Presentado y conducido por el popular creador de contenido Xuso Jones, ‘Lo sabe, no lo sabe‘ ocupa un importante espacio en la parrilla televisiva en España. Como programa de entretenimiento, cada día convoca a miles de personas frente a la pantalla para tratar de dar respuesta a una serie de preguntas que no siempre son sencillas.
En uno de sus recientes programas, el presentador se topa con José Luis, un joven de 35 años que trabaja como vendedor de cupones de la Organización Nacional de Ciegos Españoles –ONCE– debido a la severa discapacidad visual, teniendo reconocido un grado del 82% como persona ciega.
Con el reto de alcanzar los 50.000 euros de premio, José Luis va a ganar algo más que el bote del programa: el reconocimiento y la oportunidad de reclamar la importancia de la accesibilidad en los espacios públicos para las personas ciegas. En el programa de ‘Cuatro’ propondrá medidas, ideas y aplicaciones que mejorarían su bienestar.
La accesibilidad en la vida de personas ciegas
Acompañado de su bastón, José Luis aparece junto a Xuso Jones para comenzar las exigentes pruebas del programa. Para ello, el presentador le trasladará una serie de preguntas y el concursante deberá encontrar a personas que, bajo su criterio, crea que pueda conocer o no la respuesta.
«¿Qué cosas deberían cambiar en las ciudades para que fueran más accesibles?», le traslada el conductor del programa a José Luis, persona ciega. El joven, en primer lugar, partidario de fomentar la accesibilidad en todos los espacios, invita a poner «marcas» en el suelo, como «en el metro» o en la vía pública.
Ese pavimento podotáctil cobra una magnífica importancia en los usuarios de bastón para poder reconocer el suelo e identificar en qué zona de la acera se encuentran, aunque también se pueden guiar por los estímulos sonoros, siempre que no exista mayor problema de audición: «Si vamos con el bastón te están guiando hacia donde dirigirte», señala.

Precisamente, esos estímulos sonoros también forman parte de la accesibilidad para personas ciegas; si no existen o no están instalados en los semáforos, «te animas, viene un coche y te lleva por delante«. Ocurre lo mismo con las líneas urbanas de autobuses, en los que algunos vehículos no señalan, mediante voz, qué número es y qué recorrido tiene.
Por tanto, la accesibilidad es un aspecto extremadamente fundamental para el bienestar y calidad de vida de las personas ciegas o con cualquier otra discapacidad. De cualquier modo, ese concepto es universal y abarca a todos los colectivos, que podrán ser beneficiarios de estas medidas. No es un capricho, sino un derecho.
De la normalidad a «un mundo»
La falta de accesibilidad en las ciudades puede ser entendido como una forma de discriminación social a las personas con discapacidad. José Luis, que es una persona ciega, ha podido expresar sus emociones en un espacio de televisión, afirmando que la ausencia de estas medidas «se te puede hacer un mundo».
El objetivo es crear una sana convivencia entre todos los ciudadanos. Para ello, hay que dotar de las herramientas y de las adaptaciones necesarias a aquellos individuos que reclaman estas ayudas para explotar todo su potencial y desarrollar sus capacidades y habilidades. Eso es accesibilidad e inclusión. No piden más que igualdad.
Finalmente, para sortear situaciones perjudiciales a un amplio colectivo de la sociedad como es el de la discapacidad, las entidades y administraciones deben seguir instando a adoptar comportamientos y actitudes en favor de la accesibilidad, así como allanar los espacios públicos y eliminar barreras arquitectónicas.




