No son simples muñecos. Son una poderosa herramienta para visibilizar la discapacidad entre los más pequeños. Esa es la misión y el objetivo que durante años lleva persiguiendo Amy Jandrisevitis, una ex trabajadora social de el área de oncología pediátrica de Wisconsin que canaliza su talento a través de la costura para dar forma a estas ‘mini’ réplicas de los jóvenes pacientes ingresados en el centro hospitalario y que presentan algún tipo de discapacidad, con el firme propósito de hacerles ver que no son diferentes al resto de niños y que no están solos en esta realidad que les ha tocado vivir.
Este proyecto se lanzó en 2015 a través de la organización ‘A Doll Like Me‘ -Una muñeca como yo, en su traducción al castellano- que decidió lanzar la iniciativa de crear muñecas personalizadas para niñas y niños que viven con diversas discapacidades, ya sean diferencias en las extremidades, marcas de nacimiento, cicatrices o dispositivos médicos, transformando el arte en un poderoso medio de representación. De este modo, la propia artista ha confirmado que se trata de un mecanismo de transformación en la mentalidad de estos menores, pero también lo hace extensible al entorno social, creando una sociedad más justa y más inclusiva con el colectivo de la discapacidad desde edades muy precoces, inculcando estos valores a quienes serán «los adultos del futuro».
Promover la inclusión y autoestima
Desde el momento en el que se lanzó este maravilloso proyecto, su precursora, Amy Jandrisevits ya ha completado más de 500 muñecas, lo que quiere decir que ya hay más de esa cantidad de niños que se han sentido más acompañados durante un proceso complejo de aceptación sobre la discapacidad. Del mismo modo, la asociación colaboradora con esta iniciativa ha indicado que cada muñeca tarda, de media, unas cinco horas en realizarse y, una vez ya está totalmente finalizada, se entrega a las familias de estos menores, de forma totalmente gratuita, gracias a generosas donaciones de quienes deseen aportar su granito de arena.
El trabajo de esta noble artesana se ha reconocido en un espectro internacional, dejando su huella en la sociedad a través de la mejora constante de la calidad de vida y bienestar de los pacientes pediátricos que presentan algún tipo de discapacidad o necesidad especial. Igualmente, también persigue el importante hecho de promover la inclusión y fortalecer la autoestima de los niños. En este sentido, los propios profesionales de la salud estiman que estas muñecas ayudan en la sanación emocional y permiten que los niños se conecten mejor con su propia identidad desde que son pequeños y, tal vez, no han desarrollado una plena consciencia de la realidad.
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De esta manera, Amy Jandrisevits regala este tipo de muñecas a los menores con discapacidad porque «tal vez no puedan encontrar una como ellos en las tiendas de juguetes«, lamenta la madre de uno de estos pequeños. Por tanto, se deduce que puntada en estas muñecas cuenta una historia, y cada juguete» es un testimonio de la belleza de la individualidad», subraya la asociación ‘A Doll Like Me‘. A través de su arte, Amy garantiza que cada menor se pueda sentir valorado, celebrado e incluido dentro de una sociedad que, en determinadas ocasiones, es cruel ante la discapacidad.
Un espejo donde mirarse
La inclusión de las personas con discapacidad es un concepto que debería estar instalado en la sociedad de forma definitiva, casi desapercibida. Pero no es así, al menos, de momento. Este hecho es especialmente sensible en los más pequeños, que ven el mundo con la inocencia de un niño y que hace caso a sus instintos más primarios para tratar de entender qué está ocurriendo al ver a uno de similar edad, pero con otras condiciones físicas notables. Un abrazo, una pregunta incómoda o simple indiferencia son algunas de sus comportamientos. Para ello, para que estos pequeños que presentan alguna discapacidad o característica propia y diferente al resto no se sientan solos ni excluidos, las muñecas de Amy Jandrisevits son un espejo en el que pueden mirarse, cuidarse y abrazarse.

Así mismo, esta preciosa iniciativa surge mientras la propia Amy trabajaba en el área de pediatría, momento en el que se dio cuenta de que había muy poca diversidad en los muñecos con los que juegan los niños: «Incluso cuando era trabajadora social, creía que era importante tener juguetes para los niños porque todos necesitan tener algo a lo que agarrarse», señala esta artista en su cuenta de Facebook. El trabajo de Jandrisevits tiene una aceptación completa por parte de los pequeños y de sus familias, que concluyen que, efectivamente, «todos deberían tener un muñeco que se parezca a ellos«.




