«Lo que te hará llegar lejos no será tu estatura, será tu mentalidad y tu confianza«. Esa frase la tiene tatuada en el alma. Álvaro Rodrigo Rubio es un futbolista de la selección Española de fútbol sala, en la modalidad de talla baja, que ha logrado proclamarse como el mejor equipo de Europa. Además de sus grandes dotes para la práctica de este deporte, Rodrigo también se ha alzado como un referente para el colectivo de la acondroplasia, dando visibilidad a esta comunidad y divulgando sobre esta condición para lograr ser normalizada en la sociedad. No es un proceso sencillo, como él mismo ha expuesto en diversas ocasiones, pero, con su ejemplo, se está yendo en el camino correcto.
En su carrera deportiva se ha expuesto a diversas miradas y comentarios que no siempre han resultado agradables; cuando era pequeño, también sufría cuando sus amigos y compañeros de colegio «pegaban el estirón de un verano a otro» y él se quedaba en la misma estatura. A pesar de todas estas circunstancias que han moldeado su personalidad, Álvaro Rodrigo ha sido determinante y se ha enfocado en su objetivo de ser futbolista y lograr grandes premios con la selección de su país: «No llegué aquí por suerte. Llegué porque nunca tuve techo. Porque confié en mí incluso cuando el camino parecía demasiado grande para mí«, ha indicado en una publicación en sus redes sociales.
Confianza en uno mismo
Álvaro Rodrigo ha logrado cumplir un sueño que todos los niños han imaginado alguna vez en la vida: ser campeón de Europa con la Selección Española de Fútbol. En su caso, lo ha conseguido en la modalidad de talla baja debido a la acondroplasia que presenta desde nacimiento, pero no le ha impedido ser fiel a «aquel Álvaro de dieciséis años», que «solo quería jugar y terminó demostrando que la confianza en uno mismo puede convertir destinos imposibles en historias reales». Para él mismo, como no duda en exponer, «ser campeón de Europa es bonito», pero no tiene comparación con haberle «sido fiel a ese niño» al que pusieron retos y barreras que no sabía como poder superarlos. Pero lo hizo.
Rodrigo empezó a jugar a fútbol sala sin metas, sin títulos en mente y sin poder si quiera imaginar nada de lo que vendría después: «Jugaba porque me hacía feliz y ya está», subraya Álvaro, con total naturalidad. Años más tarde, ha logrado ser campeón de Europa con España y su pueblo natal, Picassent, le ha dedicado una pintura en tamaño real con su nombre en una pared, algo que le llena de orgullo porque, a través de su ejemplo, perseverancia y determinación ha podido demostrar ser «alguien grande, aunque el mundo no entendiera todavía lo que ‘grande’ realmente significa«.
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Para Álvaro Rodrigo, «en esta vida sólo fracasa quien se rinde«, y él no es de ese tipo de personas, ni mucho menos. Ha esquivado muchos obstáculos y baches, en forma de barreras arquitectónicas, sociales y actitudinales para alcanzar metas y objetivos, pero lo entiende y lo asume como algo «normal», a lo que no le da más importancia de la que tiene: «¿Qué sería de la vida si todo se pudiese conseguir rápido, fácil y sencillo? Estaría hecha para todo el mundo«, destaca Rodrigo. En ese caso, entonces, no se llamarían «objetivos», porque cualquier persona podría lograrlo; para lograr las metas hay que superar los obstáculos de la vida «para ver si realmente estás preparado para conseguir aquello que realmente quieres«.
Nunca le han regalado nada
La acondroplasia, de acuerdo con la Fundación Magar, es una «alteración ósea de origen cromosómico, caracterizada porque todos los huesos largos están acortados simétricamente, siendo normal la longitud de la columna vertebral, lo que provoca un crecimiento disarmónico del cuerpo«. Es la forma más frecuente de enanismo. En este sentido, esa condición es la que presenta Álvaro Rodrigo, una persona de referencia en el deporte español a través del fútbol de talla baja y persona referente para el colectivo de la acondroplasia por su permanente ejercicio de visibilidad y sensibilización de esta alteración genética que afecta a un concreto grupo de la población. Rodrigo subraya que «la acondroplasia me ha hecho muy fuerte mentalmente, en mi casa nunca se me ha regalado nada».

Las personas de una «estatura normal», explica, no tienen las limitaciones de quienes presentan enanismo, por lo que «cuando se les presenta un problema, enseguida caen y dicen ‘ahora qué hago con todo esto’«, destaca Álvaro Rodrigo. Él tiene que buscar soluciones todos los días a situaciones o actividades totalmente cotidianas y normales para la mayoría de la población, pero que en su caso requieren de un quebradero de cabeza extra: «si no llego a hacer la cama, cojo un taburete y lo soluciono; no llamo a mis padres para que me ayuden». En esta vida «no me han regalado nada«, y ha aprendido que ser grande va mucho más allá de la estatura, al igual que ser pequeño.




