Acompañar o brindar ayuda a una persona con discapacidad es un gesto que, a pesar de la bondad que se presupone que esconde, debe ser previamente analizado y requiere un ejercicio para no errar en el léxico que se va a pronunciar. No se puede invadir el espacio o la privacidad del receptor.
Los expertos en esta materia indican que a la hora de prestar un apoyo o acompañamiento a una persona con discapacidad, la prudencia es un aspecto realmente importante: no se puede dar nada por sentado y siempre hay que preguntar antes de actuar, respetando el tiempo, espacio y autonomía.
Por tanto, Karen Granados, mediante el perfil de redes sociales de Biogrip Tech comparte la perspectiva psicológica de cómo apoyar desde el respeto, la empatía y la escucha al colectivo de la discapacidad. A pesar de ser una acción que abandera la buena intención, la puesta en escena no siempre es la correcta.
Acompañar a una persona con discapacidad
A la hora de acompañar a una persona que presenta una discapacidad sin querer invadir su espacio o privacidad, Karen Granados estima que la simple presencia ya es un gesto que el receptor de esa ayuda valora de forma muy positiva, sin necesidad de actuar.
Respetar la «autonomía, decisión y ritmo de adaptación» es uno de los principales aspectos que se deben tener en cuenta; ser prudente, cauto y cuidadoso con las palabras que se van a usar y el momento en el que se van a emitir también adquiere una dimensión a tener muy en cuenta en estas situaciones.
Por tanto, Granados ofrece una serie de consejos a la hora de querer acompañar a una persona con discapacidad en un momento dado. En primer lugar, indica el hecho de «ofrecer ayuda en lugar de imponerla«; se antoja fundamental no intuir, sino observar de manera global si realmente ese individuo requiere un apoyo.
La clave reside en respetar el poder de decisión para elegir «cuando necesita ayuda y cuando no», expone Karen Granados. Acto seguido, menciona el gesto de «escuchar sin juzgar«, permitiendo a esa persona expresar emociones y sentimientos: «Es un acompañamiento más que valioso» para esa persona con discapacidad.
Finalmente, «respetar procesos y ritmos» es un factor diferencial en este sentido: «Cada persona se adapta de diferente manera», por lo que no se deben imponer o suponer creencias, valora esta psicóloga sobre el acompañamiento al colectivo de la discapacidad.
Apoyar, pero no sostener
«El acompañamiento se trata de apoyar, no de sostener por completo», recuerda Karen Granados sobre la comunidad de personas con discapacidad. También incide en la importancia que tiene la autonomía para este colectivo, un aspecto de suma importancia también en el plano emocional.
Por tanto, brindar un correcto apoyo fortalece la independencia y la confianza de la persona receptora de esta ayuda: «Acompañar sin invadir implica estar disponible, escuchar, ofrecer ayuda cuando es necesario y respetar la autonomía junto a los procesos de la persona», informa.
Por tanto, las personas con discapacidad siempre van en busca de su autonomía y desarrollo personal, lo que evidencia que acompañar o brindar apoyo por un ‘externo’ es un gesto que, previamente, debe ser observado y estudiado, según qué situaciones.




