Raúl, con un 58% de discapacidad y movilidad reducida: «Me dejaron una nota en el parabrisas llamándome caradura por aparcar en la plaza PMR por ir andando»

Raúl tiene 44 años y hace quince le diagnosticaron espondilitis anquilosante, una enfermedad inflamatoria que ha ido fusionando poco a poco las vértebras de su columna. Hoy apenas puede girar el cuello o agacharse, sufre dolor crónico y tiene reconocido un 58% de discapacidad y la movilidad reducida.

«Desde fuera parezco un tío de mediana edad que anda un poco tieso. No llevo bastón ni silla. Pero no puedo caminar más de cien metros sin que el dolor me paralice la espalda», explica Raúl a Tododisca.

«Caradura, la plaza es para minusválidos de verdad»

Hace unas semanas aparcó en una plaza reservada frente a su centro de fisioterapia, con su tarjeta bien visible. «Cuando salí había un papel doblado debajo del limpiaparabrisas. Ponía: “Caradura, la plaza es para minusválidos de verdad”. Así, con mayúsculas y subrayado», relata.

Raúl reconoce que la nota le afectó más de lo que esperaba. «Llevo años peleando con esta enfermedad, con brotes, con tratamientos biológicos, con días sin poder levantarme de la cama. Que alguien que no me conoce decida que no soy de verdad me hizo mucho daño», cuenta.

No todas las discapacidades se ven

Muchas enfermedades reumáticas, neurológicas, cardiacas o respiratorias generan una movilidad reducida que no se aprecia a simple vista. La tarjeta de estacionamiento se concede tras una valoración oficial del grado de discapacidad y de la movilidad, no por la apariencia de la persona.

Si alguien sospecha de un uso fraudulento, lo adecuado es avisar a la Policía Local, que es quien puede comprobar si la tarjeta es válida y si su titular está presente. Como recuerda Pablo Tovar, el respeto a estas plazas también pasa por no convertirse en juez de nadie.