciencia, este joven señala que la discapacidad «me ha hecho madurar» desde una edad muy temprana, «forjar un carácter y aprender a ser positivo sin importar las circunstancias». Del mismo modo, ahora le saca «una sonrisa a las desgracias, sin victimizarse» y es una persona «feliz sin importar lo malo«.




